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El saldo del bono se mide en horas o en trabajos cerrados, nunca en visitas — y se carga entero al vender
Sabe elegir entre bono de horas y bono de trabajos cerrados, y a cargar el saldo completo el día que cobra el bono, no cuando el cliente empieza a gastarlo.
Ya sabes que si cada aviso dura distinto, el bono no se cuenta por visitas. Pero en cuanto te sientas a montar la ficha del bono aparece la pregunta que de verdad importa: ¿qué saldo le vendes al cliente? ¿Diez horas? ¿Ocho trabajos?
No es un detalle de formulario. Un bono de "10 horas de mantenimiento informático" y un bono de "8 revisiones de ordenador" se anuncian con la misma frase y cuestan lo mismo, pero cada uno tira de un hilo distinto en cuanto empiezas a descontar. Uno se mide con un reloj. El otro, contando entregas.
Si eliges mal ahora, la confusión no aparece el día que vendes el bono. Aparece tres avisos después, cuando el cliente te dice que eso "no puede haberle costado tanto tiempo".
Qué mide el saldo: el reloj o el trabajo entregado
- El cliente entiende el reloj: sabe cuánto le queda sin que se lo expliques.
- Sirve cuando un mismo tipo de aviso puede durar de quince minutos a tres horas, según la casa o el equipo.
- El descuento es automático: apuntas la hora de entrada y la de salida de cada visita.
- Encaja en oficios donde el precio de mercado ya es por hora: jardinería, soporte informático, asesoría, limpieza.
- El cliente compra un resultado, no un tiempo: "una revisión", "un diseño de logo", "una sesión con protocolo fijo".
- Sirve cuando el precio no depende de cuánto tardes tú dentro, sino de lo que entregas al salir.
- Evita la pelea de "esto no debería haber tardado tanto": el trabajo vale igual si tarda veinte minutos que cincuenta.
Cual elijo: Elige horas cuando la duración del aviso varía tanto que ni tú la puedes prometer de antemano. Elige trabajos cerrados cuando el aviso tiene un principio y un final fijos y el cliente paga por el qué, no por el cuánto. Un instalador de aire acondicionado vende horas; un diseñador que entrega logos vende trabajos cerrados.
Ya viste en otra lección la diferencia entre cobrar horas de reloj y cobrar trabajos cerrados sueltos. Aquí la pregunta es parecida pero distinta: ahí decidías cómo cobras un aviso suelto; aquí decides con qué mides lo que queda en el bono.
Un jardinero que poda setos, riega y hace pequeñas talas no puede vender "8 trabajos", porque un trabajo suyo puede ser quince minutos o cuatro horas: ahí el saldo tiene que ser horas. Un diseñador que hace logos sí puede vender "5 logos", porque cobra lo mismo si tarda dos horas que si tarda seis.
La pregunta que te saca de dudas es esta: si dos clientes pagan lo mismo por el bono, ¿esperan que les rinda igual de tiempo, o esperan que les rinda igual de resultado? Si la respuesta es tiempo, vende horas. Si es resultado, vende trabajos cerrados.
Cargar el saldo entero al vender, no al primer aviso
El saldo se carga completo en el momento en que el cliente paga el bono. No cuando reserva el primer aviso, no cuando ese aviso se hace. Si vende diez horas el lunes y el primer trabajo lo hace el mes que viene, ese cliente ya tiene diez horas en su cuenta desde el lunes.
Parece obvio, pero se salta con frecuencia porque el negocio piensa el bono como una promesa de futuro y no como una venta ya cerrada. Y si no lo cargas al momento del cobro, el día que el cliente te pregunte "¿cuánto me queda?" no tendrás una cifra fija de la que restar. Tendrás una promesa verbal y una discusión servida.
Cargar el saldo al vender también te obliga a decidir, antes de que empiece a gastarse, cómo se descuenta cada aviso. Eso incluye el redondeo: si un trabajo dura cuarenta minutos, ¿se descuentan cuarenta, cuarenta y cinco, o una hora entera? Esa regla se escribe en la ficha del bono el día que se vende. No se inventa sobre la marcha en el tercer aviso.
Con el saldo bien definido y cargado, queda un problema pequeño pero constante: qué le cobras al cliente cuando el aviso dura diez minutos y el desplazamiento le ha llevado media hora al técnico. Eso es lo próximo.
- El bono queda definido en horas o en trabajos cerrados, nunca en visitas.
- Eligió horas si la duración de cada aviso varía tanto que no se puede prometer de antemano.
- Eligió trabajos cerrados si el cliente paga por el resultado y no por el tiempo dentro.
- El saldo se carga entero el día que se cobra el bono, no cuando empieza a usarse.
- La regla de redondeo queda escrita en la ficha del bono antes del primer aviso.
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Un cliente compra un bono de ayuda con papeleo administrativo, y cada gestión puede ser rellenar un formulario de diez minutos o tramitar un expediente de tres horas. ¿En qué mide el saldo?
En horas. El trabajo varía tanto que un precio por "gestión" no sirve: dos formularios cortos no valen lo mismo que un expediente largo, así que el saldo se descuenta por el reloj.
2. Un fotógrafo vende sesiones de producto para tiendas online y siempre entrega diez fotos editadas por sesión, tarde lo que tarde en el estudio. ¿Bono de horas o de trabajos cerrados?
De trabajos cerrados. El cliente paga por las diez fotos, no por el tiempo del fotógrafo en el estudio; medirlo en horas premiaría al fotógrafo lento y penalizaría al rápido sin ningún motivo.
3. Un negocio vendió ya 20 bonos de horas sin escribir en la ficha cómo se redondea el tiempo, y ahora tiene tres clientes discutiendo el descuento de sus últimos avisos. ¿Qué hace con esos 20 bonos ya vendidos?
Fija la regla de redondeo ya mismo y se la comunica por escrito a los 20 antes del siguiente aviso de cada uno. No puede aplicarla con carácter retroactivo a lo ya descontado, pero sí desde ese momento, y así corta la discusión en los próximos avisos.