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El material y el desplazamiento no salen de las horas del bono
Al terminar, decides qué parte de una visita descuenta el saldo de horas y qué se cobra aparte, para que el bono no se vacíe con gastos que no son tu tiempo.
Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026
Un bono de horas solo funciona si está claro qué parte de cada visita resta saldo y qué se cobra aparte. Un cliente con un bono de diez horas te llama porque la lavadora no calienta el agua. Vas a su casa, tardas cuarenta y cinco minutos en diagnosticarla y repararla, pero el material que le pones (un termostato) cuesta 18 euros, y el trayecto hasta su calle son veinticinco minutos de coche. Si le descuentas del saldo los setenta minutos que suman el trayecto y la reparación, y además le cobras la pieza en horas del bono, le estás cobrando gasolina y una pieza como si fueran minutos tuyos de trabajo.
Esto pasa con cualquier bono de horas que se use fuera de un local: reparaciones a domicilio, mantenimiento, jardinería, electricidad. El bono mide tu trabajo. No mide todo lo que rodea a una visita. Si no separas las dos cosas desde el primer día, cada visita se come un saldo distinto según la suerte del cliente, y eso no se sostiene cuando reclama.
Lo que consumen las horas: solo tu trabajo
La regla es corta: del saldo sale el tiempo en que estás resolviendo el problema del cliente. Diagnosticar la avería, desmontar, reparar, montar, probar que funciona. El material, y el desplazamiento si lo cobras, van aparte, con su propio precio, y no tocan el saldo. Si reparas aparatos de uso doméstico (una lavadora, un frigorífico), la norma ya lo separa así. Según el Real Decreto 58/1988, que se aplica en lo que no regule tu comunidad autónoma, la factura detalla las piezas de repuesto, el tiempo de mano de obra empleado y, si lo cobras, el desplazamiento, cada uno con su importe.
El motivo tiene que ver con el precio, no con la contabilidad. Cuando calculaste el precio de la hora del bono, partiste de lo que vale tu trabajo. El precio del material no lo decides tú, lo decide quien te lo vende. En la reparación de aparatos de uso doméstico, el mismo real decreto pide además que la pieza se cobre a su precio de venta al público. Si metes ese coste dentro de la hora, el precio de la hora deja de servir de referencia para nada: un trabajo sale caro o barato según qué pieza tocó, no según cuánto trabajaste tú.
Y hay un caso que se olvida siempre: el tiempo de espera. Si pides un material que no llevas encima y vuelves tres días después a montarlo, esos tres días no son tuyos ni del cliente. Nadie trabaja durante una espera, así que nadie paga por ella, ni con horas del bono ni aparte: con un particular, la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios considera abusivas las condiciones que prevén cobrar servicios que no se han consumido de manera efectiva. Y si reparas aparatos de uso doméstico, esa segunda visita no te deja cobrar otro desplazamiento: el mismo real decreto dice que se cobra una sola vez, aunque hagan falta varios desplazamientos para el mismo servicio.
El desplazamiento: se decide antes de vender el bono, no después
El trayecto es el caso raro: a veces va dentro del precio de la hora y a veces se cobra aparte, y la decisión depende de tu zona, no de una regla general que valga para todos los oficios.
Si trabajas en una zona compacta (un barrio, un pueblo, un polígono) y tus trayectos rondan siempre los mismos diez o quince minutos, puedes absorber ese tiempo dentro del precio de la hora. Todos los clientes del bono pagan un poco de trayecto de más, pero como el trayecto es parecido para todos, nadie sale perdiendo frente a otro.
Si en cambio cubres una zona amplia (una ciudad entera, varios pueblos) y el trayecto va de diez minutos a una hora según quién llame, absorberlo dentro de la hora es injusto: el cliente que vive al lado paga, en cada hora de su bono, parte de la carretera del que vive lejos. Ahí la solución es cobrar un desplazamiento aparte, fijo o por kilómetro, fuera del bono, igual para todos los que llamen desde la misma distancia. Y si vendes a particulares, esa tarifa se dice antes de vender el bono: la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios pide que, antes de quedar obligado, el cliente reciba de forma clara las condiciones económicas: el precio total o, si no se puede calcular de antemano, cómo se calcula, y los gastos que se le cobran aparte.
- Zona compacta, trayectos parecidos para todos los clientes
- Una sola cifra en el bono, más fácil de vender
- El cliente no ve una línea aparte de desplazamiento
- Zona amplia, trayectos muy distintos según el cliente
- Cada cliente paga solo el trayecto que le corresponde a él
- El bono mide siempre lo mismo, viva donde viva quien llama
- Necesitas una tarifa de desplazamiento decidida antes de vender el primer bono
Cuál elijo: Si tus trayectos son parecidos entre un cliente y otro, absorbe. En cuanto la diferencia se nota en el bolsillo de alguno, cobra aparte: es la única forma de que el bono valga lo mismo para todos los que lo compran.
Con esto ya sabes qué toca el saldo y qué no, y tienes la ficha para dejarlo por escrito en cada visita. Lo que falta es cómo se lo explicas al cliente en el momento, para que la resta no se convierta en una discusión.
- El saldo de horas se descuenta solo por el tiempo que dedicas a resolver el problema: diagnóstico, reparación, prueba.
- El material y las piezas se facturan aparte, a su precio, y nunca contra el saldo.
- El tiempo de espera de un material pedido tampoco descuenta horas: nadie trabaja mientras espera.
- El desplazamiento se decide una vez, según cuánto varíe entre clientes: absorbido en la hora si la zona es compacta, cobrado aparte si no lo es.
- Cada visita deja por escrito cuánto saldo se ha descontado y qué se ha cobrado fuera del bono.
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Un cliente con bono llama porque su caldera hace ruido. Vas, tardas veinte minutos en ver que necesita una pieza que no llevas, y vuelves tres días después a montarla en quince minutos. ¿Cuánto le descuentas del saldo?
Treinta y cinco minutos, el tiempo en que trabajaste en las dos visitas. Los tres días de espera no descuentan nada: no estabas trabajando para él, estaba pedida la pieza.
2. Vendes bonos de jardinería en una ciudad donde tienes clientes en el centro (ocho minutos) y clientes en las afueras (cuarenta minutos). Alguien te pide meter el trayecto dentro de la hora para simplificar el bono. ¿Lo haces?
No. Con esa diferencia, meter el trayecto en el precio de la hora hace que el cliente del centro pague, en cada hora, carretera que no recorre. Cobras un desplazamiento aparte según la zona, y el bono mide solo jardinería para los dos.
3. Un cliente reclama porque le has descontado una hora entera de una visita en la que solo trabajaste treinta minutos; el resto fue esperar a que llegara un repuesto del almacén. ¿Tiene razón?
Sí. Solo debieron salir del saldo los treinta minutos de trabajo. La espera del repuesto no es trabajo: no sale de sus horas ni se cobra aparte.
Ya sabes qué entra y qué no entra en el descuento; falta que el cliente lo vea sin tener que preguntarte cuánto le queda.
Fuentes
- Real Decreto 58/1988, de 29 de enero, sobre protección de los derechos del consumidor en el servicio de reparación de aparatos de uso doméstico. Boletín Oficial del Estado, texto consolidado, consultado en octubre de 2026.
- Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias. Boletín Oficial del Estado, texto consolidado, consultado en octubre de 2026.