Nuevo en la biblioteca: Una reserva, dos cosas que tienen que estar libres a la vez. Leer el artículo
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Academia Construir WhatsApp y clientes

El escaparate que vende sin que tú escribas

Que el catálogo de WhatsApp quede con los servicios de precio cerrado, una foto limpia y sin huecos en blanco, listo para que el cliente elija sin preguntarte antes.

6 min de lectura

Ya tienes la ficha resuelta: el horario real, el enlace de Maps, la descripción que contesta antes de que tú tengas que escribir. El cliente llega, la lee, y ya sabe dónde estás y cuándo abres. Pero en cuanto toca el catálogo, la cosa se tuerce: doce servicios a medias, precios en blanco, fotos que no pegan entre sí. Tienes doce servicios, quince variantes de cada uno, y te preguntas si subes todo lo que haces o solo tres cosas. Si la foto tiene que quedar bonita o basta con que quede clara.

Piensa en el catálogo como el mostrador, no como tu lista de precios completa guardada en un cuaderno. Es lo que el cliente ve en los cinco segundos antes de escribirte nada. Si ahí elige, reserva o pregunta la fecha. Si ahí no elige, te escribe a preguntar el precio — y eso es justo lo que el catálogo tenía que ahorrarte.

Qué sube y qué te callas por ahora

La regla para decidir qué entra es esta: si el precio no cambia según lo que te cuente el cliente, va al catálogo. Si necesitas verlo, medirlo o hablar con él antes de saber cuánto cobrar, no va. Eso se cobra con una conversación y, si acaso, con su propio enlace de pago cuando ya sepas la cifra, no con una ficha fija.

Un corte de pelo, una revisión de treinta minutos, una sesión suelta de entrenamiento: precio cerrado, foto y al catálogo, sin pensarlo más. Una reforma de baño, un logo a medida, la instalación de una caldera que todavía no has visto: eso sigue siendo una conversación. Meterlo en el catálogo con un precio inventado solo genera el mensaje de "esto al final cuánto es" que querías evitar.

No hace falta decidir esto para los doce servicios a la vez. Empieza por los tres o cuatro que ya vendes sin convencer a nadie. Los raros, los que se negocian caso por caso, se quedan fuera hasta que tengan un precio cerrado propio — y puede que nunca lo tengan, y no pasa nada.

Catálogo completo o catálogo esencial
Subir todo lo que haces
  • El cliente tarda en encontrar lo suyo entre variantes parecidas
  • Compites contigo mismo: dos fichas casi iguales confunden más que ayudan
  • Cada servicio nuevo te obliga a mantener veinte fichas al día
Subir lo que se pide solo
  • Cinco u ocho fichas, las que ya vendes sin tener que explicarlas
  • El cliente elige en la primera pantalla, sin desplazarse
  • Añades una ficha nueva solo cuando alguien la pide varias veces

Cual elijo: Empieza por lo esencial. Sube el catálogo completo solo si tu negocio vive de la variedad — una tienda con muchas referencias — y aun así ordénalo por lo que más se pide, no por el orden en que se te ocurrió.

La foto que elige por ti

La foto del catálogo no vende tu negocio: vende ese servicio en concreto. Nada de logo, nada de cartel con letras encima, nada de collage con cuatro fotos pequeñas apretadas en una. El plato ya montado, el corte ya hecho, la sala vacía y ordenada: una imagen, el resultado tal cual lo va a recibir el cliente.

Fondo liso, luz de día, el objeto centrado. No hace falta más que eso. Si para un servicio todavía no tienes una foto propia decente, mejor dejarlo fuera del catálogo esta semana que subir una borrosa o una sacada de un banco de imágenes. Se nota, y una foto que no es tuya resta más de lo que suma: el cliente compara esa imagen bonita con lo que de verdad recibe, y la diferencia se paga en confianza.

