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El canal por el que quieres que te busquen
Al terminar tienes elegido el botón principal de contacto de tu web y escrito, junto a él, el horario real en el que respondes.
Ya tienes el precio, la fecha y el nombre de la web. Queda una decisión que puede echar por tierra todo lo anterior: cuando alguien entra y quiere hablar contigo, ¿adónde lo mandas?
Si la respuesta es «a donde le pille», ahí está el problema. Un cliente que duda diez segundos entre un botón de WhatsApp, un formulario y un teléfono para copiar, casi siempre no hace ninguna de las tres cosas. Cierra la pestaña y busca al siguiente que se lo ponga más fácil.
Un canal manda, el resto acompaña
Tu negocio puede tener teléfono, WhatsApp, correo y un formulario de contacto. Todos pueden seguir ahí, en el pie de página o en una esquina discreta. Pero la web solo puede empujar a uno: el botón grande, el que aparece nada más entrar y se repite arriba y abajo de la página.
Elegir uno no es esconder los demás, es decidir cuál es la puerta principal y cuáles son las de servicio. Una peluquería que contesta al minuto por WhatsApp pero tarda tres días en revisar el correo tiene que poner el WhatsApp delante, aunque el correo siga funcionando para quien lo prefiera. Un fontanero que necesita ver una foto de la avería antes de dar precio, también: la foto no cabe en una llamada.
- El cliente escribe con el móvil que ya tiene en la mano, sin abrir el correo
- Ves quién te escribe y cuándo, en el mismo sitio donde miras el resto del día
- Puede mandarte una foto, una ubicación o una nota de voz en el mismo hilo
- El cliente cuenta el encargo entero de una vez, sin que se lo tengas que sacar con preguntas
- Queda un registro escrito, útil para presupuestos con muchos detalles o piezas
- No depende de que mires el móvil a cada rato: puedes revisarlo una vez al día
Cual elijo: Si tu negocio se resuelve en un intercambio corto, ¿tenéis hueco el jueves?, ¿cuánto cuesta esto?, la puerta principal es el WhatsApp: es donde de verdad vas a contestar. Si el encargo necesita explicar varias cosas antes de que puedas ni mirarlo, medidas, dirección, qué se quiere reformar, la puerta principal es el formulario, y el WhatsApp queda de segunda puerta para quien ya trae la conversación medio hecha.
Reservar y preguntar no siempre van al mismo botón
Si tu negocio ya reserva directamente por chat, como viste en la lección de reservar sin salir del chat, el botón principal no dice «escríbeme»: dice «reserva tu cita» o «pide tu turno», y aunque lleve al mismo sitio, cambia lo que promete. No es lo mismo abrir una conversación que confirmar una hora concreta.
Si en cambio necesitas presupuestar antes de comprometerte, el botón no debe prometer una reserva que todavía no puedes dar. «Cuéntame qué necesitas» es más honesto que «reserva ya» cuando lo primero que vas a hacer al leer el mensaje es contestar con un precio, no con una hora en la agenda.
El horario que cuentas es el que cumples
Elegido el canal, falta la letra pequeña que casi nadie escribe: a qué hora contestas. No hace falta decir «24 horas» para sonar serio. Hace falta decir la verdad, porque la verdad es la que no rompe la confianza a la primera.
Si trabajas solo y contestas entre encargo y encargo, dilo así: mañana y tarde, entre semana. Si llevas el teléfono del negocio en el bolsillo y respondes al momento aunque sea festivo, dilo también: es un argumento de venta, no un detalle técnico de la web.
- El botón principal de la web manda a un solo canal: el que de verdad vas a mirar cada día
- Los demás canales, teléfono, correo, siguen disponibles, pero en un segundo plano
- El botón dice reservar o preguntar según lo que de verdad vas a poder dar al contestar
- Junto al botón queda escrito el horario real en el que respondes, no una promesa de disponibilidad permanente