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La cuenta que haces antes de pagar un solo clic
Decidir con tus propios números si pagar por salir arriba en Google te compensa ahora, antes de gastar el primer euro.
Ves el anuncio de la peluquería de dos calles más allá, encima de los resultados normales de Google, y te preguntas si te compensa pagar tú también.
La pregunta no se responde mirando lo que cobra Google. Se responde mirando dos números tuyos, aunque no los hayas escrito nunca en ningún sitio: cuánto beneficio te deja un cliente y cuántos clics hacen falta para conseguir uno.
Si esa cuenta no sale, pagar no arregla nada, solo hace más rápido el agujero. Si sale con margen de sobra, pagar es la forma más rápida de comprobarlo.
Lo que cuesta un clic no es la pregunta importante
Cuando pagas en Google, pagas por cada clic, no por cada venta. Ese precio por clic —lo llaman coste por clic— puede ir de unos pocos céntimos a varios euros según lo disputado que esté tu oficio en tu barrio.
Pero el clic no es el cliente. De cien personas que entran en tu web después de pinchar en el anuncio, casi todas miran y se van. En una tienda con compra rápida e impulsiva, quizá tres o cuatro de esas cien acaban comprando. En un servicio con cita, como una peluquería o un fisio, puede que sean ocho o diez. En una compra grande que se piensa varios días, como una reforma o un abogado, a veces es solo una de cada cien.
Esa proporción es la que decide si el clic barato te sale caro o el clic caro te sale barato.
La cuenta en tres números
Necesitas tres cifras tuyas, no de nadie más. Primera: cuánto beneficio te deja un cliente medio, no lo que paga, sino lo que te queda después de tus costes. Segunda: de cada cuántos clics sale una venta, aunque sea un cálculo aproximado a partir de lo que ya sabes de tu negocio. Tercera: cuánto cuesta cada clic en tu oficio y tu zona, algo que puedes ver en el propio gestor de anuncios antes de activar nada.
Multiplica el coste del clic por los clics que hacen falta para una venta: ese número es lo que te cuesta conseguir un cliente pagando. Si queda por debajo del beneficio que te deja ese cliente, con margen de sobra, la cuenta sale. Si se le acerca o lo supera, no sale, y subir el presupuesto no lo arregla: solo pierdes más rápido.
- El coste de conseguir un cliente pagando queda claramente por debajo del beneficio que te deja, no pegado al límite.
- Tu página ya convierte algo de gente que llega sin pagar: sabes que el sitio funciona y solo falta que llegue más gente.
- Necesitas clientes ya, no dentro de medio año, y el margen aguanta el experimento.
- El beneficio por cliente es tan ajustado que un clic algo caro se come toda la ganancia.
- Nadie reserva ni compra todavía desde tu página, ni siquiera la gente que llega gratis: el problema no es que no te vean, es la página.
- Nunca has medido cuántos clics hacen falta para una venta: pagar sin ese dato es apostar a ciegas.
Cual elijo: Si el margen aguanta con holgura y la página ya demuestra que convierte a quien llega gratis, paga y mide. Si el margen es ajustado o la página nunca ha vendido a nadie sin pagar, arregla eso primero: pagar solo hará que la pérdida llegue antes.
- Tienes tus tres números propios: beneficio por cliente, clics que hacen falta por venta, coste del clic en tu zona.
- Sabes si tu negocio aguanta pagar por clics ahora o si antes hay que arreglar el margen o la página.
- Lo siguiente: el presupuesto que aguanta la prueba antes de juzgar si funciona.