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El encargo entero, en el orden que se ejecuta sin preguntas
Al terminar tienes el encargo entero escrito en un solo documento, en el orden en que se construye una web, sin huecos que alguien tenga que rellenar por su cuenta.
Tienes seis decisiones tomadas: dónde termina lo que vendes, el nombre de la web, el precio que enseñas antes de que pregunten, la fecha que te puedes permitir prometer, el canal por el que quieres que te busquen y la vara con la que vas a medir si la web funciona. Cada una vive en un sitio distinto: una nota en el móvil, un mensaje que te mandaste a ti mismo, una idea que tienes clara pero todavía no has escrito en ningún sitio.
La duda de hoy no es ninguna decisión nueva. Es en qué orden las pones el día que te sientas a escribir el encargo de la web. Si las escribes en el orden en que se te ocurrieron, quien la construye tiene que parar y preguntarte por lo que falta, y cada pregunta es un día menos con la web publicada.
El orden que necesita quien construye, no el que llevas en la cabeza
Quien construye una web no la levanta por piezas sueltas en el orden en que le llegan: la levanta de fuera hacia dentro. Primero necesita el marco, a qué te dedicas y para quién, porque de ahí sale la estructura entera de la página. Después el nombre, porque es lo primero que se escribe arriba, en la barra de direcciones y en el título. Después la acción que quieres que haga quien entra, porque de esa acción depende qué botón se pone y adónde lleva.
Solo entonces tienen sentido el precio, la fecha y el canal: son la letra pequeña de esa acción, no decisiones sueltas por su cuenta. Las fotos van casi al final porque visten lo que ya está decidido, no lo deciden ellas. Y la vara con la que mides si funcionó va la última de todas, porque es lo único de la lista que no se construye: se comprueba después, con la web ya en marcha.
- 1A qué te dedicas y para quién
Una frase: qué haces y quién lo necesita. Es donde termina lo que vendes; ya lo dejaste decidido, aquí solo lo copias tal cual. - 2El nombre de la web
El que elegiste sabiendo que va a vivir en la barra de direcciones, no el que suena mejor cuando lo dices en voz alta. - 3Qué quieres que haga quien entra
Una sola acción, no tres a la vez. Reservar, escribir por WhatsApp o comprar: la que de verdad te llena la agenda, no la que queda mejor en la página. - 4El precio que enseñas
El que decidiste mostrar antes de que pregunten, con la cifra exacta. Un rango obliga a escribir para saber cuánto es, y eso ya es una pregunta de más. - 5La fecha que prometes
La que te puedes permitir cumplir, no la que suena mejor sobre el papel. Sin fecha clara, mejor un plazo corto que una promesa que luego no sostienes. - 6El canal
Por dónde quieres que te busquen y te escriban: el número, el enlace, la red. El mismo en la web y en todo lo demás donde apareces. - 7Las fotos que mandas
Tres o cuatro, no veinte. Las que enseñan lo que de verdad vas a entregar: el sitio, el trabajo ya hecho, tú mismo si el negocio eres tú. - 8La vara con la que mides si funcionó
El número que vas a mirar la primera semana para saber si la web sirve tal cual está o hay que tocar algo.
Escrito entero, no en mensajes sueltos
El encargo se manda de una vez, en un solo documento, aunque ocupe menos de una página. Mandarlo en tres mensajes de WhatsApp repartidos a lo largo de la semana obliga a quien construye a esperar entre uno y el siguiente, y a acordarse de lo que todavía falta por llegar. Un documento de ocho líneas, aunque parezca poco para representar un negocio entero, es justo lo que evita las preguntas de después.
No hace falta que suene bien escrito. Hace falta que cada línea tenga una respuesta, no una idea a medias.
- El encargo entero escrito en un documento, en el orden en que se construye: a qué te dedicas y para quién, nombre, acción, precio, fecha, canal, fotos y la vara con la que mides si funcionó.
- Ninguna línea en blanco: lo que no está decidido se decide antes de mandar el encargo, no después.
- La web sale parecida a lo que tenías en la cabeza porque quien la construye no tiene que pararse a preguntarte nada.