El precio no es un dato, es la respuesta

Cada ficha lleva un número, no un rango vago ni un hueco en blanco. "Desde 35 €" funciona cuando de verdad hay variantes de duración o de tamaño detrás. "A consultar" no funciona nunca: obliga al cliente a escribir exactamente lo que el catálogo tenía que ahorrarle a él y ahorrarte a ti.

El título dice qué incluye en cuatro o cinco palabras, y con las palabras que usa el cliente, no las tuyas. "Corte y lavado" gana a "Servicio de peluquería tipo A". "Revisión general" gana a "Mantenimiento preventivo nivel uno". Si el título necesita una segunda línea para entenderse, sobra algo en él.

Una ficha, tal cual se escribe
Corte y lavado — 18 €. Incluye lavado, corte y secado a mano. Sin cita previa: martes y miércoles, por orden de llegada.
El precio en blanco sale caro
Dejar el precio vacío o poner "a consultar" no te da margen: te da treinta preguntas iguales a la semana. Si de verdad varía, pon el precio más bajo con "desde" y una línea de qué lo cambia. Eso decide algo; un hueco en blanco no decide nada, solo aplaza la pregunta a más tarde.

Montar el catálogo esta semana

Cinco pasos para dejarlo listo
  1. 1Elige los tuyos
    Escribe los cinco u ocho servicios que vendes sin tener que explicarlos antes por mensaje.
  2. 2Pon precio cerrado
    Un número por ficha. Si de verdad varía, "desde" y una línea de qué lo cambia.
  3. 3Haz la foto
    Una imagen limpia por ficha, del resultado o del producto, sin texto ni logo encima.
  4. 4Ordénalos
    Los que más se piden, arriba del todo: el catálogo se recorre poco y se lee de arriba abajo.
  5. 5Revisa dentro de un mes
    Si dos o tres personas preguntan por algo que no está, esa es la próxima ficha que subes.

Con esto el catálogo ya elige por ti: el cliente ve precio y foto, y solo te escribe cuando quiere reservar de verdad. Lo que no resuelve es qué pasa con esa conversación una vez entra — si se te mezcla con las demás, se enfría o se pierde entre los mensajes del día. De eso trata la próxima lección: cambiar la etiqueta de la conversación en el momento en que pasa algo, no cuando te acuerdes.

Lo que te llevas
  • Catálogo con los servicios de precio cerrado: los que ya vendes sin convencer a nadie
  • Una foto limpia por ficha, del resultado, sin logo ni texto encima
  • Precio siempre visible; nunca "a consultar"
  • Arriba los más pedidos; el resto se sube cuando lo piden de verdad

Ponte a prueba

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Tienes una peluquería con corte a 18 € fijo y también extensiones de pelo cuyo precio varía según cantidad y color. ¿Qué subes al catálogo y qué dejas fuera?

El corte va con precio cerrado porque no cambia según lo que te cuente el cliente. Las extensiones se quedan fuera por ahora: el precio depende de lo que veas, así que necesitan una conversación, no una ficha fija.

2. Un cliente te escribe preguntando el precio de un servicio que ya tienes en el catálogo con la etiqueta "desde 25 €". ¿Qué te dice ese mensaje sobre la ficha?

Que el "desde" no basta solo: falta la línea que explica qué hace subir el precio. Sin ella el catálogo no le ahorra la pregunta al cliente, y sigues recibiendo el mismo mensaje que querías evitar.

3. Llevas un mes con el catálogo esencial de cinco fichas y tres personas distintas han preguntado por un servicio que no está. ¿Lo subes ya o esperas a tener más casos?

Lo subes ya. Tres preguntas repetidas por lo mismo es la señal de que ese servicio ya tiene un precio que sabes poner sin pensarlo, y por tanto puede pasar de conversación caso por caso a ficha con precio cerrado.

Ficha y catálogo ya contestan por ti antes de que escribas una palabra; lo que falta es que la gente llegue hasta ahí, y ese botón no puede seguir escondido en el pie de página.

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