El correo que sube el precio sin pedir perdón
Te llevas escrito el correo que anuncia la subida como un hecho, no como una disculpa, listo para cambiarle la fecha y el precio y enviarlo.
Ya sabes cuánto subes y ya tienes la fecha en la que empieza a contarse el precio nuevo. Lo que todavía no tienes es el texto delante del cliente.
Te sientas a escribirlo y te pasa una de dos cosas. O te sale un correo que empieza pidiendo perdón, o uno que se justifica durante tres párrafos con la luz, el alquiler y el precio de los materiales. El correo que funciona no hace ni una cosa ni la otra. Anuncia.
Las dos versiones te cuestan dinero real. La que pide perdón te trae clientes pidiendo que les mantengas el precio antiguo, aunque ya decidiste que no. La que se justifica te mete en una discusión sobre si tus costes son motivo suficiente, discusión que no vas a ganar por WhatsApp.
Las tres frases, en el orden que evita el debate
- 1Qué cambia y desde cuándo
El precio nuevo y la fecha que calculaste en la lección anterior, uno junto al otro, como un dato suelto: '32 euros desde el 1 de marzo'. Nada de 'nos vemos obligados a subir el precio'. - 2Qué sigue igual
El servicio, el tiempo de cita, los productos que usas, lo que el cliente ya conocía de ti. Esta frase es la que evita que la subida se lea como un cambio de trato entero, y no solo de número. - 3Qué pasa con lo que ya tiene reservado o comprado
Si alguien tiene cita cerrada o un bono comprado antes de esa fecha, dilo aquí. Es la pregunta que se hace todo el que lee el correo, y si no la contestas tú, te la hacen por WhatsApp al minuto siguiente.
Tres frases y nada más. Si añades una cuarta para explicar el motivo de la subida, has convertido un aviso en un debate, y el debate lo vas a perder aunque tengas razón.
El mismo canal donde ya hablas con ellos
Si con esta clienta hablas casi siempre por WhatsApp, manda el aviso por WhatsApp, con las mismas tres frases, no por correo porque suene más formal. El canal formal no es el que más pesa: pesa que sea el canal donde de verdad te lee. Si en cambio llevas una lista de correo para avisos y promociones, ese es el sitio.
Lo que no cambia es la estructura, ni el asunto si usas correo: pon la fecha en el asunto, 'Cambio de precio a partir del 1 de marzo', y quien solo mire la bandeja de entrada por encima ya se entera de lo importante sin abrir nada.
El aviso no pide perdón
- 'Sentimos comunicarte que...' suena a que hay algo que lamentar.
- Invita a preguntar el motivo, y de ahí a negociarlo.
- 'A partir del 1 de marzo...' es un dato, como el horario o la dirección.
- No pide permiso ni perdón: cambias una condición, igual que cambiarías el horario de un jueves.
Cual elijo: Elige la B siempre que puedas. Solo si la subida es grande y de golpe, añade una frase de contexto sin disculparte, del tipo 'con el cambio de local, la cita dura quince minutos más'. Nunca 'lo sentimos' ni 'con la subida de los costes': eso ya es una excusa, no un contexto. Compara: nadie firma una carta que sube el alquiler empezando por pedir perdón; la carta dice la fecha y la cifra.
Si a los de siempre les dejaste el precio de siempre
En la lección sobre quién paga el precio de siempre y quién paga el nuevo decidiste si tus clientes habituales se quedan con su precio o suben también, y le pusiste fecha de fin a esa excepción. Si la respuesta fue que sí se quedan, el correo lleva una frase más: hasta cuándo dura y qué hace que acabe.
Sin esa condición escrita, el precio de siempre se convierte en un precio nuevo con otro nombre, y dentro de un año vas a tener que decidir otra vez lo mismo, con el mismo cliente. Y si un mes deja de reservar, ese mes pierde el precio de siempre: no hace falta que se lo repitas cada vez, ya quedó dicho una vez, en este mismo correo.
Si en cambio decidiste que la subida es igual para todos, no añadas nada: el correo con el dato y la fecha vale tal cual para cualquiera que lo reciba, sin frase de más.
El error que más cuesta: explicarte de más
El correo, tal cual
Fíjate en lo que no está: no hay saludo largo, no hay motivo, no hay 'espero que lo entiendas'. El asunto ya avisa del contenido, así que quien lo abre por encima también se entera. Cambia el nombre, la fecha y los dos precios, y el mismo texto sirve para las cincuenta personas de tu lista, a las que ya decidiste en la lección anterior si les toca precio de siempre o precio nuevo.
El correo ya está escrito. Lo que queda es lo que contestas cuando alguien, al leerlo, te dice que se va por el precio, y de eso trata la última lección del curso.
- El correo con tres frases: qué cambia y desde cuándo, qué sigue igual, qué pasa con lo ya reservado
- La frase que empieza con el dato, no con la disculpa ni con el motivo
- Si mantienes el precio de siempre a quien ya te compra, la condición y su fecha de fin escritas en el mismo correo
- El texto entero, listo para cambiarle el nombre, la fecha y el precio de hoy mismo
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Escribes el aviso y te sale: 'Sentimos comunicarte que, debido al aumento de costes, nos vemos obligados a subir el precio'. ¿Qué cambias primero?
El principio. Lo reescribes empezando por el dato, la fecha y el precio nuevo, y quitas 'sentimos' y el motivo. Explicar el motivo invita a que te lo discutan; disculparte invita a que te pidan quedarte como estabas. El orden de la frase decide si lo que sigue es un aviso o una negociación.
2. Tienes clientas con el precio de siempre mientras sigan reservando cada mes, y clientas nuevas que ya entran con el precio nuevo. ¿Les mandas a las dos el mismo correo?
El mismo cuerpo, no el mismo correo. A quien mantiene el precio de siempre le añades la frase con la condición y la fecha en que deja de aplicarse; al resto, el correo con el dato y la fecha les vale tal cual, sin esa frase de más.
3. Un cliente te escribe antes de que llegue la fecha preguntando por qué subes. ¿Le mandas ahora la lista de costes que decidiste no poner en el correo?
No. Le repites el mismo dato que ya tiene: precio nuevo, fecha, y que lo que reservó antes se paga al precio de siempre. Meter ahí los motivos abre exactamente el debate que el correo estaba escrito para evitar.
El correo está mandado. Lo que viene ahora es el mensaje que sí te va a doler responder: el del cliente que amenaza con irse.