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El encargo entero, en el orden en que se construye la web

Al terminar tienes el encargo entero escrito en un solo documento, en el orden en que se construye una web, sin huecos que alguien tenga que rellenar por su cuenta.

Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026

5 min de lectura

Antes de encargar una web hay seis decisiones que tomar: dónde termina lo que vendes, el nombre de la web, el precio que enseñas antes de que pregunten, la fecha que te puedes permitir prometer, el canal por el que quieres que te busquen y la vara con la que vas a medir si la web funciona. Lo normal es que, cuando ya las tienes, cada una viva en un sitio distinto: una nota en el móvil, un mensaje que te mandaste a ti mismo, una idea que tienes clara pero todavía no has escrito en ningún sitio.

La duda aquí no es ninguna decisión nueva. Es en qué orden las pones el día que te sientas a escribir el encargo de la web. Si las escribes en el orden en que se te ocurrieron, quien la construye tiene que parar y preguntarte por lo que falta, y cada pregunta retrasa el día en que la web sale publicada.

El orden que necesita quien construye, no el que llevas en la cabeza

Quien construye una web no la levanta por piezas sueltas en el orden en que le llegan: la levanta de fuera hacia dentro. Primero necesita el marco, a qué te dedicas y para quién, porque de ahí sale la estructura entera de la página. Después el nombre, porque es lo primero que se escribe arriba, en la barra de direcciones y en el título. Después la acción que quieres que haga quien entra, porque de esa acción depende qué botón se pone y adónde lleva.

Solo entonces tienen sentido el precio, la fecha y el canal: son la letra pequeña de esa acción, no decisiones sueltas por su cuenta. Las fotos van casi al final porque visten lo que ya está decidido, no lo deciden ellas. Y la vara con la que mides si funcionó va la última de todas, porque es lo único de la lista que no se construye: se comprueba después, con la web ya en marcha.

El encargo, en ocho pasos
  1. 1A qué te dedicas y para quién
    Una frase: qué haces y quién lo necesita. Incluye dónde termina lo que vendes: qué entra en tu servicio y qué se cobra aparte.
  2. 2El nombre de la web
    El que elegiste sabiendo que va a vivir en la barra de direcciones, no el que suena mejor cuando lo dices en voz alta.
  3. 3Qué quieres que haga quien entra
    Una sola acción, no tres a la vez. Reservar, escribir por WhatsApp o comprar: la que de verdad te llena la agenda, no la que queda mejor en la página.
  4. 4El precio que enseñas
    El que decidiste mostrar antes de que pregunten: la cifra exacta o, si cambia según el caso, «desde» y el más bajo que de verdad cobras. Si vendes a particulares, con el IVA incluido. Sin precio, para saber cuánto es hay que escribirte, y eso ya es una pregunta de más.
  5. 5La fecha que prometes
    La que te puedes permitir cumplir, no la que suena mejor sobre el papel. Si no puedes dar una fecha exacta, mejor un rango de días que una promesa que luego no sostienes.
  6. 6El canal
    Por dónde quieres que te busquen y te escriban: el número, el enlace, la red. El mismo en la web y en todo lo demás donde apareces.
  7. 7Las fotos que mandas
    Tres o cuatro, no veinte. Las que enseñan lo que de verdad vas a entregar: el sitio, el trabajo ya hecho, tú mismo si el negocio eres tú.
  8. 8La vara con la que mides si funcionó
    El número que vas a mirar la primera semana para saber si la web sirve tal cual está o hay que tocar algo.

Escrito entero, no en mensajes sueltos

El encargo se manda de una vez, en un solo documento, aunque ocupe menos de una página. Mandarlo en tres mensajes de WhatsApp repartidos a lo largo de la semana obliga a quien construye a esperar entre uno y el siguiente, y a acordarse de lo que todavía falta por llegar. Un documento de ocho líneas, aunque parezca poco para representar un negocio entero, es justo lo que evita las preguntas de después.

No hace falta que suene bien escrito. Hace falta que cada línea tenga una respuesta, no una idea a medias.

El encargo de Bicis Martín, tal cual se manda
A qué me dedico: reparo y pongo a punto bicicletas, a domicilio, en mi barrio y los de alrededor. Para quién: gente que usa la bici para ir a trabajar y no tiene tiempo de llevarla a una tienda. Nombre de la web: bicismartin.es Qué quiero que haga quien entra: que pida cita para una revisión, no que me escriba solo a preguntar precio. Precio que enseño: revisión completa, 35 euros con IVA. Cambio de cubiertas, 45 euros con IVA, más el material. Fecha que prometo: cita en menos de 48 horas, entre semana. Canal: WhatsApp, el mismo número que ya uso con los clientes. Fotos que mando: la furgoneta con las herramientas, y tres bicis ya reparadas. Cómo sé que funciona: si en la primera semana entran al menos tres citas por WhatsApp sin que yo tenga que explicar nada antes por teléfono.
El hueco que sale caro
El error no está en decidir mal una de las ocho líneas: está en dejar una en blanco pensando «eso lo decido luego». Quien construye solo tiene dos salidas: pararse a preguntarte o suponer. Si supone, la web puede salir con un precio que no es el tuyo o una acción que no es la que querías pedir. Cambiarlo después de publicada cuesta más tiempo que haberlo decidido antes de mandar el encargo: hay que rehacer texto, botones y a veces el orden de la página entera.
Lo que te llevas
  • El encargo entero escrito en un documento, en el orden en que se construye: a qué te dedicas y para quién, nombre, acción, precio, fecha, canal, fotos y la vara con la que mides si funcionó.
  • Ninguna línea en blanco: lo que no está decidido se decide antes de mandar el encargo, no después.
  • Quien construye la web tiene todo lo que necesita sin pararse a preguntarte, y así es más fácil que salga como la tenías en la cabeza.

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