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La pregunta que decide si una foto se queda o se borra

Sales con un criterio único para juzgar cualquier foto de tu web: si contesta una duda del cliente se queda, si solo decora se borra.

7 min de lectura

Tienes el carrete lleno: fotos del local, del equipo, del último trabajo, de la fiesta de inauguración, hasta del perro de la vecina que se coló en la buena. Cuando toca subir seis fotos a tu web, las miras una por una y decides si te gustan o no.

Ese es el problema. Te gustan a ti, y la web no se construye para ti: se construye para alguien que todavía no te conoce y que mira tu ficha treinta segundos antes de decidir si te escribe o se va a la de al lado. El gusto cambia según el día que tengas. La duda de ese cliente, no.

La pregunta que sustituye al gusto

Antes de subir una foto, hazte una sola pregunta: ¿qué duda de un cliente responde esta imagen? No le preguntes «¿qué transmite?», ni «¿queda profesional?»: esas dos las contesta cualquier foto bien iluminada, y no sirven para decidir nada. La pregunta que de verdad filtra es más aburrida: ¿deja claro el tamaño, el estado final, la cantidad o el resultado que se paga?

Una peluquera que sube una foto de las tijeras ordenadas en su mesa de trabajo transmite orden, pero no contesta lo que se pregunta quien mira su web: ¿así me va a quedar el corte? Esa foto decora. La foto del corte terminado, de frente y de perfil, contesta la pregunta. Esa vende.

A una fisioterapeuta le pasa lo mismo con la camilla vacía y bien puesta. Es una foto agradable, pero no dice nada de lo que va a vivir el paciente. Una foto de la sala con el material que se usa en una sesión real, con la persona de espaldas por privacidad, sí contesta algo: qué trato va a recibir, si es un trato con manos o con máquinas.

A un restaurante de menú del día le pasa igual con la foto de la sala llena de comensales sonriendo a cámara. Es simpática, pero no contesta la pregunta de quien busca dónde comer hoy: ¿qué me van a servir? Una foto del plato del día, sobre el mantel de siempre y con luz natural, contesta eso en un segundo, y por eso pesa más que diez fotos de sala llena.

Foto que vende frente a foto que decora
Vende
  • Muestra el resultado que se paga: el plato servido, el corte terminado, la pieza ya reparada.
  • Deja ver el tamaño o la cantidad real, sin encuadres que lo disimulen.
  • Se entiende sola, sin que el cliente tenga que preguntar por WhatsApp qué es exactamente.
  • Contesta en dos segundos la pregunta que trajo al cliente hasta esa ficha.
Decora
  • Muestra el proceso, el local vacío o las herramientas antes de usarse.
  • Es una pose: el equipo sonriendo a cámara, un brindis, una foto de recurso genérica.
  • Necesita un pie de foto para explicarse, porque sin texto no se entiende qué es.

Cual elijo: Si tienes que elegir entre dos fotos del mismo servicio, sube la que se entiende en dos segundos sin leer nada al lado. Guarda la del proceso solo si el propio proceso es lo que vendes, como un taller donde el cliente paga precisamente por ver cómo se hace algo. En cualquier otro caso, la del proceso espera a una ficha aparte, si es que llega a subirse.

La excepción: cuando el proceso es el producto

Hay negocios donde el proceso sí contesta la pregunta del cliente, y ahí la regla anterior se invierte. Una pastelería que amasa el pan a mano desde las cinco de la mañana vende, entre otras cosas, esa manera de trabajar. Una foto del amasado con las manos llenas de harina contesta la duda de si eso es artesano de verdad o si lo compran ya hecho, y por eso ahí gana su sitio en la web.

Un taller mecánico que enseña el motor desmontado sobre la mesa de trabajo vende lo mismo: la prueba de que revisa pieza por pieza y no se limita a conectar un ordenador y cobrar. Ahí el desorden aparente del taller es parte del mensaje, no algo que esconder.

