Academia › Publicar › Que te encuentren en Google
Precio cerrado o presupuesto: qué cifra das en cada página
Decides en qué páginas das un precio cerrado y en cuáles llevas a un presupuesto, sabiendo que Google solo contempla el precio junto al enlace en páginas de producto y que un precio que luego no se cumple hace que el cliente se sienta engañado.
Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026
Tienes dos páginas. Una es «corte de pelo, 18€». La otra es «reforma de cocina, pide presupuesto». Esa tarjeta con precio y estrellas que a veces aparece junto al enlace no sale de tu ficha de Google: sale de tu propia página, y no todas tus páginas se la ganan. La pregunta de hoy es más concreta: de estas dos páginas, ¿en cuál das un precio cerrado?
La respuesta no depende de si el servicio es caro o barato, ni de si te da vergüenza enseñar el precio. Depende de una sola cosa: si esa cifra la vas a cobrar tal cual, o si es solo un punto de partida.
Un matiz antes de seguir: Google describe esa tarjeta con precio para páginas de producto, y entre los motivos por los que pone una acción manual está etiquetar como producto algo que no lo es. Si lo que ofreces es un servicio, como un corte o una reforma, no cuentes con ver el precio junto al enlace. La decisión de esta lección te sirve igual para el precio que escribes en la página y, en los productos que vendes, también para el que va en el dato que lee Google. Eso último pide dos cosas: que tu web te deje ponerlo (si no, pídeselo a quien te la lleva) y que vaya en su propio dominio, para que la página de cada producto salga en Google por su cuenta.
El precio cerrado sí, el presupuesto no
Un precio cerrado es el que un cliente puede pagar sin hablar contigo antes. Corte de pelo, 18€. Revisión del coche, 45€. Clase suelta de yoga, 12€. Entra, ve el precio, paga o reserva. Si ese precio aparece en Google junto al enlace, cuando lo abra se va a encontrar exactamente eso.
Un presupuesto a medida es distinto por naturaleza, no por tamaño. «Reforma de cocina» no cuesta lo mismo en 6 metros que en 20, con muebles de serie o a medida. Ahí no hay una cifra, hay un rango que depende de lo que decidáis entre los dos. Por eso un presupuesto no va en el catálogo como un servicio más: su precio sale de la conversación, no de una lista. El mismo motivo que lo saca del catálogo es el que lo saca del precio junto a Google.
- El cliente paga esa cifra sin hablar contigo antes
- La página tiene un botón de reservar o comprar, no un formulario de contacto
- El precio es el mismo para todos los que piden lo mismo
- La cifra final depende de una conversación o una visita
- La página termina en «pide presupuesto», no en «paga aquí»
- Dos clientes con la misma petición pueden pagar cifras distintas
Cuál elijo: Si la página encaja en la columna de servicio cerrado, das la cifra tal cual en la página y, si es un producto de tu tienda y tu web te deja, también en el dato que lee Google. Si encaja en la de a medida, la dejas fuera del dato y confías en que el propio texto de la página explique el rango.
Lo que pasa cuando pones un precio que no se cumple
El fallo habitual no es no poner precio. Es poner uno que en realidad es «desde». Una peluquería pone el precio en su página de «tinte, 35€» porque el tinte más sencillo cuesta eso, pero muchos de sus tintes llevan mechas, y esos suben a 60€ o 70€. El cliente llega desde Google con el 35€ ya en la cabeza. Cuando le dicen el precio real en el mostrador, no es que le parezca caro: es que se siente engañado, y eso pesa más que el propio dinero.
La regla práctica es esta: si necesitas la palabra «desde» para que el precio sea verdad, esa página no es de servicio cerrado, aunque tenga un número. O lo partes en dos servicios, cada uno con su precio («tinte sin mechas, 35€» y «tinte con mechas, 65€»), o sacas el precio de la tarjeta y lo dejas solo en el texto, donde puedes explicar de qué depende.
Esto se decide página por página, no para todo el negocio a la vez. Es normal tener una web con corte de pelo a precio cerrado y coloración a medida, o una academia con la clase suelta a precio fijo y las clases particulares con presupuesto según el nivel. No hay que elegir un bando para toda la web: hay que mirar cada página y preguntarse si el precio que escribirías es el que de verdad se cobra.
Con esto ya sabes en qué páginas de tu web das un precio cerrado, el que en un producto puede viajar hasta Google, y en cuáles no. Lo que viene después es una decisión parecida pero con las estrellas: las que enseñas tú en tu web no son las mismas que las de tu ficha, y hay que saber cuándo ponerlas.
Con el precio ya decidido, queda la pregunta que más cuesta responder: qué reseñas pueden dar estrellas junto a tu enlace y cuántas necesitas antes de enseñar también la valoración.
- Identificadas tus páginas de servicio cerrado, donde el precio que escribes es el que de verdad se cobra
- Identificadas tus páginas de presupuesto, donde el precio se queda fuera de la tarjeta de Google
- Revisado que ningún precio que marcas para Google necesite la palabra «desde» para ser verdad