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El encargo que no es tuyo: la frase que lo frena antes de que llegue
Al terminar esta lección tienes escrita, en tu ficha, la única frase que corta el encargo que más veces te ha hecho perder el tiempo.
Te ha pasado seguro: alguien te escribe con un encargo que no encaja del todo, pero le contestas, le explicas, le mandas un presupuesto, y al final no contrata, o contrata y resulta un dolor de cabeza porque no era lo tuyo. Ese rato lo has perdido tú, no él.
No es un cliente cualquiera. Es siempre el mismo tipo de encargo. Si llevas un tiempo en esto, sabes cuál: la reparación que en realidad es una instalación nueva, la boda del sábado que te piden con tres días de antelación, la reforma completa cuando tú solo pintas. Se repite porque tu ficha no dice que eso no lo haces, y quien te escribe no tiene forma de saberlo.
La solución no es escribir todo lo que no haces. Es escribir una frase, la del encargo que más veces te ha hecho perder el tiempo, y ponerla donde se vea antes de que te escriban.
Una frase, no una lista
Cuando alguien decide poner límites en su descripción, el primer instinto es hacer inventario: todo lo que no hace, todo lo que no acepta, todo lo que pide antes de empezar. Sale un párrafo largo y defensivo que espanta también al cliente bueno, al que sí encaja.
Empieza por una sola frase, la que corta el encargo que se repite. El resto de límites -para quién no es tu negocio, qué pides antes de aceptar, qué excepción sí compensa aceptar- se construyen más adelante, uno por uno. Hoy solo necesitas identificar y escribir esa primera frase, la que más se nota cuando falta.
- Cubre más casos desde el primer día
- Suena a reglamento: el cliente lee condiciones antes de leer lo que ofreces
- La mitad de esos límites nunca te los ha pedido nadie
- Corta exactamente el rato que pierdes cada semana
- Cabe en una línea, se lee antes de que la persona se ponga a escribirte
- Los demás límites se añaden cuando toque, no antes de que hagan falta
Cual elijo: Empieza siempre por la frase única. Amplía la lista solo si, pasadas unas semanas, sigues perdiendo tiempo con un segundo tipo de encargo distinto y bien identificado. La excepción es un límite sistemático que ya conoces de sobra -por ejemplo, que no trabajas fines de semana-: ese puede ir junto a la primera frase desde el principio, porque no hace falta comprobarlo, ya lo sabes.
- 1Revisa los últimos diez mensajes que no llegaron a nada
No los que dijeron que no por el precio. Los que preguntaban por algo que, en el fondo, tú no haces o no lo haces así. Apunta en una línea qué pedía cada uno. - 2Cuenta cuál se repite
De esos diez, casi siempre hay uno que aparece tres o cuatro veces con palabras distintas. Ese es el que sale caro, no el raro que pasó una sola vez y no va a volver. - 3Escríbela como se dice, no como se piensa
Nada de "trabajo con criterio de especialización". Escribe la frase tal como la dirías en persona a quien te pregunta: "no hago instalaciones nuevas, solo reparación".
- Tienes identificado el encargo que más veces te ha hecho perder el tiempo
- Tienes escrita la frase exacta que lo corta, no una lista genérica de condiciones
- Sabes dónde no meter todavía el resto de límites: llegan en las próximas lecciones, empezando por el cliente que te conviene perder