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Repasa lo que dice cada rincón de tu web

Sales de aquí con cada frase de tu web decidida: la que se queda, la que se corta y la que faltaba.

Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 13 de octubre de 2026

7 min de lectura

Tu web ya está publicada. Probablemente ya la has mirado dos veces: al terminarla y al enseñársela a alguien de casa. Ninguna de esas dos veces cuenta, porque la miraste sabiendo de memoria lo que querías decir. Viste lo que tenías en la cabeza, no lo que hay escrito de verdad en la pantalla.

Hoy la abres distinto: como si no supieras nada del negocio. Frase por frase, rincón por rincón, decidiendo qué se queda, qué se corta y qué faltaba. No hace falta tocar el diseño ni escribir de cero. Hace falta leer con desconfianza lo que ya está puesto, porque una web puede verse bien y aun así callarse el dato que el cliente necesitaba para decidir, o repetir un precio que ya no es el que cobras.

Todavía no es el día de enseñársela a nadie; ese llega más adelante en este curso. La guía de Google para crear contenido útil y fiable recomienda dos miradas: la tuya, con sus preguntas para evaluar el contenido, y además la de personas de confianza que no estén vinculadas con tu sitio. Hoy el único lector eres tú, fingiendo ser un desconocido que aterriza en tu web buscando algo concreto y con prisa.

Rincón por rincón

Los cinco rincones que revisas hoy
  1. 1El titular de arriba
    Tápate el resto de la pantalla y lee solo la primera frase, la que ocupa más letra arriba de todo. ¿Dice qué haces y para quién, o vale para cualquier negocio del sector? «Cortamos y peinamos en el centro» dice más que «Tu peluquería de confianza», porque la segunda la podría firmar cualquier otra peluquería sin cambiar una coma. Si tu titular no menciona ni el oficio ni el sitio donde trabajas, corrígelo ahora mismo con el botón del lápiz que tienes encima de la vista de tu web; no lo dejes anotado para otro día, porque, como recuerda Nielsen Norman Group, el titular suele ser lo primero que la gente lee y muchas veces lo único.
  2. 2Quién eres
    El párrafo de «sobre mí» o «sobre nosotros» solo sirve si cuenta algo que el cliente necesita para fiarse: cuánto tiempo llevas en el oficio, en qué zona trabajas, qué herramienta, marca o certificado usas. «Nos apasiona ofrecer calidad» no cuenta nada de eso, aunque suene bien en voz alta; táchalo aunque quede un hueco en blanco un rato, porque ese hueco lo vas a rellenar en el mismo paso con un dato real, no con otra frase bonita.
  3. 3Qué haces y qué no
    Ya decidiste en algún momento qué servicio va primero en la lista y cuál te callas del todo, porque no todos pagan igual ni te interesa el mismo tipo de cliente. Comprueba que esa decisión sigue en la pantalla tal cual la tomaste: que el servicio que más te paga sigue arriba, que no se ha colado uno que ya no ofreces, y que ninguno se quedó a medio escribir con una frase cortada.
  4. 4El precio o el presupuesto
    Si pones precio, que sea el mismo número en la sección de servicios y en la de contacto; un precio que cambia de una pantalla a otra parece un error aunque sea el mismo servicio con matices distintos. Si el precio depende del caso porque cada trabajo es distinto, que la web lo diga en vez de callarse: cómo lo calculas (por hora, por metro, por visita) y una frase como «presupuesto en 24 horas». Lo de explicar cómo lo calculas no es solo un consejo si trabajas para particulares: el artículo 20 de la ley de consumidores pide, cuando el precio de una oferta no puede fijarse con exactitud, informar de la base de cálculo que permita comprobarlo. Un silencio en el precio no se lee como discreción: se lee como que hay algo que prefieres no enseñar todavía.
  5. 5Cómo te encuentran y hasta dónde llegas
    Si repartes o te desplazas y ya tienes escrita la zona hasta donde llegas, tiene que aparecer con las mismas palabras en el pie de página y en el bloque de contacto, no solo en la sección donde la escribiste primero. Si en un sitio pone «toda la comarca» y en el otro solo el nombre de tu pueblo, el cliente que vive en el pueblo de al lado se cree la versión corta y no te escribe, aunque la versión larga fuera la verdadera.

¿Se queda o se corta?

Qué distingue la frase que sirve de la que sobra
La frase que se queda
  • Da un dato: un horario, un precio, un plazo, un material concreto.
  • Usa la palabra que usaría el cliente al buscar, no la que usarías tú en una reunión con un proveedor.
  • Responde a una duda real: «¿llegáis a mi barrio?», «¿cuánto tarda?», «¿lo tenéis en stock?»
  • Se podría poner en un cartel a la entrada del negocio sin que sonara raro.
La frase que se corta
  • Es un adjetivo sin dato detrás: calidad, confianza, excelencia, compromiso.
  • Repite con otras palabras lo que ya dice el titular dos líneas más arriba.

Cuál elijo: Tápala mentalmente y sigue leyendo: si la página dice exactamente lo mismo sin ella, se corta sin miramientos. Si al taparla desaparece un dato que el cliente necesitaba para decidir, se queda aunque ocupe dos líneas y rompa el ritmo del párrafo; un dato feo que responde una duda vale más que una frase elegante que no dice nada.

