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El orden en que cierras la puerta cuando alguien se va
Sales sabiendo en qué orden revocar accesos el día que alguien se va, para no dejarle una puerta abierta ni quedarte tú fuera de tu propio dominio.
Ya sabes dónde vive la caja fuerte y quién puede abrirla; ahora toca decidir qué le quitas primero a quien se va. Un socio se va, una agencia deja de llevarte la web o el empleado que gestionaba el correo se despide. Ese mismo día tienes que decidir qué le quitas primero. Si aciertas el orden, cierras la puerta sin dejarte fuera tú. Si lo haces al revés, pasa una de dos cosas malas: que siga pudiendo entrar semanas después, o que te quedes tú sin poder tocar tu propio dominio.
No es una cuestión de rapidez, es una cuestión de secuencia: hay accesos que, si los tocas en el orden equivocado, deshacen lo que acabas de hacer.
Por qué el orden importa más que la velocidad
Ya sabes que hay tres llaves distintas: quien compra el dominio, quien apunta el DNS y quien administra el correo. Si esa persona tenía las tres, revocarlas en cualquier orden daría igual. Pero casi nunca es así: lo normal es que tuviera dos, o que conociera una contraseña compartida que también abre otra puerta.
Ahí está el riesgo. Si le quitas el correo antes que el registrador, y esa contraseña del registrador se la mandaste alguna vez por ese mismo correo, todavía puede recuperarla. Si le quitas el DNS antes que la administración del correo, puede volver a entrar al DNS pidiendo un aviso de "recuperar contraseña" que le sigue llegando a él.
- 1Aseguras tu propia entrada
Antes de tocar nada suyo, entras tú al registrador y compruebas que el correo de recuperación y el segundo factor son tuyos, no los suyos. Si no lo son, los cambias ahora, antes de avisar a nadie. - 2Cierras el registrador
Cambias la contraseña maestra de quien compra el dominio. Es la llave más cara: quien la tiene puede llevarse el dominio entero a otra cuenta. - 3Cierras el DNS
Le quitas el acceso al panel donde apunta el dominio, o cambias la contraseña si era compartida. Sin esto puede seguir moviendo tu web y tu correo a otro sitio aunque ya no tenga el registrador. - 4Cierras la administración del correo
Le retiras el rol de administrador de Google Workspace o Microsoft 365. Un administrador puede crearse otra cuenta de administrador aunque le borres la suya. - 5Por último, su buzón personal
Solo cuando lo anterior está cerrado, tocas su cuenta [email protected]: primero un reenvío, después la baja.
¿Revocar ya o avisar con un plazo?
- Cero ventana de riesgo: en cuanto se comunica la salida, ya no entra en nada.
- Exige tener la secuencia de cinco pasos lista de antes, no improvisada.
- Le deja tiempo para entregar contraseñas propias o exportar lo suyo antes de perder el acceso.
- Cada hora que pasa es una hora en la que puede seguir entrando si la salida no fue amistosa.
Cual elijo: Si es una separación acordada y sigues confiando —fin de contrato con aviso, venta pactada— das un plazo corto para que entregue lo suyo. Si hay tensión, despido o sospecha de que puede llevarse algo por delante, revocas en el momento y ya resuelves después lo que falte por recuperar.
El paso que más se salta es el último, y a propósito: por comodidad, se deja su buzón abierto "por si hay que reenviar algo". Ese es justo el error caro.
Esta misma secuencia —asegurar tu entrada, registrador, DNS, administración de correo, buzón personal— la vas a necesitar también el día que el dominio cambie de dueño de verdad, aunque ahí hay un paso más que ves en la próxima lección.
- Compruebas primero que tu propia entrada al registrador no depende de la persona que se va.
- Revocas empezando por la llave más cara —el registrador—, luego el DNS, luego la administración del correo, y su buzón personal el último.
- Decides si revocas en el momento o das un plazo corto según si la salida es de confianza o no.
- Antes de borrar su buzón, dejas un reenvío puesto para no perder al cliente que le escriba.