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Antes de enseñarla, pruébala en un móvil que no es el tuyo
Sabes a quién pedirle que abra tu web sin ayuda y qué tres preguntas hacerle después para decidir qué arreglar antes de mandar el enlace de verdad.
Ya has abierto tu web en tu móvil y te ha parecido bien. Es normal: la conoces de memoria. Sabes dónde está el botón porque lo pusiste tú en cada sección, sabes qué dice cada frase porque la escribiste tú. Por eso tu propio móvil ya no sirve para nada más.
Falta una prueba distinta. No es volver a mirar el orden de las secciones ni releer los textos: eso ya lo has hecho. Es dársela a alguien que no sabe nada de tu negocio y mirar, en silencio, qué hace con ella. No lo que dice que le parece. Lo que hace con el dedo.
A quién se lo pides
Tu pareja, tu mejor amigo o alguien que ya es cliente tuyo no sirven para esto. Conocen el negocio y quieren que te salga bien, así que sin darse cuenta rellenan los huecos con lo que ya sabían antes de abrir la web. Si algo no se entiende, para ellos se entiende igual, porque lo entendieron hace meses, hablando contigo.
- Dice que sí sin fijarse de verdad, porque no quiere que te salga mal
- No se parece a quien te va a comprar, así que no se pierde donde se perdería un cliente real
- Tarda lo mismo que tardaría un cliente de verdad buscando lo mismo
- No sabe nada del negocio, así que se pierde donde se perdería cualquiera
- Puede ser un vecino o alguien de otro gremio: no hace falta que sea un desconocido de la calle
- Su duda delante de la pantalla es el dato que buscas, no una molestia
Cual elijo: Elige siempre a alguien del segundo grupo. Si de verdad no conoces a nadie con ese perfil, usa a un cercano solo para el primer repaso, el de que no se rompa nada, y busca al perfil real antes de mandar el enlace en serio.
Cómo hacer la prueba sin estropearla
La forma de pedirlo importa tanto como a quién se lo pides. Una instrucción de más y la prueba deja de servir.
- 1Dale el enlace y calla
Pásaselo por WhatsApp o dile la dirección, nada más. Ni «mira que los precios están al final» ni «dale al botón verde». - 2Que lo abra en su móvil, no en el tuyo
El tuyo ya tiene el historial, el zoom que dejaste puesto, tu wifi de siempre. El suyo es la prueba de verdad. - 3Míralo a él, no a la pantalla
La cara y el dedo dudando dicen más que la propia pantalla. Si se para dos veces en el mismo sitio, ahí hay un problema. - 4No ayudes aunque se atasque
Si se queda unos segundos sin saber a dónde ir, ese es justo el dato que necesitas. Ayudarle lo borra.
Las tres preguntas de después
Cuando suelte el móvil, no preguntes cómo le ha parecido. Pregunta esto, en este orden, y anota la respuesta tal cual la dé, sin corregirla ni completarla.
- 1«¿A qué se dedica este negocio?»
Si contesta con la segunda cosa que ofreces y no con la primera, el orden de tu web está mal. - 2«Si quisieras contratarme o comprarme algo ahora mismo, ¿qué harías?»
Si duda o vuelve arriba a buscar, el botón no está donde tiene que estar. - 3«¿Qué te ha costado más encontrar?»
La respuesta te dice qué mover o qué agrandar antes de mandar el enlace a nadie más.
Las tres preguntas se apoyan entre sí. La primera comprueba si tu web dice bien a qué te dedicas nada más entrar. La segunda comprueba el botón, que ya llevas puesto igual en cada sección. La tercera es la única que no tiene respuesta esperada: sirve para que te cuente lo que a ti nunca se te habría ocurrido preguntar, porque tú no te pierdes en tu propia web.
Haz la prueba con dos o tres personas del perfil correcto, no con una sola. Si las tres se atascan en el mismo sitio, ese sitio se cambia antes de mandar nada. Si cada una se atasca en un sitio distinto, tienes varios arreglos pequeños en vez de uno grande, y eso también es una respuesta útil.
- Elegiste a alguien con el perfil de tu cliente real, no al más cercano
- Lo viste abrir la web en su propio móvil sin explicarle nada
- Tienes respuesta a las tres preguntas: qué entendió que vendes, qué haría para contratarte, qué le costó encontrar
- Sabes qué mover o agrandar antes de mandar el enlace de verdad
- Con esto decides cuándo mandar el enlace, que es la siguiente lección
Tres casos para decidir
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Le pasas el enlace a tu cuñado, que ya sabe que vendes reformas de baños porque se lo has contado mil veces. Dice que la web le ha parecido clarísima. ¿Sirve esa prueba para decidir si mandas el enlace?
No sirve como prueba final. Tu cuñado ya sabía a qué te dedicabas antes de abrir la web, así que aunque el orden de las secciones estuviera mal, él lo habría entendido igual. Puede servir como primer repaso para pillar errores gordos, pero antes de mandar el enlace en serio necesitas a alguien con el perfil de tu cliente real.
2. Le das el móvil a un vecino que no conoce tu negocio de fontanería. Antes de que lo abra le dices: «fíjate que el teléfono de contacto está abajo del todo». Se recorre la web y lo encuentra sin problema. ¿Qué ha demostrado la prueba?
Nada útil. Al decirle dónde está el teléfono antes de que empiece, le has quitado a la prueba lo único que valía: ver si lo encuentra solo. Hay que darle el enlace y callarse; si hace falta ayudarle, eso ya es el dato, no un fallo de la prueba.
3. Terminas la prueba con una persona del perfil correcto. Le preguntas «¿qué te ha parecido?» y responde «muy bien, se ve bonita». No sabes si encontró el precio ni si vio el botón. ¿Qué has hecho mal y cómo lo arreglas la próxima vez?
Has hecho la pregunta que solo sirve para quedar bien. En vez de eso, hay que preguntar en orden: a qué se dedica el negocio, qué haría para contratarte ahora mismo y qué le ha costado más encontrar. Esas tres respuestas sí dicen qué mover en la web antes de mandar el enlace.