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Una foto para lo simple, siete para lo que hay que explicar

Al terminar sabes cuántas fotos lleva cada ficha de tu web según lo que cueste y lo que haga falta entender antes de comprar, y has quitado las que sobraban.

7 min de lectura

Ya sabes qué foto se queda en tu web y cuál se borra: si contesta una duda del cliente, se queda; si solo decora, se borra. Pero esa regla no te dice cuántas fotos lleva cada ficha. Y ahí es donde la mayoría se equivoca sin darse cuenta.

Piensa en dos fichas de un mismo catálogo. Un corte de pelo a dieciocho euros. Una reforma de cocina a medida por cuatro mil. Si a las dos les pones el mismo número de fotos, algo está mal calculado. La pregunta no es cuántas fotos «quedan bien» en la ficha. Es cuántas hacen falta para que nadie tenga que preguntarte por WhatsApp algo que la ficha ya debería haber respondido.

No es una cuestión de gusto ni de qué tan bien te sepa la cámara: es una cuenta que puedes hacer ficha por ficha antes de subir nada a la web.

El precio no manda, la duda sí

Un corte de pelo a dieciocho euros no necesita explicación: el cliente ya sabe lo que va a pasar cuando se sienta en la silla. Con una foto del resultado basta. Dos, como mucho, si quieres mostrar dos estilos distintos.

Una reforma de cocina a cuatro mil euros sí necesita explicación, porque nadie paga esa cifra sin entender qué se lleva a cambio: cómo queda el conjunto, de qué material son las puertas, cómo se ve el acabado de cerca, qué pinta tiene la encimera bajo luz normal.

La regla es esta: cuenta las preguntas que te haría un cliente antes de decidirse, y pon una foto que responda a cada una. Si no te haría ninguna pregunta, con una sobra. Si te haría siete, faltan seis fotos por subir.

El número de fotos lo fija la duda, no el catálogo entero
Precio cerrado (corte, revisión)2fotos
Precio medio (menú, tratamiento)4fotos
Precio alto o a medida (reforma, mueble)7fotos

Fíjate en el salto: no es progresivo, es por tramos. Entre precio cerrado y precio medio hay una decisión de por medio, qué menú, qué tratamiento, y esa decisión necesita imagen propia. Entre precio medio y precio alto hay algo más grande: dinero suficiente como para que el cliente quiera tocar el material con los ojos antes de firmar.

Un menú de catering es buen ejemplo del tramo intermedio. El cliente no duda de si tu comida está buena; duda entre el menú de bodas y el de eventos de empresa, y esa duda se resuelve con una foto de cada montaje, no con cuatro fotos del mismo plato desde ángulos distintos. Lo mismo pasa con un tratamiento facial: la duda no es el precio, es qué aspecto tiene el resultado, y ahí sí conviene una foto de antes y una de después, no seis del gabinete.

Cuando el precio no basta: las variantes que cambian lo que se recibe

Hay un caso que el precio por sí solo no explica: el producto con variantes. Una camiseta que existe en cuatro colores no se resuelve con una foto y una lista de nombres debajo. Cada color se ve distinto puesto, y quien compra por internet no puede tocar la tela para comprobarlo.

Lo mismo pasa con el material o el acabado. Si vendes muebles de madera maciza y de aglomerado al mismo precio de catálogo, una foto de cerca de la veta es lo que evita la devolución de la semana siguiente. Aquí la cuenta no es por precio, es por cada variante real que cambia lo que el cliente recibe en su casa.

La referencia de tamaño es otro punto que se olvida fácil. Una lámpara fotografiada sola, sobre fondo blanco, puede parecer de mesa o de pie: no hay nada al lado que dé la escala. Basta con una mano, una silla al fondo o una regla discreta en el encuadre para resolver esa duda sin necesitar una frase explicando las medidas.

Y hay un matiz que conviene aclarar antes de que te pongas a fotografiar seis colores casi idénticos: si dos variantes se distinguen mal en foto, un gris marengo y un gris antracita, por ejemplo, agrúpalas en una sola imagen con las dos etiquetadas al lado. No dupliques fotos que no aportan una diferencia visible.