Antes y después de un párrafo de «sobre nosotros»
Antes: «Somos una empresa joven y dinámica, comprometida con la excelencia y la satisfacción del cliente en cada proyecto.» Después: «Llevamos ocho años arreglando calderas en la ciudad y los pueblos de alrededor; el aviso de urgencia se atiende antes de las dos horas.» El primero podría firmarlo cualquier empresa de cualquier sector. El segundo dice el oficio, la zona y un plazo, que son justo los tres datos que hacían falta para decidir si escribir o seguir buscando.
Dos fichas, dos verdades distintas
El error caro es tener el mismo dato escrito dos veces con valores distintos: un teléfono en el pie de página y otro distinto en la ficha de contacto, un horario de nueve a ocho en la sección de servicios y de nueve a seis en la de contacto, o una zona de reparto que en un sitio llega hasta 15 kilómetros y en otro se queda en 10. El cliente no piensa «error de escritura»; piensa «esto no lo tienen controlado» y cierra la pestaña sin escribir, porque una contradicción pequeña en el dato le hace dudar de todo lo demás que la web dice. Se evita leyendo la web entera de un tirón, de arriba abajo y sin saltarte ninguna sección, con el botón del lápiz a mano para corregir en el sitio en cuanto encuentres la contradicción, en vez de leer una sección hoy y otra dentro de tres días con la memoria ya borrosa.

Con esto, cada rincón de tu web dice lo mismo en todas partes: el mismo precio, el mismo teléfono, la misma zona. No es un detalle menor: las pautas de credibilidad web de Stanford, basadas en tres años de investigación con más de 4.500 personas, piden evitar los errores de todo tipo, por pequeños que parezcan, porque hasta una errata o un enlace roto restan credibilidad más de lo que la mayoría imagina. Más adelante en este curso, esas mismas secciones se ordenan para que el cliente llegue leyendo hasta el botón.

Lo que te llevas
  • Cada sección de la web leída como la leería un desconocido, no como la escribiste tú.
  • Un titular concreto, con el oficio y el sitio, no uno que valdría para cualquier negocio del sector.
  • El mismo precio, teléfono y zona repetidos sin contradecirse en toda la web.
  • Los párrafos de relleno tachados y sustituidos por un dato real, aunque sea uno solo.
  • Corregido ya con el botón del lápiz lo que faltaba por escribir, no solo anotado para luego.

Ponte a prueba

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Tu titular dice «Calidad y confianza desde 1998». Un cliente que buscó en el móvil «electricista urgente» con el nombre de su ciudad acaba de entrar en tu web.

Se cambia el titular. «Calidad y confianza» no dice el oficio ni el sitio, así que no conecta con lo que ese cliente acaba de escribir en el buscador. La guía de SEO para principiantes de Google pide justo eso: pensar en las palabras que los usuarios pueden utilizar para encontrar tu contenido. Se sustituye por algo como «Electricista urgente en tu ciudad, aviso en el día», que sí responde a la búsqueda que lo trajo.

2. En la sección de servicios el corte de pelo cuesta 12 euros. En la ficha de contacto, en la línea de «primera visita», pone 15 euros. Nadie ha subido el precio, es un descuido al escribir.

Se corrige antes de nada más, aunque el resto de la web esté perfecto. Un precio distinto en dos sitios no se lee como un descuido: se lee como que el negocio no controla lo que cobra, y eso basta para que el cliente escriba a otro. Además, el artículo 10 de la LSSI pide que, cuando una web habla de precios, dé información clara y exacta e indique si incluyen o no los impuestos: aprovecha para comprobar que eso también está escrito.

3. El párrafo de «sobre nosotros» lleva un año sin tocarse y dice «nos apasiona la excelencia en cada proyecto». Da pereza borrarlo porque dejaría un hueco vacío en la página.

Se corta igual, hueco vacío o no. Un adjetivo sin dato no ayuda al cliente a decidir; es mejor un hueco corto con una frase real después (cuántos años, en qué zona, con qué certificado) que un párrafo largo que no dice nada. Y no lo confundas con los datos que la ley pide a la web de un negocio: según el artículo 10 de la LSSI, quien visite tu web y las autoridades tienen que poder consultar de forma permanente, fácil, directa y gratuita, entre otros, tu nombre o denominación social, tu domicilio, tu correo electrónico y tu NIF, y ponerlos en tu web cumple esa obligación.

Lo que dice cada rincón ya está decidido. Pero hay un rincón que casi nadie deja escrito hasta que un cliente lo pregunta por WhatsApp: hasta dónde llegas y cuánto cuesta llegar hasta ahí.

Fuentes

  1. Crear contenido útil, fiable y centrado en las personas. Google Search Central, consultado en octubre de 2026.
  2. Guía de SEO para principiantes: conceptos básicos. Google Search Central, consultado en octubre de 2026.
  3. Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico. Boletín Oficial del Estado, 2002 (texto consolidado, artículo 10).
  4. Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias. Boletín Oficial del Estado, 2007 (texto consolidado, artículo 20).
  5. Headings Are Pick-Up Lines: 5 Tips for Writing Headlines That Convert. Nielsen Norman Group (Hoa Loranger), 2015.
  6. The Web Credibility Project: Guidelines. Stanford Persuasive Technology Lab (B.J. Fogg), 2002.

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