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La revisión que evita que un cambio te deje sin correo
Sabrás qué mirar en tu dominio antes y después de cualquier cambio, para no perder el correo sin darte cuenta.
Ya cerraste el gmail antiguo siguiendo el criterio de la lección anterior, no una fecha en el calendario, y escribes solo desde tu dominio. Cambias de hosting, cambias de diseñador, o simplemente entras al panel de tu dominio para añadir una herramienta nueva. Todo sale bien, la web carga igual que siempre, hasta que un día te das cuenta de que hace más de una semana que no te llega ni un correo. Nadie avisa cuando se rompe el correo: deja de llegar sin hacer ruido, y por eso tardas en notarlo.
El correo y la web viven en el mismo sitio, el panel de tu dominio, pero son dos cosas distintas ahí dentro. Tocar una puede borrar la otra sin que nadie se entere en el momento.
Dos cambios que no pesan igual
No todo lo que tocas en tu dominio tiene el mismo riesgo. Hay un cambio que solo mueve la web y deja el correo intacto, y hay otro que mueve la zona entera, web y correo juntos, y si nadie copia antes lo que había, se pierde sin más.
- Se toca un único registro: el que apunta tu dominio al servidor de la web nueva
- Los registros del correo, el que recibe (MX) y las tres firmas, no se mueven si nadie los borra
- Riesgo bajo si quien lo hace sabe exactamente qué registro está tocando
- Se mueve la zona entera a un panel nuevo, que empieza vacío
- Si nadie copia antes el correo, desaparece sin que lo hayas pedido tú
- Pasa a menudo sin avisar: una agencia nueva 'simplifica' moviéndolo todo a su propio panel
Cual elijo: Si solo cambias dónde vive la web, comprueba que nadie ha tocado nada más. Si cambias de quién gestiona el DNS, copia primero todo lo que hay: perderás el correo aunque no fuera esa la intención de nadie.
El segundo caso es el que de verdad te puede pillar desprevenido, porque nadie te dice "voy a borrarte el correo". Te dicen "voy a dejarte esto más ordenado", y el correo cae por el camino sin que forme parte de la conversación.
La revisión, paso a paso
- 1Apunta lo que hay antes de tocar nada
Entra al panel de tu dominio, a la zona DNS, y copia el registro MX y los registros de texto de tus tres firmas, las que ya viste en la lección sobre salir del spam. Son cuatro o cinco líneas; una captura de pantalla vale, y te lleva un minuto. - 2Haz el cambio que necesitas
Cambia de hosting, cambia de agencia, añade la herramienta nueva que querías. Es tu negocio, adelante con ello. - 3Vuelve a la zona DNS y compara
Los registros que apuntaste antes, ¿siguen ahí, tal cual? Si falta alguno, no fue la web la que se rompió: fue el correo. - 4Si falta algo, lo recreas tú mismo
No hace falta entender de técnica para esto: es copiar el valor exacto que ya tenías apuntado en el registro que corresponde. - 5Manda un correo de prueba
El mismo gesto de la lección anterior. Si llega y no cae en spam, el cambio queda cerrado. Si no llega, lo sabes ahora, no dentro de tres semanas cuando un cliente diga que escribió y nunca le contestaste.
El error que comete la agencia bienintencionada
No necesitas entender de DNS para hacer esta revisión. Necesitas el hábito de mirar antes y mirar después, cada vez que alguien toca tu dominio, aunque sea de pasada. Un cambio de hosting no debería costarte un cliente que escribió pensando que ibas a contestarle.
Con esto cierras el curso: tu dominio y tu correo quedan en propiedad, y sabes qué mirar cada vez que alguien mete mano ahí dentro para que un cambio de web nunca se lleve por delante un pedido.
- Sabes qué cambios rompen solo la web y cuáles se llevan también el correo por delante
- Tienes el hábito de apuntar los registros de correo y las firmas antes de tocar el dominio
- Sabes qué pedirle a quien gestione tu dominio para que no mueva las nameservers sin avisar
- Cierras cualquier cambio con un correo de prueba, no dándolo por hecho