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Hasta dónde llega tu reparto, y qué hay después de esa línea

Al terminar, sabes hasta dónde reparte tu negocio, quién lleva cada tramo, y qué le dices al cliente que queda fuera del mapa.

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Te llega un pedido desde el otro lado de la ciudad, a veinte o treinta minutos en coche. Si dices que sí, se te va media mañana en el trayecto. Si dices que no, pierdes una venta que ya tenías cerrada.

Ya sabes que un envío plano te sale caro en un lado o en otro: eso ya lo viste en la lección anterior. Lo que falta es más básico. Hasta dónde llegas tú, hasta dónde llega un mensajero, y a partir de qué punto la respuesta es que ahí no se reparte, o el cliente viene a por ello. Esa línea no se traza con el pedido ya en la mano, cuando el cliente está esperando respuesta y cada minuto cuenta. Se traza una vez, con el mapa delante, tranquilo, y se queda escrita en tu web para que ni tú lo dudes ni el cliente pregunte.

Tres franjas, no una frontera

La pregunta de hasta dónde repartes suena a una sola raya en el mapa: dentro sí, fuera no. Pero un negocio que reparte bien no traza una frontera. Traza tres franjas concéntricas, y cada una responde distinto.

La primera es la zona que cubres tú, o alguien de tu equipo, sin que suponga un viaje aparte: de camino a otra entrega, en un hueco muerto de la mañana, o porque cae de paso a casa. Piensa en la panadería que reparte los pedidos de la calle de al lado sin coger el coche, o en la peluquería que lleva el tinte a domicilio a la señora que vive dos manzanas más allá, entre cita y cita.

La segunda es la zona donde ya no te compensa ir tú, pero un mensajero lo resuelve en un trayecto: el otro lado de la ciudad, el polígono, el barrio al que tardarías cuarenta minutos en ir y volver. La tercera es lo que queda fuera de las dos anteriores. Ahí no reparte nadie, ni tú ni el mensajero. El cliente recoge, o no compra.

Estas tres franjas no salen de una intuición ni de mirar el mapa por encima. Salen de medir, con datos de tu propia semana, no con lo que crees que tarda.

Traza tus tres franjas
  1. 1Marca el radio que cubres tú
    Coge cinco o seis pedidos normales de la semana y cronometra el trayecto real, no el que imaginas de memoria. Si entregarlo te cuesta menos de quince minutos de más sobre una ruta que ya ibas a hacer, esa distancia es tu primera franja: reparto propio, barato o gratis. Si la mayoría de tus pedidos caen dentro de ese radio, tu negocio es de reparto propio por defecto, y el resto son la excepción.
  2. 2Marca el radio del mensajero
    A partir de ahí, pregunta a una mensajería local o a una app de reparto cuánto cobra por un trayecto tipo dentro de tu ciudad. No hace falta cerrar un contrato todavía, basta con una tarifa orientativa para dos o tres distancias distintas. Esa tarifa, repercutida al cliente, define tu segunda franja: se reparte, pero con un coste que no pagas tú de tu bolsillo.
  3. 3Marca dónde se acaba, sin miedo
    El resto se decide, y se decide sin miedo: fuera de esas dos franjas, el pedido se recoge donde tú digas, o no se vende ahí. Decirlo claro evita el pedido a medias que después no sabes cómo resolver, el que aceptas a las diez de la noche por WhatsApp y a las nueve de la mañana siguiente todavía no sabes quién lo lleva.

Quién cubre cada franja

Cada franja tiene un dueño distinto: tú, un mensajero, o nadie
FranjaQuién reparteCoste para tiQué ve el cliente
La tuya, la cercanaTú o tu equipo, de caminoNinguno, o casiEntrega el mismo día, sin cargo
La del mensajero, la mediaUna mensajería local o una app de repartoUna tarifa por trayecto que repercutesEnvío con recargo según la distancia
Fuera del mapaNadieNinguno, porque no hay repartoRecogida en el local, o no hay venta
Reparto propio o mensajería, en tu franja del medio
Lo llevas tú
  • Controlas la hora exacta de entrega
  • No hay coste extra que trasladar al cliente
  • Cada entrega te quita tiempo de negocio
Lo lleva un mensajero
  • Pagas una tarifa por trayecto que repercutes
  • Tu tiempo queda libre para atender o producir
  • Pierdes el control sobre la hora exacta

