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El motivo que da el banco decide si puedes ganar

Sabe leer el motivo de un contracargo en el primer minuto y decidir si hay algo que pelear, antes de reunir ninguna prueba.

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Te llega un aviso del panel: "Se ha reclamado tu cobro de 68 euros. El banco ya se lo ha devuelto al cliente. Tienes 7 días para responder o se da por cerrado." No te ha llamado nadie. No te ha escrito el cliente. El dinero ya no está en tu cuenta.

La reacción normal es ponerse a reunir todo lo que hay sobre esa venta: el ticket, el correo de confirmación, la conversación de WhatsApp donde quedasteis el horario. Es la reacción normal, y es la equivocada. Antes de reunir nada, hay una sola cosa que decidir: si merece la pena intentarlo. Esa decisión no depende de lo buena que sea tu prueba. Depende del motivo que haya marcado el cliente al reclamar.

Por qué el dinero ya ha volado cuando te avisan
El banco devuelve el cobro al titular de la tarjeta en cuanto acepta la reclamaciónPierdes el dinero antes de que nadie te haya escuchado a ti

Las redes de pago protegen primero a quien tiene la tarjeta en la mano, no a quien vendió

El motivo no lo escribes tú, lo elige el titular de la tarjeta

Cuando alguien disputa un cobro con su banco, no escribe una carta explicando lo que pasó. Rellena un formulario con una lista cerrada de motivos, y elige uno. Ese motivo es el único dato que te llega a ti como comercio: no ves la queja completa, ves una etiqueta.

Las etiquetas se agrupan en cuatro familias, y cada familia se juega con reglas distintas. La primera es no reconozco el cargo: el titular dice que él no ha comprado nada, que alguien ha usado su tarjeta sin permiso. La segunda es no lo recibí: pagó, y el pedido, la cita o el acceso nunca llegó. La tercera es no era lo que pedí: lo recibió, pero dice que no se corresponde con lo que anunciabas. Y la cuarta es pedí que me lo cancelaran y me han seguido cobrando: canceló o pidió la baja y el cargo sigue ahí, o llega duplicado.

Piensa en lo que vendes tú: una cita en la peluquería, un pedido de velas, un acceso a un curso online. El mismo motivo, no lo recibí, significa cosas distintas según el caso. En una cita significa que el cliente dice que nunca le llegó el aviso de confirmación. En un pedido significa que el paquete no llegó a su casa. En un acceso significa que nunca recibió el enlace ni la contraseña. El motivo es el mismo, pero lo que hay que enseñar cambia, y eso lo vemos con calma en la próxima lección.

El primer motivo es el que más asusta y el que menos puedes hacer. Si de verdad ha sido un desconocido el que ha pagado con una tarjeta ajena, no hay ticket, ni foto, ni conversación que cambie el resultado: la ley protege al titular real de la tarjeta, no a ti. La red de pago no te pide que demuestres que el servicio se prestó bien; te pide que demuestres que fue esa persona, con su consentimiento, quien pagó. Eso casi nunca lo puedes probar tú solo.

Hay una excepción, y conviene conocerla porque cambia la decisión: si el cliente es alguien que ya te había comprado antes, con el mismo teléfono, la misma dirección de entrega, la misma cita puesta en su agenda, ahí sí hay algo que objetar. Los indicios de que no fue un fraude al azar, historial repetido, mismos datos de contacto, son lo que cambia el cálculo, aunque nunca lleguen a demostrar del todo que fue él quien pagó. Fuera de esa excepción, la mejor decisión con no reconozco el cargo es no pelear: se pierde casi siempre, y el tiempo dedicado no cambia el resultado.

