Cuánto pedir de señal cuando cada trabajo es distinto
Sales sabiendo calcular la señal según lo que arriesgas tú en cada encargo, no según una costumbre del oficio.
Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026
Un cliente te pide un mueble a medida, o una reforma, o una web para su negocio. Aceptas, mandas el presupuesto y llega el momento de decir cuánto quieres por adelantado. Ahí es donde mucha gente se queda en blanco.
La tentación es copiar una cifra que has visto en algún sitio: un veinte por ciento, un treinta. Suena a norma del oficio. No lo es. Esa cifra sirvió para otro trabajo, con otro riesgo, y aplicártela a ciegas te deja indefenso en unos encargos y te hace perder al cliente en otros.
La señal no es un ritual. Es un seguro contra lo que pierdes si el cliente acepta y luego se echa atrás. Y lo que pierdes cambia con cada presupuesto, aunque el precio final sea parecido.
Lo que te juegas tú, no lo que factura
Antes de poner una cifra, hazte una pregunta: si este cliente desaparece mañana, ¿qué me quedo yo sin poder recuperar?
Si el trabajo es tu tiempo, como una sesión, una consulta o una reserva, lo que te juegas es el hueco de la agenda que ya no vas a poder llenar con otra persona. Se recupera avisando con margen: si te cancelan con una semana de antelación, ese hueco todavía lo puedes ocupar.
Si el trabajo lleva material que compras a medida, como una tela cortada, una pieza fabricada para ese cliente o un dominio y un hosting contratados a su nombre, lo que te juegas es ese gasto, y ese no lo recuperas avisando a nadie: ya está hecho, y nadie más lo quiere tal como está cortado o configurado.
La señal cubre eso. Cuanto más irrecuperable es lo que adelantas, más alta tiene que ser.
Muchos encargos no son uno u otro puro, sino una mezcla de los dos. Una reforma pequeña lleva algo de material de catálogo, como pintura o tornillería, que puedes devolver, y horas de mano de obra que no. Ahí la señal cubre solo la parte que no es devolvible: el material que sí puedes devolver no entra en la cuenta, y las horas que vas a bloquear en tu agenda, sí.
- Fácil de explicar y de recordar, por eso es la primera tentación
- No distingue un trabajo de puro tiempo de uno con material comprado por adelantado
- En un encargo pequeño resulta ridícula; en uno con mucho material, insuficiente
- Se calcula sobre el coste que no recuperas si el cliente se retira, no sobre el total del presupuesto
- En un trabajo de solo horas, basta un importe simbólico que reserve el hueco
- En un trabajo con material a medida, cubre como mínimo ese material, y sube si además bloqueas días de agenda
Cuál elijo: Elige la señal calculada siempre que compres o fabriques algo específico para ese cliente antes de cobrar el resto. Si el encargo es solo tu tiempo y no gastas nada por adelantado, una señal fija y pequeña, o incluso ninguna y solo la reserva de la fecha, es suficiente y no complica la venta.
Ya sabes qué señal pedir en cada tipo de encargo. Lo que sigue es ponerle fecha de caducidad a ese presupuesto: cuántos días aguanta tu precio antes de que tengas que rehacer las cuentas.
- Sabes calcular la señal según lo que arriesgas tú en cada encargo, no según una costumbre del oficio
- Distingues un trabajo de solo tiempo, con señal simbólica o ninguna, de uno con material a medida, con una señal que cubre como mínimo ese material
- Sabes sumar ambas partes cuando el encargo es una mezcla de las dos
- Tienes la frase para explicárselo al cliente sin que suene a desconfianza
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