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El botón va junto al precio, no en el pie de página
Al terminar tienes un botón de WhatsApp por cada sitio donde te ven, cada uno con su mensaje ya escrito y probado desde tu propio móvil.
Con la ficha y el catálogo ya resolviendo dudas solos, falta que te encuentren donde tiene que estar el botón. Pones el botón de WhatsApp en el pie de página, junto a los iconos de Instagram y Facebook. Nadie lo toca.
Lo pones enorme, flotando encima del precio, y lo primero que hace la gente es cerrarlo con el dedo porque tapa lo que quería leer.
El botón no falla por dónde está el icono. Falla porque nadie sabe qué va a pasar si lo toca, ni por qué debería escribirte a ti y no llamar, no mandarte un mensaje por Instagram, no mirar la página de al lado.
Ya tienes la ficha que contesta antes de que tú escribas y el catálogo con el precio cerrado de cada servicio. La pregunta de hoy no es dónde pones el icono. Es: en cada sitio donde alguien te está mirando —tu web, tu Instagram, el cartel del escaparate— qué necesita leer para escribirte a ti, ahora, por ahí.
El sitio que gana: junto a la decisión, no junto al logo
El botón de WhatsApp va justo debajo de la ficha del servicio, no arriba del todo, compartiendo menú con las redes sociales.
La razón es simple. Cuando alguien llega a leer el precio de un corte, de una consulta o de una mesa para cuatro, ese es el momento en que decide. Si el botón está a un dedo de distancia, escribe. Si tiene que subir, buscar entre iconos y adivinar cuál es WhatsApp, se lo piensa y sigue mirando otra página.
Al lado del botón va una frase corta que dice qué gana el cliente por escribir en vez de llamar: te confirmo la hora al momento, sin esperar a que abramos, te contesto hoy mismo. Sin esa frase, el botón es un icono más entre los de siempre.
Un enlace o uno por sitio: la decisión que ahorra confusión
El enlace wa.me —la dirección que abre WhatsApp directo con tu número y un mensaje ya escrito— puede ser el mismo en todas partes o uno distinto según de dónde salga.
Con un solo sitio donde te encuentran, la web, un enlace basta. En cuanto sumas Instagram y un cartel, cada enlace debería llevar su propio mensaje precargado.
- Copias y pegas un solo enlace en la web, la bio de Instagram y el cartel
- No hay que preparar nada especial para cada sitio
- Cuando llega un mensaje no sabes si vino del cartel, de Instagram o de la web
- El mensaje que se abre ya escrito cambia según de dónde salga el enlace
- En la bio de Instagram dice una cosa; en el cartel de la puerta, otra
- Hay que generar y pegar un enlace distinto en cada sitio, uno más de mantenimiento
Cual elijo: Si solo tienes un sitio donde te encuentran —la web— el enlace único basta, no compliques nada. En cuanto sumas Instagram y un cartel, usa un enlace por sitio: la diferencia la marca el mensaje precargado, no el número, y en un mes sabes qué sitio te trae gente de verdad sin preguntarlo.
El cartel: el camino más corto entre el escaparate y el chat
El cartel es el sitio con menos margen de error: se queda pegado en el escaparate meses, y si algo falla nadie te avisa. Montarlo bien lleva cuatro pasos, de cero a impreso.
- 1Escribe el mensaje que va precargado
No pongas «Hola». Escribe la frase que el cliente mandaría solo si de verdad quiere algo: «Quiero reservar cita esta semana». Así, cuando llega el mensaje, ya sabes qué quiere sin preguntar. - 2Genera el enlace con ese texto
Cualquier generador de enlaces wa.me gratuito pide tu número y el mensaje, y te da el enlace ya montado. No hace falta escribir nada a mano. - 3Conviértelo en código QR
Pega ese enlace en un generador de códigos QR gratuito, sin marca de agua, y descárgalo en un tamaño grande, pensado para verse a un metro de distancia. - 4Pruébalo tú mismo antes de imprimir
Escanéalo con tu propio móvil, manda el mensaje y confirma que llega al número que de verdad miras cada día. Es el paso que casi todos se saltan.
Con esto, tu botón deja de ser un icono más y pasa a ser la puerta corta: el cliente sabe qué escribir, tú sabes de qué sitio viene y el número al otro lado es el que de verdad miras cada día.
Lo que se lee nada más abrirse esa conversación, antes de que tú hayas contestado nada, es la siguiente pieza del canal.
- El botón de WhatsApp está junto al precio o al servicio, no en el pie de página con las redes sociales
- Al lado del botón hay una frase que dice qué gana el cliente por escribir en vez de llamar
- Cada sitio —web, Instagram, cartel— tiene su propio enlace con un mensaje precargado distinto
- El enlace del cartel está probado desde tu propio móvil, contra el número que de verdad se mira a diario
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Tienes una peluquería con web y un Instagram muy activo, sin cartel físico todavía. ¿Cuántos enlaces distintos necesitas montar y por qué?
Dos: uno para la web y otro para la bio de Instagram, aunque sea el mismo número detrás. Sin cartel de por medio no hace falta un tercero, pero con dos sitios activos ya conviene distinguir de dónde viene cada mensaje.
2. Un cliente entra en tu web, lee el precio de una consulta y no ve ningún botón hasta que sube al menú de arriba, donde WhatsApp está junto a Instagram y Facebook. ¿Qué cambio hay que hacer primero?
Mover el botón a la ficha del servicio, justo debajo del precio, con la frase de qué gana por escribir. El problema no es que falte el botón: está lejos del momento en que decide, y ahí es donde se pierde.
3. Llevas dos meses con un cartel en el escaparate con un código QR y casi nadie escribe mencionando el cartel. ¿Qué es lo primero que hay que comprobar?
Escanear tú mismo el QR con tu móvil y comprobar a qué número llega el mensaje y si alguien lo mira a diario. Es más probable que el número esté mal o abandonado que que el cartel no funcione.
El botón ya pone a la persona escribiéndote con el mensaje puesto; lo que pasa en los primeros segundos después de que pulse decide si sigue esperando o se va a otro sitio.