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Borra calidad y confianza: pon el dato que las sustituye

Al terminar, cada frase con adjetivo genérico de tu web tiene detrás un hecho concreto y comprobable de tu propio negocio.

5 min de lectura

Ya reescribiste una ficha con el beneficio por delante; ahora repasas el resto de la web y. Lees tu propia web y algo no cuadra. Dice "calidad", dice "confianza", dice "atención personalizada". Suena bien, no dice nada. Podrías copiar ese texto y pegarlo en la web del que hace lo mismo dos calles más allá, y nadie notaría la diferencia.

Ya tienes la frase que te distingue de los demás y sabes que lo que compra tu cliente no es el producto sino lo que le resuelve. Pero cuando miras la web entera, alrededor de esa frase buena sigue habiendo párrafos de relleno que la tapan.

El problema no es que esas palabras sean mentira. Es que las usa todo el mundo, así que ya no significan nada. Y si no significan nada, el cliente las salta con el ojo, igual que salta un anuncio.

La pregunta que importa no es qué adjetivo suena mejor. Es: ¿qué frase de mi texto podría estar en cualquier otra web del sector? Esa es la que hay que arrancar. Y detrás de cada una que arrancas hay un dato tuyo esperando a ocupar su sitio.

El relleno se reconoce por una prueba

Hay una prueba rápida para cazar el relleno: coge la frase y pregúntate si tu competencia podría firmarla tal cual, palabra por palabra. "Ofrecemos un servicio de calidad." "Trabajamos con profesionalidad y cercanía." "Tu satisfacción es nuestra prioridad." Cualquiera la firma. Nadie la contradice. Por eso no convence a nadie: no distingue.

Lo mismo pasa con "años de experiencia" sin decir cuántos, o "materiales de primera" sin decir cuáles. Son promesas sin dueño. El cliente no tiene forma de comprobarlas, así que las descuenta automáticamente, aunque sean ciertas.

Y aquí está lo que cuesta ver: cuantas más frases así metes, más plana queda la página, aunque a ti te dé la sensación de estar reforzando el mensaje. Cada adjetivo sin dato resta, no suma.

El error de sonar profesional en vez de sonar tú
Se cree que repetir calidad, confianza y profesionalidad refuerza el mensaje. Al lector le pasa lo contrario: cuantas más frases así encuentra, menos se fía, porque suenan a las de cualquier web que ha visto antes. Se evita mirando cada frase con adjetivo y preguntando qué hecho concreto hay detrás; si no hay ninguno, se borra sin sustituto y ya está mejor.

El dato que ocupa el hueco

Detrás de "calidad" casi siempre hay un hecho que no has escrito todavía: cuánto dura el producto, de qué material es, cuántas revisiones incluye el servicio, qué pasa si algo sale mal. Ese hecho es lo que vende, porque es comprobable y es solo tuyo.

Detrás de "confianza" suele haber una cifra de tiempo o una forma de trato: cuántos años llevas en el barrio, si contestas tú en persona o hay un equipo detrás, qué garantía das por escrito y no solo de palabra. Detrás de "atención personalizada" hay casi siempre una decisión muy concreta: una primera cita de cuarenta minutos y no de quince, o revisar el proyecto entero antes de empezar a cobrar por él.

El cambio no es escribir mejor. Es cambiar la pregunta que te haces antes de escribir: no "cómo digo que soy bueno", sino "qué hago yo, exactamente, que se pueda contar en una frase y comprobar".

Mismo negocio, dos formas de contarlo
Con relleno
  • Ofrecemos un servicio de calidad y confianza
  • Materiales de primera y atención personalizada
  • Años de experiencia en el sector
Con dato
  • El tinte lleva garantía de seis meses o se repite gratis
  • Trabajamos con lana merino de una sola granja en Soria
  • Once años arreglando ropa en este mismo local

Cual elijo: Eliges siempre el dato cuando existe, porque un solo hecho concreto pesa más que tres adjetivos juntos. Solo vuelves al adjetivo si de verdad no tienes ningún hecho detrás, y entonces el problema no es el texto: es que aún no has decidido qué te hace distinto, y eso se resuelve antes de escribir, no mientras escribes.

Cómo sacar el dato si no lo tienes a mano

Tres preguntas para encontrarlo donde ya vives
  1. 1Mira lo que ya haces sin pensarlo
    Qué revisas siempre antes de entregar, qué preguntas repites en cada cita, qué garantía das de palabra aunque nunca la hayas escrito. Eso ya es un hecho: solo falta ponerlo en la web.
  2. 2Pregunta a los tres últimos clientes
    Qué fue lo que más les tranquilizó o lo que más recuerdan del trato. Casi nunca es un adjetivo: suele ser algo muy concreto que hiciste, como llamar al día siguiente o enseñar el presupuesto antes de tocar nada.
  3. 3Pon un número donde había un adjetivo
    Si la frase tiene "mucho", "muy" o "gran", busca la cifra exacta que hay detrás: cuántos años, cuántas unidades, cuántos días de plazo. Si no encuentras ninguna cifra, la frase no estaba diciendo nada y sobra.
Antes y después en una ficha de servicio
Antes: "Servicio de fontanería de calidad, rápido y de confianza." Después: "Llegamos el mismo día si avisas antes de las doce. Presupuesto cerrado antes de tocar nada: lo que se dice por teléfono es lo que se cobra."

Con esto tu web deja de sonar a plantilla ajena para sonar a tu propio negocio: cada frase con adjetivo tiene ya un hecho detrás que la respalda. La próxima lección te da un molde para no partir de cero cada vez que escribas una ficha nueva.

Con una ficha arreglada no basta: cuando llegues a la séptima del catálogo vas a necesitar un orden fijo para no volver a partir de cero cada vez.

Lo que te llevas
  • Has revisado tu texto y marcado cada frase que podría firmar cualquier competidor
  • Cada adjetivo genérico tiene ya un hecho concreto de tu negocio que lo sustituye
  • Tu web dice algo comprobable, no una promesa que suena bien y no distingue nada
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