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El proveedor con el que ya trabajas, antes que un enlace comprado

Sabe pedir el enlace a quien ya tiene una relación real con su negocio, y qué ofrecerle a cambio sin montar un canje artificial.

7 min de lectura

Ya sabes qué enlace suma y cuál te penaliza, y ya tienes la ficha del directorio del gremio rellenada entera, no a medias. Pero la web sigue sin subir posiciones, porque a Google le siguen faltando páginas ajenas que digan que esta empresa existe y es de fiar. No vas a esperar a que un periódico te llame ni a comprar un paquete de enlaces con nombre bonito.

Hay una fuente de enlaces que casi nadie mira porque la tiene delante todos los días: la gente con la que ya haces negocios. El almacén donde compras el material cada semana tiene web. El fontanero al que le pasas clientes de reformas, también. La asesoría que te lleva los impuestos, también. La pregunta no es si tienen web. Es si alguna vez se lo has pedido.

Coge un momento y haz la lista de verdad, con nombre y apellido, de quién te vende, a quién derivas trabajo y quién te deriva a ti. Esa lista, no el buscador de Google, es de donde va a salir el próximo enlace.

A quién se lo pides, y a quién no

No vale cualquiera. Un enlace pesa porque detrás hay una relación real, y esa relación es lo que Google intenta oler cuando mira quién te enlaza. Si le pides el enlace a alguien con quien nunca has hablado, el mensaje suena a lo que es: un favor forzado entre desconocidos, el mismo paquete de la lección anterior con otro nombre.

El criterio es simple. ¿Esta empresa aparecería igual en tu conversación aunque no existiera Google? Si le cuentas a un cliente «el material me lo trae Marta» o «para la instalación eléctrica llama a Andrés», esa persona ya está en tu negocio de verdad. A esa se lo pides primero.

Pasa igual en otros oficios. La peluquera y la esteticista de la misma calle se derivan clientas continuamente y ninguna se lo ha pedido nunca a la otra. El carpintero que hace la cocina y el pintor que la remata al terminar, lo mismo. Si ya existe la derivación de boca, falta solo pedir que se ponga por escrito con un enlace.

La ficha del directorio del gremio, de la lección anterior, ya la tienes rellenada. Esto es distinto: no es apuntarse a una lista, es pedirle a una persona concreta de esa asociación que te mencione en un caso o en la newsletter que mandan a los socios.

Hay cuatro tipos de negocio que suelen cumplir la condición de la relación real, y no pesan igual.

El negocio complementario da el enlace que más pesa
QuiénEl enlace que te daLo que le ofreces tú
El proveedor habitualUna mención en su web, si tiene sección de clientes o casosSeguir comprándole a él, no cambiar de proveedor cada mes por ahorrarte un euro
El negocio complementarioUn enlace en su web, donde deriva a los oficios que él no cubreDerivarle tú los suyos, y decirlo así de claro en tu propia web
La asociación del gremioEl enlace desde su directorio, si ya tienes la ficha completaParticipar cuando organiza algo, no solo estar apuntado en la lista
El cliente con web propiaUna mención del trabajo que le hiciste, con enlace a la ficha o al casoDejar que cuente el precio real que pagó, sin maquillarlo

Qué le ofreces a cambio, sin montar un canje

Aquí es donde la mayoría se equivoca, aunque haya elegido bien a quién pedírselo. Ofrecer «yo te enlazo si tú me enlazas» convierte una relación real en el mismo esquema artificial de la lección anterior, solo que con nombres conocidos en vez de una agencia. Google no mira si los dos negocios existen de verdad. Mira si el enlace habría aparecido sin el pacto.

La mención honesta funciona. El canje no. Si el fontanero te deriva clientes, ponlo en tu web como el fontanero al que recomiendas cuando alguien lo necesita, no en una página aparte titulada «enlaces amigos». Si un cliente quedó contento, pídele que cuente el trabajo en su propia web y enlace al tuyo donde lo cuenta, no en el pie de página de todas sus visitas.

Tampoco hace falta que el enlace esté en la portada de su web. Vale más una mención dentro de la página de casos o de proveedores que un enlace forzado en el menú principal, porque esa página es la que de verdad visita alguien buscando a quién contratar.

Y cuando todavía no tengas nada que ofrecer, ofrece trabajo futuro: la próxima vez que alguien te pregunte por ese oficio, lo mandas a él. Eso también es moneda, aunque no quede escrito en ningún sitio. Esto se hace en el momento en que hablas con él, no cuando tengas un rato para escribir el correo.

El mensaje que se manda hoy

El mensaje al proveedor, tal cual
Hola Marta, llevamos tres años comprándoos el material y siempre lo contamos cuando alguien pregunta de dónde lo sacamos. Estoy poniendo al día la web y quería preguntarte: ¿tenéis una sección de instaladores o de clientes donde podáis poner nuestro nombre con un enlace? Nosotros os mencionamos igual en la página de proveedores que estamos montando. Si prefieres que te mande primero el texto para que lo revises, sin problema.
El error caro: el canje que no distingue con quién
Meter tu enlace en la web de cualquiera que te lo pida a cambio de poner el suyo, sin mirar si el negocio tiene algo que ver contigo, es el mismo paquete de enlaces de la lección anterior con otro nombre. Si en tres meses tienes veinte enlaces recíprocos con negocios de otra ciudad y de otro oficio, Google ve el patrón antes de que tú veas el resultado. Y si alguien te ofrece un paquete de veinte enlaces recíprocos a cambio de una cuota mensual, es ese mismo servicio disfrazado de red de contactos. Pide el enlace a quien ya conoces, uno a uno, y deja que cada mención aguante la pregunta de por qué está ahí.

Con esto, la web ya suma enlaces que existen porque hay negocio real detrás, no porque se hayan comprado. Lo que queda para la próxima lección es qué hacer cuando el proveedor y el cliente no bastan, y toca llamar a la puerta de un medio de tu zona.

Lo que te llevas
  • Tienes la lista de con quién ya haces negocios de verdad, y sabes a quién pedirle el enlace primero
  • Sabes qué ofrecerle a cambio sin montar un canje artificial
  • Tienes el mensaje escrito para mandar hoy al proveedor o al negocio complementario
  • Reconoces el intercambio masivo que penaliza, antes de caer en él

Ponte a prueba

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. El mayorista de material te vende cada semana, pero nunca habéis hablado de nada que no sea el pedido. ¿Le pides el enlace igual?

Sí, pero no a bocajarro. Primero le cuentas que lo mencionas cuando te preguntan por el material, y le ofreces aparecer en tu página de proveedores antes de pedirle nada a él. La relación real ya existe, aunque nunca se haya hablado de webs entre vosotros.

2. El fontanero con el que te derivas clientes de palabra no tiene web, solo una ficha de mapa. ¿Su enlace vale para algo?

Sin web propia no hay enlace que pedir todavía. Se le ayuda a montar la suya, o se espera a que la tenga, y mientras tanto se sigue derivando clientes de palabra, que es justo la relación que más adelante va a dar el enlace.

3. Un cliente contento se ofrece él mismo a poner tu enlace si tú pones el suyo en la misma frase. ¿Aceptas?

Sí, porque la relación es real y no hay ningún patrón detrás, solo dos negocios que se conocen y lo cuentan. El límite no está en que exista reciprocidad, está en organizarla a escala con gente que no conoces de nada.

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