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Pide la reseña cuando lo compruebe, no cuando pague
Que sepas identificar el segundo exacto del encargo en que se pide la reseña, para que el cliente diga que sí en vez de posponerlo.
Le entregas el trabajo. El cliente te dice que está contento. Y tú te callas, porque pedirle la reseña ahí mismo te parece forzar la cosa, así que decides pedírsela «en otro momento»: cuando le mandes la factura, cuando vuelva a pasar por la tienda, cuando tengas un rato tranquilo. Ese otro momento casi nunca llega. Y si llega, el cliente ya no se acuerda de lo bien que quedó.
El problema no es que se te olvide pedirla. El problema es que hay un instante muy concreto en el que el cliente está dispuesto a decir que sí, y se cierra en cuestión de minutos.
El instante en que se abre la ventana
Ese instante es el momento en que el cliente comprueba que el resultado funciona, no el momento en que paga. Cuando paga, está pensando en el dinero que acaba de soltar. Cuando comprueba el resultado —enciende la caldera y sale agua caliente, se mira al espejo con el corte terminado, entra desde el móvil en la web nueva— está pensando en el problema que tenía y en que ya no lo tiene. Ahí es donde viven las ganas de contarlo.
Si ya tienes montada tu primera página de servicio, sabes que el cliente decide por lo que ve en los primeros segundos. Con la reseña pasa algo parecido: se decide en los primeros segundos después de comprobar el resultado, o no se decide nunca.
- Está pensando en el gasto que acaba de hacer, no en el servicio
- Todavía no sabe si el resultado le convence del todo
- Dice «sí, luego la dejo» y ese luego no llega
- Está en el punto más alto de satisfacción: acaba de ver que funciona
- El problema que tenía sigue fresco, y por eso valora la solución
- Todavía te tiene delante o en el mismo chat, no tiene que buscarte
Cual elijo: Pide siempre en el momento en que el cliente comprueba el resultado, no en el momento en que paga. Solo te acercas al momento del pago cuando el oficio los junta sin remedio —una reparación que se cobra en el acto nada más terminar— y ahí separas los dos gestos con una frase, para que la reseña no quede pegada al ticket.
Cuando el resultado tarda en notarse
No todos los oficios tienen un instante tan claro. Una reforma se vive durante meses, un tratamiento de varias sesiones se nota poco a poco, un proyecto de diseño da su fruto cuando ya no te tienen delante. Ahí no existe «el momento en que funciona» al que esperar, porque para cuando llega, el cliente ya se ha ido de tu cabeza y tú de la suya.
En esos casos el criterio cambia: pides en la entrega final del trabajo, no en el resultado a largo plazo. La reseña no habla entonces del resultado —que aún no se ha comprobado del todo— sino de cómo fue el trato: si cumpliste los plazos, si contestaste rápido, si el presupuesto no dio sorpresas. Eso también vende, y lo tienes disponible ese mismo día, sin esperar a nada.
Con esto ya sabes en qué segundo exacto de tu trabajo se abre la puerta para pedir la reseña. Lo siguiente es saber a quién no le conviene mandársela, porque no todos los clientes te interesa que la dejen.
Pero pedirla en el momento justo no basta: hay clientes contentos a los que ni así se la pides. La próxima lección te dice a cuál.
- Sabes en qué segundo del encargo se pide la reseña: cuando el cliente comprueba el resultado, no cuando paga
- Tienes el criterio para servicios de resultado diferido: pedir al cerrar el trato, sobre el proceso
- Sabes evitar el error de pedirla en el mismo gesto de cobrar