Ficha de servicio simple o ficha con variantes: quién manda el número
Servicio con precio cerrado
  • El proceso es siempre igual, no cambia de un cliente a otro.
  • El cliente solo necesita ver el resultado final, no el camino hasta él.
Producto a medida o con variantes
  • Cada variante que cambie el resultado necesita su propia foto.
  • Hace falta una referencia de tamaño o escala junto al objeto.
  • El acabado de cerca evita la pregunta de qué material es.
  • Si dos variantes casi no se distinguen en foto, se agrupan en una sola imagen etiquetada.

Cual elijo: Si tu ficha entra en el primer grupo, no le pongas más de dos o tres fotos aunque tengas cien del proyecto: sobran y distraen del precio y del botón de reservar. Si entra en el segundo, cuenta las variantes que de verdad cambian el resultado y pon una foto por cada una, no una por cada ángulo posible.

El error caro: la misma cantidad de fotos para todo
Poner tres fotos a cada ficha del catálogo porque «queda ordenado» es el fallo más caro y más habitual, y también el más fácil de arrastrar sin notarlo. Al servicio sencillo le sobran, y distraen de lo único que importa: el precio y el botón de reservar. Al producto complicado le faltan, y esa falta se convierte en un mensaje de WhatsApp preguntando algo que la ficha debería haber respondido sola. Cuenta las fotos ficha por ficha, no de una vez para todo el catálogo. Y no se corrige subiendo fotos de más «por si acaso»: cada foto que no responde una pregunta concreta es una foto que sobra, aunque esté bien hecha.

Cómo decidir el número de fotos de una ficha

El orden para no fotografiar de más ni de menos
  1. 1Cuenta las preguntas
    Escribe las preguntas que te haría alguien antes de comprar ese servicio o producto en concreto. No las generales del negocio: las de esa ficha.
  2. 2Súmale las variantes
    Si hay tallas, colores o acabados que cambian lo que se recibe, añade una foto por cada variante que de verdad importe, no por cada una que exista en catálogo.
  3. 3Pon un tope
    Aunque tengas cien fotos del proyecto, no pases de siete u ocho en la ficha más cara. Más fotos no suman confianza a partir de ese punto: solo alargan la carga de la página.
  4. 4Revisa la más barata
    Si tu ficha más sencilla tiene más de tres fotos, sobran. Bórralas antes de publicar la web.
Lo que te llevas
  • Cada ficha tiene ya decidido cuántas preguntas responde en fotos, no un número fijo para todo el catálogo.
  • Lo simple y cerrado se queda en una o dos fotos; lo caro o a medida sube hasta siete u ocho.
  • Las variantes que cambian lo que se recibe, color, material, tamaño, tienen ya su foto asignada, y las que casi no se distinguen se agrupan en una sola.
  • Has revisado ficha por ficha: quitado las fotos de más en las sencillas, añadido las que faltaban en las complicadas.
  • Queda pendiente decidir con qué se hacen esas fotos: si basta el móvil o hay que encargarlas.

Pon a prueba el criterio

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Tienes una asesoría fiscal a precio fijo de 40 euros la hora y le has puesto seis fotos: el despacho, el ordenador, la taza de café. ¿Qué haces?

Quitar casi todas y dejar una o dos, quizá tú mismo trabajando. Es un servicio de precio cerrado sin variantes que elegir, así que el exceso de fotos no responde ninguna duda: solo distrae del precio y del botón de reservar.

2. Vendes bancos de jardín en tres maderas, pino, roble y teca, al mismo precio, y solo tienes una foto general del modelo. ¿Basta con esa foto?

No. El material es una variante que cambia lo que el cliente recibe en su jardín, así que hace falta una foto de cerca por cada madera, aunque el precio sea idéntico en las tres.

3. Ofreces reformas de baño a medida, entre 3.000 y 6.000 euros según proyecto, y has subido quince fotos de obras distintas mezcladas sin orden. ¿Qué falla?

Falla el tope, no la cantidad de preguntas por resolver. Aunque una reforma a medida necesite varias fotos, pasar de siete u ocho por ficha no suma confianza: hay que elegir las que respondan a las dudas reales de un proyecto concreto, no acumular todas las que existen.

Ya sabes cuántas fotos lleva cada ficha. Lo que no has decidido es con qué las haces: cuándo te vale el móvil y cuándo esa foto vale lo bastante como para encargarla a un fotógrafo.

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