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Hasta cuándo vale lo que ya cobraste

Sabrás calcular la fecha de caducidad de un bono según el ritmo real de tus citas y qué hacer si el cliente no lo agota a tiempo.

Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026

5 min de lectura

Si vendes bonos de sesiones, tienes que decidir hasta cuándo sirven antes de que un cliente como este te lo pregunte con el dinero ya cobrado. Un cliente compró hace catorce meses un bono de ocho sesiones de fisioterapia. Usó cinco. Desapareció. Ahora vuelve, pide las tres que le quedan y las quiere al precio de entonces, que ya no es el que cobras.

¿Tiene derecho? Si no escribiste ninguna fecha límite, sí: nadie le dijo lo contrario y tú no tienes nada que enseñarle. Y aunque la hubieras escrito, si es un particular no puedes quedarte sin más con lo que pagó por esas tres sesiones: la ley de consumidores considera abusivo cobrarle servicios que no ha usado. La fecha sirve para otra cosa: para que la cuenta no quede abierta para siempre.

Esto no pasa solo con fisioterapia. Pasa con clases, con sesiones de asesoría, con cualquier bono de varias veces que cobras entero el primer día y entregas poco a poco. Cuanto más dure el bono, más probable es que alguien lo deje a medias y vuelva cuando ya se te ha olvidado el precio que le cobraste.

Un bono sin fecha es un préstamo sin plazo

Cuando cobras un bono, cobras un servicio que todavía no has dado. Ese dinero ya está en tu cuenta, pero la deuda sigue abierta hasta que el cliente agota las sesiones. Sin fecha límite, esa deuda no caduca nunca.

Eso te ata de dos formas. La primera: si subes precios el año que viene, cualquiera con un bono antiguo puede reclamar sesiones al precio viejo, sin límite de cuánto tiempo puede esperar para hacerlo. La segunda: nunca sabes de verdad cuánto le debes al conjunto de tus clientes, porque una parte de esa deuda lleva dormida meses o incluso años, y no aparece en ningún sitio hasta que alguien la reclama.

La fecha de caducidad no es para presionar al cliente. Es para que ese bono pase de "pendiente para siempre" a "pendiente hasta tal día", y tú puedas cerrar la cuenta y saber, en cualquier momento, qué tienes realmente vendido y qué no.

Ejemplo: cada cuánto vuelve un cliente, según el servicio
Entrenamiento personal7 días
Fisioterapia de mantenimiento15 días
Masaje relajante30 días
Estética facial45 días

La fecha sale de un cálculo simple, no de una intuición ni de copiar el plazo que usa otro negocio. Multiplica el número de sesiones del bono por el ritmo habitual con el que ese tipo de cliente vuelve, y añade a eso la mitad más de margen, para vacaciones, viajes o semanas flojas.

Un bono de ocho sesiones de entrenamiento personal, con visitas cada semana, se agota en dos meses si todo va según lo previsto. Con el margen, la fecha razonable está en tres meses: ni uno, que no deja hueco para ningún imprevisto, ni un año, que ya no es un plazo, es no poner ninguno.

Ese mismo cálculo, aplicado a un bono de cuatro masajes con una visita al mes, da cuatro meses de uso normal y seis con margen. Son negocios distintos, y por eso la fecha de cada uno también lo es: no existe un "seis meses para todo" que sirva igual de bien en los dos casos. La pregunta que te tienes que hacer no es "cuánto suena bien", es "cada cuánto vuelve alguien a por este servicio".

Qué escribir, y qué hacer si no llega a tiempo

En el ticket o la confirmación del bono
Bono de 8 sesiones de entrenamiento personal, 240 €. Válido hasta el 15 de diciembre de 2026. Si llega esa fecha y te quedan sesiones, te devolvemos su parte del precio.
Cuando el bono caduca sin agotar
Se devuelve lo no usado
  • La fecha vale igual para todos: llegado el día, devuelves la parte del precio de las sesiones que no ha usado, sin negociar caso a caso
  • Te conviene cuando el hueco que ocupaba ese cliente lo vendes sin esfuerzo, como en una agenda con lista de espera
Se puede ampliar, si avisa antes
  • El cliente escribe antes de la fecha límite y le das un plazo más, por ejemplo un mes, sin cobrarle nada: esas sesiones ya están pagadas
  • Te conviene cuando tu agenda no tiene lista de espera y prefieres conservar la venta y el vínculo antes que perder los dos

Cuál elijo: Con un particular, lo no usado nunca se pierde sin más: o amplías el plazo o devuelves su parte. Elige la prórroga si avisan antes de la fecha: conservas el ingreso y el cliente. Elige la devolución si tu agenda tiene lista de espera y cada hueco libre ya tiene quien lo ocupe. Lo que no puedes hacer es decidirlo cliente a cliente una vez pasada la fecha: ahí es donde empieza la sensación de trato desigual.

La fecha que solo dijiste en voz alta
El error caro no es poner una fecha corta, es no escribirla en ningún sitio. Si el límite quedó solo en una conversación al cobrar, el cliente recuerda otra cosa y tú no tienes nada que enseñar cuando lo discutís. Escríbela siempre en el ticket, en el correo de confirmación o en la propia página donde compró el bono, con el día exacto, nunca un "válido un año" que cada uno cuenta desde una fecha distinta.

Con la fecha puesta y la política decidida para cuando no se agota a tiempo, ya no dependes de la memoria de nadie ni de la buena fe. Cada bono que vendes queda con un principio y un final claros, igual que ya decidiste cuánto cobrar por él.

Lo que falta para que esto funcione en el día a día es llevar bien la cuenta: saber en cualquier momento cuántas sesiones le quedan a cada cliente mirando un solo sitio, sin repasar el cuaderno ni preguntarle a él.

Con la fecha de caducidad puesta, todavía te falta lo otro que te preguntan a diario: cuántas sesiones le quedan a cada cliente ahora mismo, sin contar con el dedo.

Lo que te llevas
  • La fecha de caducidad de cada bono, calculada con el ritmo real de tus citas, no a ojo
  • La fecha escrita en el ticket o la confirmación, nunca dicha solo de palabra
  • Una política elegida para el bono no agotado: devolver lo no usado o ampliar el plazo si avisan antes
  • La misma regla aplicada a todos los clientes, sin decidir caso a caso una vez pasada la fecha
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