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No cierres el gmail el mismo día: apágalo poco a poco
Sabrás si reenviar o revisar a mano el gmail antiguo, cuánto tiempo mantenerlo vivo y qué aviso dejar puesto antes de cerrarlo de verdad.
Ya escribes a tus clientes desde tu propio dominio. Pero el gmail de toda la vida sigue ahí, y todavía le llega correo: un cliente que te guardó hace tres años, una factura vieja con esa dirección, alguien que reservó contigo antes del cambio y no se ha enterado de nada. Dejar de usarlo ya lo decidiste. Lo que falta por decidir es qué haces con la cuenta en sí: si la cierras ya, si la dejas reenviando todo para siempre, o si la revisas de vez en cuando. Y sobre todo, durante cuánto tiempo.
Cerrarla el mismo día que estrenas dominio es el error más común, y el más caro. Un correo que llega a una dirección cerrada no rebota con un aviso amable: para quien lo manda, simplemente nunca contestaste. Pierdes la cita, el encargo o el cliente sin enterarte siquiera de que existió.
Reenviar o revisar a mano: la única decisión que importa al principio
No hace falta que vivas pendiente de dos bandejas. Hay dos formas de cubrirte mientras el aviso del cambio llega a todo el mundo, y se elige según cuánto dependes de lo que llega ahí.
- Todo lo que llega al gmail aparece también en tu bandeja nueva, sin abrir dos cuentas cada día.
- No se te escapa nada, ni siquiera lo que llega mezclado con spam.
- Entras al gmail cuando te acuerdas, dos minutos, y contestas solo lo que merece la pena.
- Te obliga a mirar quién sigue escribiendo ahí, y eso es lo que te dice cuándo ya puedes cerrarlo.
Cual elijo: Si tu negocio vive de citas o encargos, reenvía: no puedes permitirte perder un cliente por no mirar una segunda bandeja. Si es un negocio tranquilo y el gmail solo recibe ruido suelto, revisa a mano una vez por semana y te ahorras la complicación de configurar el reenvío.
Cuánto tiempo lo mantienes con vida
La cuenta antigua no se vacía de golpe, se va vaciando. Al principio le sigue llegando casi lo mismo que antes, porque la gente escribe a la última dirección que tenía guardada, no a la que tú prefieres ahora. Con los meses, el correo que aún cae ahí es cada vez menos, y cada vez más de gente que llevaba mucho sin escribirte.
El dato que importa no es el mes en el calendario, es el número: cuando llevas dos o tres meses seguidos sin recibir nada que no sea spam, ya puedes cerrar. Antes de eso, cerrar es apostar a que nadie importante te va a escribir ahí, y es una apuesta que no necesitas hacer.
El aviso que dejas puesto mientras tanto
- Decidido si reenvías el gmail antiguo a la cuenta nueva o lo revisas tú a mano una vez por semana.
- Puesta la respuesta automática que avisa del cambio de dirección en cuanto se ha escrito ahí.
- Fijado el criterio para cerrar de verdad: cuando lleves dos o tres meses sin recibir nada que no sea spam, no antes por calendario.