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Escribe hasta dónde repartes y cuánto cuesta cada tramo, antes de que te lo pregunten
Que tengas escrita, con precio y sin dejar hueco, la zona hasta donde repartes y cuánto cuesta según el código postal.
Ya decidiste qué dice cada rincón de tu web; falta el rincón que nadie deja escrito hasta que alguien pregunta por WhatsApp si le llega el pedido. Alguien entra en tu web con el pedido casi decidido: un ramo, una tarta, una caja de fruta. Va a poner la dirección y, antes de pagar, se para en seco.
Se pregunta si le llega. Si no lo ve escrito en ningún sitio, hace lo que hace todo el mundo: te escribe por WhatsApp a preguntar el código postal.
Y si tardas media hora en contestar, se va a mirar otra tienda. Ese pedido no vuelve.
La pregunta no es si repartes o no. Es hasta dónde, y cuánto cuesta según lo lejos que quede. Eso se escribe una sola vez y se acaba la duda para siempre, tanto para el cliente como para ti.
Decide la forma de tu zona antes de escribir un código postal
Antes de anotar nada, decide cómo vas a explicar la zona. Hay dos maneras de hacerlo y no son intercambiables: una habla de distancia, la otra habla de límites exactos.
La que elijas depende de la forma de tu negocio, no de cuál suena mejor. Una floristería en el centro de una ciudad no reparte igual que un obrador en un pueblo con cuatro aldeas alrededor.
- Se dice en una frase: repartimos hasta 8 km desde la tienda
- No necesitas memorizar qué código postal cae dentro y cuál fuera
- En el borde falla: alguien a 8,2 km se siente descartado por 200 metros
- Cero dudas: el cliente mira su código y tiene la respuesta al segundo
- Funciona aunque tu zona tenga forma rara: un río, una autovía, un polígono que no repartes
- Explica igual de bien un barrio suelto que quince barrios distintos
- Hay que sentarse una vez y escribir los códigos, uno a uno, sin saltarte ninguno
Cual elijo: Si trabajas en una ciudad con barrios y códigos postales definidos, usa la lista: es la que no deja huecos en el borde. Si tu zona es un pueblo o una comarca con pocos códigos distintos, el radio en kilómetros desde un punto conocido, la plaza, la iglesia, dice lo mismo con menos texto y sin que nadie tenga que buscar su código postal.
Lo que cuesta cada tramo, no un envío gratis para todos
Una vez sabes hasta dónde llegas, toca decidir cuánto cobras por llegar. Aquí el error más habitual es copiar lo que hace la tienda de al lado: envío gratis siempre, o una tarifa plana para todo el mapa.
Ninguna de las dos aguanta cuando el pedido se aleja tres pueblos. Con envío gratis siempre, pierdes dinero en cada reparto largo. Con tarifa plana, cobras de más al vecino de enfrente, que ve normal quejarse porque su pedido apenas ha cruzado la calle.
Lo que funciona es partir tu zona en tramos y poner un precio a cada uno. No hacen falta más de cuatro: cerca, el resto de la ciudad, los pueblos de alrededor, y un último tramo de "fuera de esto, hablamos".
Piensa en el coste real del reparto, no solo en la distancia. Un pedido a quince minutos en coche por una autovía cuesta menos tiempo que uno a ocho minutos por un centro peatonal lleno de dirección prohibida. Si el reparto lo haces tú entre horas de tienda, ese tiempo también es dinero, aunque no lo apuntes en ningún sitio.
El texto exacto que va en tu web
Con la zona y el precio decididos, se escribe una sola vez y se coloca en la ficha de envíos, o justo debajo del botón de comprar. No hace falta que sea bonito. Tiene que estar completo, con todos los códigos, sin dejar ninguno suelto para preguntar después.
El código postal que se repite y el que no vuelve a aparecer
La lista de códigos postales no es un documento que se escribe una vez y se olvida. Cada pocos meses, mira qué códigos han pedido de verdad y cuáles no han aparecido nunca. Si uno de la lista lleva un año sin traerte ni un pedido, no pasa nada por dejarlo tal cual: no cuesta nada tenerlo escrito.
El problema es el contrario. Si empiezas a recibir preguntas por WhatsApp desde un código que no está en tu lista, esa es la señal de que tu zona se ha quedado corta. Añádelo con su precio y no volverás a contestar la misma pregunta dos veces.
- La zona de reparto decidida: radio en kilómetros o lista de códigos postales, la que le venga mejor a tu negocio
- El precio de cada tramo escrito, no un "consultar"
- El texto exacto de la sección de envíos, listo para pegar en tu web
- El hábito de revisar cada pocos meses qué códigos postales piden de verdad
- Con esto cerrado, toca revisar qué dice el resto de tu web, rincón por rincón
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Tienes una pastelería en un pueblo de cuatro mil habitantes con dos aldeas cercanas, y nadie por allí usa el código postal para nada del día a día. ¿Radio en kilómetros o lista de códigos?
Radio en kilómetros desde la plaza del pueblo. En una zona pequeña con pocos códigos distintos, decir "hasta 6 km" es más corto y nadie tiene que ir a mirar qué código postal tiene su aldea.
2. Un cliente pide una tarta para una dirección que queda dos calles fuera de la zona que tienes escrita. ¿Qué haces?
Si tu texto ya dice "si tu código no aparece, escríbenos, miramos si podemos llegar", contestas caso a caso sin haberte comprometido de antemano. Si no lo dice, o rechazas un pedido que sí podías hacer, o aceptas uno que te sale caro sin haberlo decidido tú.
3. Llevas seis meses con la zona escrita y ves que la mitad de los pedidos del tramo de 6€ vienen siempre del mismo pueblo, mientras otro código postal de ese tramo no ha pedido nunca.
No tocas el precio del tramo por un solo código: el precio es por distancia real, no por cliente. Pero si ese pueblo concreto pide mucho, es la señal de que ahí hay negocio suficiente para, más adelante, plantearte bajarle el coste de envío como gancho.
La zona y el precio ya están escritos, así que nadie tiene que preguntarlos. Ahora falta que no tenga que buscarlos: importa en qué orden aparecen las secciones de tu web.