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El orden en que cierras la puerta cuando alguien se va
Sales sabiendo en qué orden revocar accesos el día que alguien se va, para no dejarle una puerta abierta ni quedarte tú fuera de tu propio dominio.
Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026
Un socio se va, una agencia deja de llevarte la web o el empleado que gestionaba el correo se despide. Ese mismo día tienes que decidir qué le quitas primero. Si aciertas el orden, cierras la puerta sin dejarte fuera tú. Si lo haces al revés, pasa una de dos cosas malas: que siga pudiendo entrar semanas después, o que te quedes tú sin poder tocar tu propio dominio.
No es una cuestión de rapidez, es una cuestión de secuencia: hay accesos que, si los tocas en el orden equivocado, deshacen lo que acabas de hacer.
Por qué el orden importa más que la velocidad
Detrás de tu dominio hay tres llaves distintas: quien compra el dominio, quien apunta el DNS y quien administra el correo. Si esa persona tenía las tres, revocarlas en cualquier orden daría igual. Pero casi nunca es así: lo normal es que tuviera dos, o que conociera una contraseña compartida que también abre otra puerta.
Ahí está el riesgo. Si la recuperación de contraseña del registrador o del DNS va a un correo que esa persona todavía lee, puede volver a entrar pidiendo un aviso de «recuperar contraseña» aunque le hayas cambiado la clave. Y si le quitas el correo pero no cambias la contraseña del registrador, la que tenga guardada le sigue sirviendo. Por eso el orden empieza por tu propia entrada y sigue por la llave más cara.
- 1Aseguras tu propia entrada
Antes de tocar nada suyo, entras tú al registrador y compruebas que el correo de recuperación y el segundo factor son tuyos, no los suyos. Si no lo son, los cambias ahora, antes de avisar a nadie. - 2Cierras el registrador
Cambias la contraseña maestra de quien compra el dominio. Es la llave más cara: quien la tiene puede llevarse el dominio entero a otra cuenta. - 3Cierras el DNS
Le quitas el acceso al panel donde apunta el dominio, o cambias la contraseña si era compartida. Sin esto puede seguir moviendo tu web y tu correo a otro sitio aunque ya no tenga el registrador. - 4Cierras la administración del correo
Le retiras el rol de administrador de Google Workspace o Microsoft 365, y revisas la lista de administradores: mientras lo era, pudo crearse otra cuenta con ese rol, y esa no desaparece al quitárselo a la suya. - 5Por último, su buzón personal
Solo cuando lo anterior está cerrado, tocas su cuenta nombre@tudominio.com: primero un reenvío, después la baja.
¿Revocar ya o avisar con un plazo?
- Cero ventana de riesgo: en cuanto se comunica la salida, ya no entra en nada.
- Exige tener la secuencia de cinco pasos lista de antes, no improvisada.
- Le deja tiempo para entregar contraseñas propias o exportar lo suyo antes de perder el acceso.
- Cada hora que pasa es una hora en la que puede seguir entrando si la salida no fue amistosa.
Cuál elijo: Si es una separación acordada y sigues confiando, fin de contrato con aviso, venta pactada, das un plazo corto para que entregue lo suyo. Si hay tensión, despido o sospecha de que puede llevarse algo por delante, revocas en el momento y ya resuelves después lo que falte por recuperar.
El último paso se suele hacer mal de dos maneras: dejar su buzón abierto, con su contraseña de siempre, «por si hay que reenviar algo», o borrarlo el mismo día. La segunda es la más cara.
Esta misma secuencia, asegurar tu entrada, registrador, DNS, administración de correo, buzón personal, la vas a necesitar también el día que el dominio cambie de dueño de verdad, aunque ahí hay un paso más que ves en la próxima lección.
- Compruebas primero que tu propia entrada al registrador no depende de la persona que se va.
- Revocas empezando por la llave más cara, el registrador, luego el DNS, luego la administración del correo, y su buzón personal el último.
- Decides si revocas en el momento o das un plazo corto según si la salida es de confianza o no.
- Antes de borrar su buzón, dejas un reenvío puesto para no perder al cliente que le escriba.
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