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El título que pesa y el que sobra
Después de esta lección sabes qué título, curso o mención poner en tu ficha, cuál dejar fuera aunque sea cierto, y la frase exacta que lo comunica sin inflar nada.
Ya sabes qué años y qué títulos pesan de verdad. Queda decidir si además de palabras hace falta una cara. Tienes un título de hace diez años, un curso corto que hiciste el año pasado y una mención en el periódico del barrio. Vas a escribir la parte de tu web donde dices quién eres, y no sabes cuál de los tres cuenta.
La mayoría resuelve esta duda de dos formas, y las dos son malas. Una es no poner nada, por si suena a presumir. La otra es ponerlo todo, del título oficial al cursillo de un sábado, y la ficha acaba pareciendo un currículum pegado sin criterio.
Ninguna de las dos ayuda a quien te lee. No necesita tu historial completo: necesita saber si tú, en concreto, sabes hacer lo que él quiere que le hagas. Un título pesa cuando contesta esa pregunta. El resto sobra, por oficial que sea el papel que lo respalda.
Lo que pesa y lo que sobra
El criterio no es si el título suena bien. Es si contesta la pregunta que se hace quien te está mirando en ese momento. Alguien que busca quien le quite un dolor de espalda de tres meses no necesita saber que estudiaste hostelería antes de reconvertirte a fisioterapeuta. Necesita saber que sabes de columna, si es eso lo que le duele, o de suelo pélvico, si es eso.
Hay una segunda condición, y es la que casi nadie cumple: que se pueda comprobar. Un título que nadie puede verificar no suma confianza, la resta en cuanto alguien mira con lupa. Y cada vez más gente mira con lupa antes de pagar por adelantado, que es justo lo que le pides cuando cobras una seña.
La fila que más se salta la gente es la del medio, la del curso corto. Es la que más pesa cuando está bien elegida, porque es la única que habla de la técnica exacta que vas a cobrar, no del oficio en general. Y es la que más sobra cuando se elige mal: un curso de veinte horas sobre algo que ni siquiera ofreces todavía, metido ahí solo para que la lista se vea más larga.
El título oficial va casi siempre, aunque sea en una línea. No hace falta explicarlo largo: basta el nombre y el colegio o la escuela, como ya viste en La cara que sujeta la confianza al poner nombre y cara a quien atiende. Lo que cambia con la formación es que aquí no vale con nombrar. Hay que poder defenderlo si alguien pregunta.
El error que cuesta caro
Detrás del error hay un mecanismo sencillo. Cuando el título es concreto y está ligado a lo que compras, apaga una duda concreta. Cuando es genérico, no apaga nada, y encima deja la sensación de que estás rellenando espacio.
un título solo calma la pregunta que responde; si no responde a la suya, es ruido de fondo
Cómo se escribe
La fórmula que funciona no es un párrafo, es una línea. Nombre, título o especialidad, y entre paréntesis de dónde sale, por si alguien quiere comprobarlo. Nada de adjetivos: 'apasionada', 'experta' o 'referente' no dicen nada que un título concreto no diga mejor. Y si el título no existe, se pone lo que sí existe: el tiempo de oficio, tal como viste en Los años que cuentan, no los que cumples.
Con esto decidido, ya tienes claro qué línea de formación entra en tu ficha y cuál se queda fuera aunque la tengas colgada en la pared. Falta un paso, y es dónde exactamente vive esa línea dentro de tu web: eso es lo siguiente.
- Tienes el criterio: el título entra si está ligado a lo que vendes y si se puede comprobar
- Sabes qué credenciales dejar fuera aunque sean ciertas, porque no contestan la pregunta del cliente
- Has descartado cualquier título vencido o de una escuela que ya no existe
- Tienes la frase exacta que va bajo tu nombre, con la fuente entre paréntesis
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Llevas doce años cortando pelo sin ningún título, aprendiste en la peluquería de tu tía. ¿Qué pones en formación?
Nada inventado. Pones el tiempo de oficio, como en la lección de los años que cuentan: cuánto llevas y qué has hecho. Un título falso se cae a la primera pregunta; doce años de oficio no se caen nunca.
2. Hiciste un curso de dos días sobre uñas de gel hace tres años, y ahora ofreces manicura semipermanente, una técnica distinta. ¿Lo pones?
No. No está ligado a lo que vendes ahora, así que no contesta la duda de quien va a pagar por semipermanente. Pondrías uno si tuvieras formación en esa técnica; el de gel solo hace bulto.
3. Te dieron un premio local hace cinco años, pero el sitio que lo entregaba ya no existe y no hay forma de buscarlo online.
Se queda fuera. Si no se puede comprobar no suma, y el día que alguien intente buscarlo y no lo encuentre, resta más de lo que sumó nunca.