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Dónde termina lo que vendes

Sales con la frase que dice qué incluye tu servicio y qué se cobra aparte, escrita antes de que la tengas que improvisar delante de un cliente.

Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026

4 min de lectura

Un cliente te escribe: «vale, ¿y esto también me lo haces?». Ya ha pagado, o está a punto. Si dudas medio segundo, has perdido: o le dices que no y parece que le timas, o le dices que sí y trabajas gratis.

Eso no pasa porque el cliente sea especial. Pasa porque tu servicio no tenía una frontera clara antes de escribir la web. Y una web que no sabe dónde termina lo que vendes, promete de más sin querer.

Decide el límite antes de escribirlo

El criterio es simple: entra en el precio todo lo que hace falta para llegar al resultado que prometes. Lo que no hace falta para ese resultado, o lo que solo hace falta a veces, se queda fuera y se cobra aparte.

Si prometes «caldera revisada y funcionando», entra el diagnóstico, la limpieza y el ajuste. No entra la pieza que resulta que está rota, porque eso no lo sabías al poner el precio. Si prometes «logo listo para usar», entran los archivos en los formatos que se usan de verdad: imprenta, web, redes. No entra rehacer el logo de cero cuando ya lo diste por bueno hace tres meses.

Esta frontera la decides tú, una vez, con calma. No la decides en el chat, con el cliente esperando y el miedo de perder la venta empujándote a decir que sí a todo.

Así se escribe el límite, no se sobreentiende
Revisión de caldera, 55 € con IVA. Incluye: diagnóstico, limpieza de quemador, ajuste de presión. No incluye: piezas de repuesto (se presupuestan antes de cambiar nada) ni desplazamiento fuera de [ciudad].

Lo que dejas fuera es el segundo ingreso, no un fallo

Dejar algo fuera no es cicatería, es donde vive tu margen. La pieza de repuesto, el desplazamiento, la revisión urgente en fin de semana: eso se cobra aparte porque cuesta aparte. Si lo metes todo en el mismo precio, el cliente que nunca necesita el extra paga por el que sí lo necesita, y tú no ganas más con ninguno de los dos.

Una regla práctica para saber qué va aparte: si pasa menos de la mitad de las veces, es un extra que se nombra y se cobra cuando toca. Si pasa siempre, va incluido y forma parte del precio base, aunque te cueste algo tenerlo listo.

Un diseñador que incluye «dos rondas de revisión» en el precio de un logo no está siendo generoso: sabe que casi todos sus encargos acaban necesitando dos rondas, así que las mete en la base. La tercera ronda ya es un extra, y lo dice antes de empezar.

El precio caro es no fijar el límite
Escribir «consulta sin compromiso» o «a ver qué necesitas» suena flexible, pero es un límite que decide el cliente, no tú. Cuando te toca cobrar el extra, ya no hay margen para decirlo: el cliente entendió que el precio de la web era el precio final, y tú discutes por algo que podrías haber escrito en una línea antes de que hiciera falta.
Todo incluido o base más extras
Todo incluido
  • Un precio, cero preguntas al contratar
  • El cliente que casi no gasta paga por el que gasta mucho
  • Funciona cuando el servicio es igual cada vez: un corte de pelo, una clase de una hora
Base + extras
  • El precio de entrada es más bajo y capta a más gente
  • Cada extra, explicado antes, se cobra sin discusión después
  • Funciona cuando el trabajo cambia según el caso: una reforma, un diseño, una reparación

Cuál elijo: Elige todo incluido cuando el trabajo es idéntico cada vez y calcular el extra costaría más tiempo del que vale. Elige base más extras en cuanto el trabajo varía según quién te llama: es lo que te protege el margen sin tener que subir el precio de entrada.

Lo que te llevas
  • Tienes escrita la frase que dice qué incluye tu servicio y qué queda fuera
  • Sabes qué extra cobras aparte y por qué, no a ojo en el momento
  • Decidido si tu negocio funciona con precio único o con base más extras
  • Lo siguiente: el nombre que va a llevar tu web

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