Nuevo en la biblioteca: Una reserva, dos cosas que tienen que estar libres a la vez. Leer el artículo
yodai Academia Crear la web

Academia Construir Crear la web

La lectura en voz alta antes de publicar

Al terminar, toda la web ha pasado por la lectura en voz alta y solo queda lo que dirías de verdad a un cliente delante.

5 min de lectura

Ya tienes el titular, la ficha de cada servicio y la frase con la que pides la reserva. Están escritos, revisados, puede que hasta te gusten. Y aun así, antes de darle a publicar, algo te frena: ¿sonará bien cuando lo lea un desconocido, o solo suena bien porque lo has escrito tú y ya sabes lo que querías decir?

Hay una forma de saberlo que no depende de la opinión de nadie más: leerlo en voz alta, tal cual está escrito, de arriba a abajo, sin saltarte ni el pie de página.

Por qué la voz alta y no la vista

Cuando lees para ti, en silencio, el cerebro rellena huecos. Une frases que en realidad no encajan del todo, perdona una palabra rara porque ya sabe adónde va la idea. Cuando lees en voz alta tienes que pronunciar cada palabra, una detrás de otra, al ritmo real del habla. Ahí es donde se traba la lengua con las frases que nadie diría así en persona.

Es la misma prueba que usarías si alguien te preguntara el precio de tu servicio cara a cara. No le sueltas un párrafo con tres subordinadas encadenadas; le dices una frase corta y clara, con sujeto y verbo. Si el texto de tu web no suena como esa respuesta, algo sobra.

Por eso la lectura silenciosa engaña: aprueba textos que la boca rechaza. Solo lo segundo es fiable, porque es lo mismo que va a pasar cuando un cliente entre en la web y lea.

Cómo hacer la lectura antes de publicar
  1. 1Léelo entero, sin parar a corregir
    Pasa por toda la web en voz alta de un tirón: titular, cada ficha, cada botón, el pie de página. No toques nada todavía; solo marca, con un lápiz o en la cabeza, dónde se te traba la lengua o dónde te da un poco de vergüenza decirlo así.
  2. 2Vuelve a cada frase marcada e imagina al cliente delante
    Piensa en la persona sentada enfrente, preguntando qué haces o cuánto cuesta. Si tu respuesta real sería distinta a lo que pone en la pantalla, reescribe la frase con las palabras exactas que usarías con ella.
  3. 3Léelo otra vez, ahora rápido
    Haz una segunda pasada más deprisa, como si fueras alguien que entra con prisa y lee por encima buscando el precio y el horario. Lo que no se entiende a esa velocidad se acorta o se borra directamente.
  4. 4Léeselo en voz alta a otra persona
    Si puedes, léeselo a alguien que no haya visto el texto antes. Donde se ría, se extrañe o pregunte qué quiere decir eso, ahí hay una frase que sobra, aunque a ti te pareciera clara.

Lo que se cae siempre en esta lectura

Hay frases que superan la lectura en silencio sin problema y nunca superan la lectura en voz alta. Son casi siempre las mismas: soluciones a medida, comprometidos con la calidad, no dude en contactarnos, trabajamos con pasión por lo que hacemos. Nadie las dice hablando con un cliente. Se escriben porque suenan a web, no porque cuenten algo.

El truco no es memorizar una lista negra de palabras prohibidas, que además cambia con la moda. Es notar que, en voz alta, esas frases no tienen un sujeto real haciendo algo concreto. No dicen quién hace qué, ni cuándo, ni cómo. Cuando las pronuncias, la boca nota que está rellenando espacio, no contando un hecho.

Lo mismo pasa con las frases que prometen sin decir nada verificable, del tipo la mejor calidad al mejor precio. En voz alta suenan a lo que son: un relleno que cualquier negocio de la competencia podría copiar y pegar en su web sin cambiar una coma.

Antes y después de la lectura en voz alta
Antes: «Ofrecemos soluciones personalizadas de fisioterapia adaptadas a las necesidades de cada paciente, con un enfoque integral y profesional». Después de leerlo en voz alta y decirlo como se lo dirías a alguien: «Te reviso la lesión en la primera cita y te digo cuántas sesiones necesitas, sin alargarlo más de la cuenta».
Corregir sin volver a leer en voz alta
El error caro es este: se corrige la frase en la pantalla, se relee en silencio, parece bien, y se publica así. Pero la corrección se ha hecho con los ojos, no con la boca, así que puede seguir sonando a folleto sin que lo notes. Cada frase que toques hay que volver a decirla en voz alta antes de darla por buena, aunque solo hayas cambiado dos palabras. Un cambio a medias suele dejar la frase peor que la original: ni suena a lo de antes ni suena a lo que dirías tú.

Haz esta lectura con toda la web, no solo con el titular: cada ficha de producto o servicio, y sobre todo el texto que rodea al botón de reservar o comprar, que es donde más se cuela el lenguaje de folleto porque ahí es donde más crees que tienes que «vender».

Ya tienes el criterio que fuiste usando en las lecciones anteriores para escribir cada frase, desde el titular hasta el verbo de la llamada a la acción. Esta lectura en voz alta es la última comprobación, la que hace de filtro final antes de publicar: si algo suena raro al decirlo, no lo arregla ninguna regla, lo arregla tu propia voz.

Cuando termines esta pasada, tu web se queda solo con los textos que dirías de verdad si el cliente estuviera delante. Eso, y no otra cosa, es lo que se publica.

Lo que te llevas
  • Toda la web leída en voz alta de un tirón, marcando dónde se traba la lengua
  • Cada frase marcada, reescrita con las palabras que usarías con el cliente delante
  • Una segunda lectura rápida para cortar lo que no se entiende al vuelo
  • Una lectura a otra persona para detectar lo que a ti ya no te chirría
  • Los textos de la web listos para publicar, sin nada que suene a folleto
SiguienteLa letra bonita que también tarda en llegar