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Cuándo una ficha aguanta todas las variantes, y cuándo se rompe en dos
Sabes decidir si una opción de compra es una variante dentro de la misma ficha o si merece su propio producto, antes de montar mal el catálogo entero.
Tienes camisetas en cuatro colores y cinco tallas. O botes de mermelada en fresa, melocotón y ciruela. Te sientas a montar la ficha del producto y no sabes si es una sola página con un desplegable para elegir, o si tienes que crear una ficha por cada versión.
La tentación es resolverlo por cansancio: todo junto porque hacer veinte páginas da pereza, o todo separado porque así cada cosa tiene su sitio. Ninguna de las dos es la razón correcta. La razón correcta es otra, y en cuanto la tienes clara se aplica sola.
La pregunta no es cuántas opciones tienes, es si la opción cambia la decisión
Una variante es una versión de la misma decisión de compra. El cliente ya decidió que quiere la camiseta; el color lo resuelve después, casi de pasada. Ese casi de pasada es la prueba: si al cambiar la opción el cliente no vuelve a pensarse si comprar, es variante.
Un producto aparte es una decisión distinta disfrazada de opción. La tarta de cumpleaños con foto impresa y la tarta de boda no son dos tamaños de lo mismo: una se encarga con una semana, la otra con seis, y el precio no sale de una lista sino de mirar el encargo. Meterlas en la misma ficha con un desplegable obliga al cliente a leer condiciones que no le tocan a él.
Hay una prueba rápida. Cambia la opción en tu cabeza y mira si cambia el precio fuera de un rango esperable, si cambia el plazo de entrega, o si cambia la pregunta que le harías al cliente antes de aceptar el pedido. Si cambia una sola de esas tres cosas, ya no es variante.
- El cliente elige color, talla o sabor sin salir de la página, y el precio no tiene por qué cambiar
- El stock se controla por combinación, pero la foto y el texto se comparten entre todas las opciones
- Cada versión tiene su propia foto y su propio texto
- El precio puede ser muy distinto de una versión a otra sin que el cliente se sienta engañado
- Cada una se encuentra por separado, tanto en el buscador de la web como en Google
- El plazo de entrega o la conversación previa pueden ser distintos para cada una
Cual elijo: Si dudas, empieza por una ficha con variantes: cuesta menos montarla y se deshace fácil. Sepáralas en cuanto una variante empiece a pedir su propia foto o su propio plazo — esa es la señal de que ha dejado de ser una opción para convertirse en otro producto.
- Sabes aplicar la prueba de precio, plazo y pregunta previa para saber si una opción es variante o producto aparte
- Tienes escrita una ficha de ejemplo que no esconde el precio real de cada variante
- Sabes reconocer el momento en que una variante empieza a pedir su propia foto o su propio plazo, y por qué eso obliga a separarla
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Vendes velas en tres tamaños. El precio sube de 8 € a 22 € del pequeño al grande, pero el plazo de entrega es el mismo para los tres. ¿Una ficha o tres?
Una ficha con variantes. El plazo no cambia, y una vela más grande costando más no rompe ninguna expectativa. Eso sí, el precio en pantalla tiene que moverse en cuanto el cliente elige el tamaño, no quedarse fijado en el más barato.
2. Ofreces cortes de pelo normales y también coloración, y la coloración exige que el cliente mande fotos por WhatsApp antes de darle precio. ¿Va como una opción más dentro de 'Servicios de peluquería'?
No, se saca a su propia ficha. La coloración cambia la pregunta previa: antes de aceptar necesitas ver el pelo del cliente, y eso no encaja en un desplegable que promete reservar hora al momento.
3. Tienes bolsos con el mismo diseño en piel y en tela. La piel cuesta el doble y tarda una semana más porque la pides a un proveedor distinto. ¿Sigue siendo variante de material?
Se separa. El precio cambia, y el plazo también cambia porque depende de otro proveedor. Esa combinación es la señal de que ya tienes dos productos que se parecen, cada uno con su propia decisión de compra detrás.
Con esa ficha bien separada, el carrito ya sabe qué está vendiendo. Lo que todavía no sabe es a partir de qué importe merece la pena prepararlo: ese número es el que fijas ahora.