La diferencia está en si el cliente paga por el proceso o solo por lo que sale de él. Si paga por el resultado, como en un corte de pelo o una reparación, la foto del proceso es relleno. Si paga en parte por la manera de hacerlo, como en un taller de restauración de muebles o en un obrador, el proceso es una prueba más y merece su hueco.

El error de enseñar el sitio en vez del trabajo
Subir fotos del negocio (local, fachada, equipo reunido) y dejar la del resultado para «más adelante, cuando tenga una buena».El cliente entra, ve un sitio cuidado sin ninguna prueba de lo que va a recibir, y se va a la web de al lado, que sí enseña el plato, el corte o la pieza terminada.

El cliente confía en lo que ve del resultado, no en lo bonito que esté el local, y esa foto buena casi nunca llega a tiempo. Mientras la esperas, la ficha se queda sin la prueba que de verdad convence.

El filtro de tres preguntas antes de subir una foto
  1. 1¿Qué pregunta contesta?
    Si no sabes qué duda del cliente resuelve esta foto en concreto, no la subas todavía. Apártala y vuelve a mirarla cuando tengas la respuesta clara, o bórrala directamente.
  2. 2¿Se entiende sin pie de foto?
    Imagina la foto sola, sin ninguna frase al lado. Si sin texto no se sabe qué es ni qué se paga por ello, la foto no está lista para vender: solo está lista para acompañar un texto que la explique.
  3. 3¿Enseña lo que se paga, no lo que rodea?
    El delantal, la sala de espera, el cartel de la puerta o el ramo de bienvenida pueden esperar a otra ficha, si acaso. Sube primero la foto de lo que el cliente se lleva a casa o de lo que sale de la sesión.

La siguiente lección coge este mismo criterio y decide cuántas fotos necesita cada servicio o producto en tu web: una basta para lo simple, y bastantes más para lo que hay que explicar.

Lo que te llevas
  • Tienes un criterio único para juzgar cualquier foto: si contesta una duda del cliente, se queda; si solo decora, se borra.
  • Sabes cuándo el proceso ayuda a vender y cuándo es relleno, y que la confianza la da el resultado, no el aspecto del sitio.

Ponte a prueba

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Un cerrajero tiene dos fotos del mismo trabajo: una de él cambiando el bombín con las manos ocupadas, y otra del bombín nuevo ya puesto en la puerta. Solo puede subir una a la ficha de «cambio de bombín». ¿Cuál sube y por qué?

Sube la del bombín puesto en la puerta, porque contesta la pregunta que trae al cliente: si ese cerrajero deja la puerta bien cerrada. Aquí el cliente no paga por ver el cambio, paga por que la puerta cierre, así que la foto del proceso no aporta nada.

2. Un taller de muebles fabrica cada pieza a mano, una por una, y quiere que se note en la web. Tiene una foto del carpintero lijando una pata de mesa. ¿La sube o la deja fuera?

La sube. Aquí el proceso es parte de lo que se paga: la diferencia entre un mueble en serie y uno hecho a mano. La foto del lijado contesta la duda de si eso es artesanía real, y por eso gana su sitio en la ficha.

3. Una clínica dental lleva tres años usando en su web una foto de la sala de espera, cómoda y bien decorada, y ninguna foto de una sonrisa antes y después. ¿Qué cambia primero y qué error caro está cometiendo mientras tanto?

Cambia primero la foto de la sala de espera por un antes y después de una sonrisa real, con permiso del paciente. El error caro es enseñar el sitio en vez del trabajo: el paciente ve un sitio cuidado sin ninguna prueba del resultado y se va a la clínica de al lado, que sí enseña sonrisas terminadas.

Esa pregunta te dice qué foto sobra, pero no cuántas hacen falta en cada ficha: un corte de pelo no pide lo mismo que una reforma a medida. Ese número es lo que decides ahora.

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