Cual elijo: Si tu día tiene huecos muertos entre citas o entregas, llévalo tú mientras el volumen sea bajo. En cuanto repartir te ocupe más de una hora al día, pásalo a mensajería aunque el margen baje: el tiempo que recuperas vale más que esos euros. Y si un mes tienes diez pedidos en esa franja y al siguiente treinta, no hace falta elegir una sola vía para siempre: se puede llevar uno mismo hasta cierto volumen y pasar el resto a mensajería en cuanto se dispara.

Qué pasa si cedes una vez

Aquí es donde la mayoría se relaja. Ya tienes las tres franjas trazadas, el mensajero acordado, la frase lista en la web. Y entonces llega un pedido desde fuera del mapa, de un cliente que insiste, o que simplemente no se ha fijado en la zona antes de pagar. Es tentador decir que sí, esta vez, para no perder la venta ni quedar mal.

El pedido que aceptas por quedar bien
El error caro no es decir que no llegas a una zona. Es decir que sí, por esta vez, a un pedido fuera de tus franjas, sin cobrar el extra que le tocaba. Ese cliente vuelve la semana siguiente, pide lo mismo, y ahora decirle que no parece un cambio de trato, casi una grosería, cuando la semana pasada sí se pudo. Si vas a hacer una excepción, que sea con el recargo puesto encima de la mesa, nunca gratis. Una excepción cobrada es un favor. Una excepción gratis es una norma nueva que tú mismo has creado sin darte cuenta.

Cómo se dice en la web

La frase que pones en la ficha de envíos, o en el pie de la web, tiene que resolver esto sin que el cliente tenga que escribirte para preguntar. En el panel, en la pantalla de Envíos, defines el radio de cada franja en kilómetros y escribes el texto que el cliente ve debajo del carrito antes de pagar, no después. Si vendes varias categorías de producto, esa misma pantalla te deja poner franjas distintas para cada una, porque no reparte igual quien lleva flores frescas que quien lleva velas.

El texto que va en tu web
Reparto gratis en un radio de 5 km. De 5 a 15 km, entrega con mensajería, con recargo según distancia. Fuera de esa zona, recogida en el local.
Lo que te llevas
  • Las tres franjas de tu reparto están trazadas: dónde llevas tú, dónde lleva un mensajero, y dónde no llega el reparto.
  • Sabes quién cubre la franja intermedia, y a partir de qué volumen cambias de reparto propio a mensajería.
  • Tienes la frase exacta para tu web, sin que cada pedido fuera de zona sea una decisión nueva cada vez.
  • En la próxima lección: el número exacto que cobras en cada franja.

Casos para decidir

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Un cliente a 8 km te pide que le lleves tú mismo el pedido para ahorrarse el recargo del mensajero.

Se le explica que esa franja va con mensajería porque ya no compensa que vayas tú; si cedes sin cobrar el recargo, el siguiente pedido a esa distancia espera lo mismo gratis, y el que va detrás también.

2. Llevas dos semanas repartiendo tú mismo en la franja media porque el mensajero local cobra más de lo que esperabas, y ahora el reparto te ocupa hora y media al día.

Se pasa a mensajería aunque baje el margen: el tiempo que se libera vale más que la diferencia de coste, y ese tiempo se recupera para atender o producir, que es lo que de verdad hace crecer el negocio.

3. Un cliente fuera de las tres franjas insiste porque es la segunda vez que compra y la primera se le hizo una excepción.

Se mantiene la regla, o se hace la excepción con el recargo puesto; nunca gratis, porque la próxima vez pedirá lo mismo sin pagar de más, y la vez después también.

La regla ya está fija, con o sin recargo. Lo que no tienes todavía es el número exacto: cuánto cobras en cada zona, la cifra que decide si el cliente termina de pagar o cierra la pestaña en el último paso.

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