Academia › Publicar › Que te encuentren en Google
El enlace que suma y el que te penaliza
Sabe reconocer, antes de aceptar o pedir un enlace, si viene de una web real o de un paquete fabricado que Google castiga.
Te llega un correo: «Te consigo 40 enlaces a tu web por 25 euros, en una semana subes en Google». Otro día te escribe un negocio de tu zona: «¿Ponemos un enlace tuyo en mi web y uno mío en la tuya?». Los dos correos hablan de enlaces. Solo uno te va a ayudar.
Ya sabes que a una web bien hecha le puede faltar justo eso: que otras páginas hablen de ella. Lo que no te han contado es que no todos los enlaces suman. Algunos no hacen nada. Y algunos, si los aceptas, hacen que Google te baje posiciones en vez de subirte. El correo del paquete barato es tentador precisamente porque promete resolver en una semana lo que de otro modo te lleva meses de pedir favores uno a uno.
La diferencia no está en cuántos enlaces consigues. Está en de dónde vienen.
Qué mira Google en un enlace
Google no cuenta enlaces como si fueran votos sueltos. Mira quién los pone. Un enlace vale cuando viene de una web que existe por otro motivo, que tiene visitas propias, y que te menciona porque de verdad tiene sentido para quien la lee: un cliente que escribe sobre ti en su blog, un gremio que lista a sus socios, un periódico que cubre lo que pasa en tu pueblo.
Un enlace no vale, y puede hacerte daño, cuando existe solo para ser un enlace. Una web creada de la nada, sin visitas, sin contenido real, cuyo único trabajo es apuntar hacia decenas de negocios distintos a cambio de dinero. A eso se le llama un paquete de enlaces, o una granja de enlaces: páginas fabricadas en serie para fingir que internet habla de ti cuando en realidad no habla nadie.
Hay una segunda señal, además de quién enlaza: las palabras que usa para enlazarte. Un cliente real escribe «este es el sitio donde arreglé la caldera» o simplemente pega tu dirección. Un paquete de enlaces usa siempre la misma frase exacta, la que tú les diste o la que ellos generaron para vender el servicio: «fontanero en (tu ciudad)», repetida igual en las cuarenta webs. Esa repetición exacta es tan rara en internet real como que cuarenta personas distintas te describan con las mismas palabras.
La pregunta que te tienes que hacer antes de aceptar o pedir un enlace es simple: si yo buscara esta web en Google, ¿la encontraría por su propio contenido, o solo existe para enlazar a otros? Si no sabes contestarla, es la primera señal de que algo no cuadra.
Fíjate en la tercera columna. El intercambio masivo con quien no conoces de nada no te penaliza, pero tampoco te sirve de mucho: Google le da poco peso a un enlace que solo existe porque tú pusiste el suyo a cambio. El que sí puede costarte caro es el último, el paquete comprado.
Y cuidado con una trampa dentro de la propia tabla: que algo se llame «directorio» no lo salva automáticamente. Hay directorios que son gremios reales, con miembros que pagan una cuota y una web que la gente del sector consulta. Y hay páginas que se disfrazan de directorio, con un formulario donde metes tu negocio y a los cinco minutos ya tienes tu enlace, sin que nadie revise nada ni te visite nadie después. El nombre no es la señal. La señal sigue siendo la misma pregunta de antes: ¿esta web tiene alguien detrás que la lee?
El patrón se reconoce: enlaces que aparecen de golpe, desde webs sin relación entre ellas, con el mismo texto exacto, no es cómo habla la gente de verdad
Antes de aceptar, pide esto
No hace falta que sepas mirar el código de una web ni entender de métricas para distinguir un enlace fabricado de uno real. Basta con pedir dos datos concretos antes de decir que sí: la página exacta donde iría tu enlace, y cuántas visitas recibe esa página en concreto, no la web entera contada de un tirón. Si quien te escribe no te los puede dar, ya tienes la respuesta.
Fíjate que la pregunta pide la página, no el dominio. Una web puede tener un blog con contenido real y, al lado, una sección de «enlaces patrocinados» fabricada aparte solo para vender. Preguntar por la página concreta te evita que te enseñen lo bueno de la casa y te cuelen el enlace en el rincón que nadie visita.
Con esto ya tienes el filtro para lo que te llegue a partir de ahora: quién es esa web, por qué te enlaza, qué pasa cuando le pides ver sus visitas. No necesitas rechazar todo lo que te ofrezcan por sistema, ni aceptar nada que te resulte gratis por sistema tampoco: el precio no es la señal, lo es quién hay detrás. Lo que viene después —el directorio de tu gremio, el proveedor con el que ya trabajas, el periódico de tu zona— son sitios que ya pasan este filtro solo por existir. Ese es el tema que sigue.
- Sabes distinguir una web que enlaza por motivo real de una fabricada solo para enlazar
- Tienes la pregunta y los dos datos que pides antes de aceptar o pedir cualquier enlace
- Sabes que un paquete de enlaces se rechaza entero, no a medias
- Sabes que el nombre «directorio» no garantiza nada por sí solo
Casos para decidir
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Un proveedor con el que compras material cada mes te ofrece poner tu web en la sección «clientes» de la suya.
Aceptas: es un negocio real, con visitas propias, que te enlaza porque de verdad trabajáis juntos. Es justo el tipo de enlace que Google premia.
2. Te llega un correo diciendo que por 40 euros te consiguen enlaces desde 30 webs de «directorios generales» en una sola semana.
Rechazas el paquete entero. Ninguna de esas 30 webs existe por otro motivo que vender enlaces, y que lleguen todas la misma semana forma el patrón que Google penaliza.
3. Un negocio de tu misma zona, que no es competencia, te propone intercambiar enlaces: tú pones el suyo, él pone el tuyo.
Puedes hacerlo, pero no cuentes con que te suba mucho: Google da poco peso a un enlace que existe solo porque hay uno igual a cambio. Vale si además es un negocio con el que colaboras de verdad, no como estrategia sola.