Solo dos de los cuatro motivos se pueden ganar con una prueba tuya
MotivoQué dice el titularQué hace falta para ganar
No reconozco el cargoAlguien usó mi tarjeta sin mi permisoCasi nada te salva: si de verdad fue otra persona, ninguna prueba tuya lo cambia
No lo recibíPagué y no llegóUn aviso de confirmación o de entrega que el titular haya visto o aceptado
No era lo que pedíLo recibí pero no es lo que anunciabasLa ficha exacta que publicaste antes de la venta, aunque el banco decide con criterio propio
Cancelación o cobro duplicadoCancelé y me siguieron cobrando, o me cobraron dos vecesTu propia política de cancelación, aceptada por escrito antes de la venta

Con no era lo que pedí pasa algo distinto, y conviene saberlo antes de decidir si merece la pena. Aquí no hay un documento que zanje la discusión, como el aviso de entrega. Hay una opinión del cliente contra la ficha que publicaste, y quien decide es una persona del banco que ni ha visto tu producto ni conoce tu oficio. Si tu ficha era vaga, con una foto genérica y una frase de una línea, ya has perdido antes de empezar. Si tenía medidas, materiales, fotos del producto real y las condiciones de devolución escritas, tienes algo que enseñar, aunque el resultado no dependa solo de eso.

La familia de la cancelación es la más distinta de las cuatro porque aquí la prueba la escribes tú antes de vender, no después. Si tu política dice cuántos días antes se puede cancelar una cita sin penalización, y el cliente la aceptó al reservar, un cargo posterior a una cancelación fuera de plazo se defiende con ese texto. Si esa política no existe, o existe pero nunca se la enseñaste antes de cobrar, no hay nada que oponer, porque el banco no va a inventarse una norma que tú nunca escribiste.

El plazo para responder suele ser de entre siete y diez días desde que llega el aviso, y ese reloj no espera a que decidas con calma. Por eso el orden importa: primero el motivo, después, si toca, la prueba.

El error caro: tratar cada aviso como si fuera el mismo caso
Dedicar una tarde a reunir pruebas para un no reconozco el cargo que estaba perdido desde el primer minuto, y llegar sin tiempo al no lo recibí que sí tenías opciones de ganar. Si te llegan dos avisos la misma semana, uno de 40 euros por el primer motivo y otro de 90 por el segundo, el segundo es el que se trabaja primero. El motivo, no el importe, decide dónde va tu tiempo.

Con esto ya puedes hacer lo que antes no podías: leer el aviso y saber, en el mismo minuto, si vas a construir una respuesta o si vas a dejarlo pasar. Lo que reúnas para responder, y cómo cambia según hayas vendido una cita, un pedido o un acceso, es la siguiente decisión.

Lo que te llevas
  • Sabes que el motivo lo elige el titular, no tú, y que te llega como una etiqueta cerrada
  • Distingues las cuatro familias: no reconozco el cargo, no lo recibí, no era lo que pedí, cancelación o duplicado
  • Sabes que no reconozco el cargo casi nunca se gana, salvo que haya indicios de que es un cliente conocido
  • Decides en el primer minuto si merece la pena reunir algo, antes de reunir nada

Ponte a prueba

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Un cliente que te ha comprado dos veces antes, con la misma dirección de siempre, disputa un cobro de 55 euros como no reconozco el cargo.

Merece la pena responder: aunque el motivo sea el más difícil de ganar, el historial de compras repetidas con los mismos datos es justo la excepción que lo hace defendible.

2. Te llega un contracargo por no lo recibí de una reserva de cita, y tienes el mensaje automático que le llegó al cliente confirmando el horario y que él mismo respondió por WhatsApp.

Se pelea: tienes justo lo que pide este motivo, una confirmación que demuestra que el servicio existió y que el cliente lo supo.

3. Un cliente reclama no era lo que pedí sobre un producto que coincide exactamente con las fotos y la descripción publicadas, pero sabes que el banco decide esto con criterio propio, no con una regla fija.

Se responde igualmente con la ficha exacta que tenías publicada en el momento de la venta: sin ella ya se pierde seguro, con ella al menos hay opción, aunque no sea la más alta de las cuatro familias.

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