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El precio que enseñas antes de que pregunten
Sales de aquí sabiendo si cada cosa que vendes lleva un número, un 'desde' o un 'escríbenos', según cuánto cambie de verdad lo que cobras.
Tienes delante el cuadro de precios de tu web y el cursor parpadeando. Puedes escribir 35 €, puedes escribir desde 35 €, puedes dejar un rango o puedes poner escríbenos y te decimos. Las cuatro son honestas. Solo una te conviene para cada cosa que vendes, y no es siempre la misma.
La duda no es de gusto, es de negocio: cuánto varía lo que cobras de un cliente a otro por el mismo servicio. Esa respuesta, y no la costumbre de enseñar o esconder precio, es la que decide qué escribes. Ya tienes escrito dónde termina cada cosa que vendes; ahora toca decir cuánto cuesta llegar hasta ahí.
La pregunta que decide el formato
Pregúntate, para cada servicio, una sola cosa: si llegan diez clientes distintos a por lo mismo, ¿les cobras a los diez igual, a los diez distinto pero dentro de un margen pequeño, o el precio depende de cosas que no sabes hasta que hablas con cada uno?
Si los diez pagan igual, pones el número. Un corte de pelo de hombre, una revisión de coche, una hora de clase de inglés: el coste no cambia porque cambie el cliente, así que esconder el precio solo añade un paso que no aporta nada.
Si los diez pagan parecido pero no igual, pones desde seguido del más bajo real. Un tinte cuesta distinto según el largo del pelo, pero tú sabes cuál es el más barato que vas a cobrar. Ese número, no uno inventado para atraer, es el que va detrás del desde.
Si el precio depende de decisiones que solo conoces cuando hablas con el cliente —cuántas invitaciones lleva la tarta, cuántas paredes tiene la reforma—, ahí no hay número honesto que poner. Pides que pregunten, y ya viste que ese presupuesto se cobra con su propio enlace, no se mete en el catálogo.
- El cliente decide sin escribirte primero
- Filtra solo a quien te interesa antes de que gastes tu tiempo
- Funciona cuando el coste real casi no cambia entre clientes
- Evita poner un número que luego no se cumple
- Obliga a una conversación antes de cobrar
- Funciona cuando el encargo cambia con cada cliente
Cual elijo: Elige precio a la vista para todo lo que se repite igual o casi igual; resérvate el precio a medida para lo que de verdad no puedes saber sin preguntar. Pedir que pregunten cuando en realidad ya sabes el número es el error que ahuyenta a quien solo quería reservar.
Cómo se escribe cada uno
Los tres formatos pueden convivir en la misma página sin que parezca un desorden, porque cada línea dice de un vistazo qué tipo de precio es.
El error caro del 'desde'
Lo mismo pasa al revés: si metes en el catálogo un servicio que en realidad depende de tantas cosas que nunca aciertas el número, estás prometiendo un precio que vas a tener que corregir por teléfono. Eso cuesta más confianza que no poner número y pedir que pregunten desde el principio.
La regla no cambia con el tamaño del negocio: cuanto menos varía lo que vendes, más cerca del número exacto debe estar tu texto; cuanto más depende de cada cliente, antes debes mandarlo a preguntar en vez de inventar una cifra que suene bien.
- Cada servicio de tu web tiene ya decidido su formato de precio: número exacto, 'desde' o pregunta directa.
- El número que aparece, sea cual sea el formato, es el real que cobras al cliente más barato, no uno de gancho.
- Lo que no tiene precio fijo manda a pedir presupuesto por su propio enlace, no a un formulario genérico de contacto.
- Queda pendiente decidir qué fecha te puedes permitir prometer — esa es la siguiente lección.