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La vara que mides, no la lista de cosas que influyen

Se lleva identificada la vara de su negocio: el único número que el cliente ya conoce de sí mismo y puede aplicarse sin preguntar.

6 min de lectura

Ya sabes que necesitas una variable con nombre propio y no una lista; el problema es que a la hora de escribirla en la ficha te sigue saliendo precisamente esa lista. Te sientas a escribir la ficha de tu negocio y te sale una lista de todo lo que hace que un trabajo cueste más o menos. Si pintas pisos: el tipo de pintura, la altura del techo, si hay que mover los muebles, si las paredes están agrietadas, cuántas manos hace falta dar. Cinco variables, cada una con su matiz, cada una moviendo el precio un poco.

Las metes todas en el texto y el resultado es un párrafo que nadie termina de leer. El cliente no necesita saber por qué varía tu precio. Necesita saber, con lo que ya sabe de su propia casa, en qué zona cae él.

Ya has decidido no poner un precio cerrado en la ficha, y en su lugar enseñas cómo trabajas. Pero esa explicación también necesita algo a lo que agarrarse. Sin un número, hasta el mejor texto flota.

Busca la vara, no la lista

Todas esas variables son reales. El tipo de pintura sí cambia el coste, la altura del techo también. Pero no hace falta que el cliente las conozca todas para saber si tu negocio es para él.

Hace falta que tenga una sola cifra que ya conoce, sin llamarte y sin medir nada especial: los metros cuadrados de su piso, los invitados de su boda, las horas que quiere de reportaje, los alumnos de su clase. Esa cifra es la vara.

Todo lo demás —la pintura, la altura, las manos de pintura— se queda dentro, ajustando el precio final, pero no sale a la ficha convertido en una lista de condiciones. La vara no elimina las demás variables: las esconde detrás de un número que el cliente ya trae puesto.

Qué hace que una vara sirva

Una vara sirve cuando pasa dos pruebas. La primera: ¿el cliente ya conoce este número antes de escribirte, o tiene que salir a medirlo? Los metros cuadrados de un piso los sabe cualquiera que lo haya alquilado; los invitados de una boda los sabe quien ya ha hecho la lista para el restaurante.

La segunda: ¿este número es, de hecho, lo que más mueve tu coste real? Si en tu taller lo que dispara las horas es la complejidad del diseño y no el tamaño de la pieza, poner el tamaño como vara reparte mal la cifra: parece exacta y no lo es.

Falla cualquiera de las dos pruebas y la vara no sirve, por bien que suene en la ficha.

Cuando ninguna vara sola basta

Hay negocios donde ninguna cifra sola explica el precio. Una reforma integral no cuesta lo mismo por metro cuadrado si hay que mover tuberías que si solo hay que cambiar azulejos. Ahí la vara no es un número: es una pregunta que el cliente responde con mirar su baño, sin necesidad de medir nada.

Esa pregunta separa a los clientes en dos grupos antes de que hablen contigo, y dentro de cada grupo ya puedes dar un rango por metro cuadrado que sí tiene sentido. La vara, en este caso, no mide una cantidad: filtra una situación. Sigue cumpliendo las dos pruebas —el cliente la conoce sin llamarte, y es lo que más mueve tu coste— aunque no se parezca a un metro ni a una hora.

En cada oficio cambia la vara, pero siempre es algo que el cliente ya sabe sin preguntar
OficioVara elegidaLo que queda detrás, sin salir a la ficha
Pintor de interioresMetros cuadrados de pared y techoTipo de pintura, manos necesarias, estado del muro
Catering para eventosNúmero de comensalesMenú elegido, servicio de sala, alquiler de mobiliario
Fotógrafo de bodasHoras de coberturaDesplazamiento, número de fotógrafos, edición del álbum
Profesor particularAlumnos por claseNivel, asignatura, si es a domicilio o en línea
Así se escribe una vara en la ficha
Pintura de piso completo, desde 3 euros por metro cuadrado de pared y techo pintado. Un piso de 70 m² suele necesitar pintar entre 160 y 200 m², según la altura y la distribución. Escríbeme los metros de tu piso y te paso el rango exacto en el mismo mensaje.
Una lista de motivos no es una vara
Un cerrajero que escribe que el precio depende del tipo de cerradura, la marca, si es de seguridad, la hora del día y si hay que taladrar no le ha dado al cliente ninguna cifra propia con la que calcular nada. El cliente no sabe si su cerradura entra en la categoría que el cerrajero llama de seguridad, así que no puede aplicarse esa lista a sí mismo. Cierra la pestaña y escribe al siguiente resultado, el que sí dice algo que entiende: desde 45 euros en horario diurno, cerradura estándar.
Por qué una vara mal elegida cuesta consultas, no solo claridad
La vara exige un dato que el cliente no tiene a mano, como el peso exacto de una máquina o el modelo de una piezael cliente no calcula nada en el sitio y abandona la ficha sin escribir

nadie sale a buscar un dato solo para leer un precio orientativo

Lo secundario se dice después, no antes

La vara va en la primera línea, con el rango de precio pegado a ella. Las variables secundarias no desaparecen: se cuelgan detrás, en una frase corta, no en una lista con guiones.

Desde 3 euros por metro cuadrado, según el estado de la pared y si hay que mover muebles: esa frase cumple. El cliente ve primero el número que puede calcular con lo que ya sabe, y después entiende que ese número puede moverse un poco sin que la vara deje de servirle.

Si en cambio pones seis condiciones antes de dar la vara, has vuelto al párrafo que querías evitar. Con la vara puesta, queda decidir entre qué dos cifras se mueve exactamente ese rango: eso viene en la próxima lección.

Lo que te llevas
  • Tienes identificada la vara de tu negocio: el número que el cliente ya conoce sin preguntarte
  • Sabes qué se queda escondido detrás de esa vara, en vez de convertido en una lista de condiciones
  • Tienes escrita la frase de tu ficha con la vara delante y el matiz secundario después, no antes

Ponte a prueba

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Reformas integrales de baño. Lo que más dispara las horas es si hay que mover tuberías, no los metros cuadrados del baño. ¿Sirven los metros cuadrados como vara?

No como vara principal: falla la segunda prueba, porque no es lo que más mueve el coste real. La vara es si hay que mover tuberías o no —el propio cliente lo sabe con solo mirar su baño— y los metros entran después, dentro de cada uno de esos dos grupos.

2. Catering para eventos con menús que van de 18 a 60 euros por persona según los platos. ¿El número de comensales sigue sirviendo como vara aunque el menú cambie tanto el precio final?

Sí, sigue sirviendo: el cliente ya sabe cuántos invitados tiene antes de escribir, y ese número es lo que más mueve los costes de producción y personal. El menú se queda detrás, como matiz: desde 18 euros por comensal, según el menú elegido.

3. Un cerrajero de urgencias que solo hace servicios de menos de una hora, casi siempre de noche, y en el que cada aviso es distinto. ¿Qué vara le sirve?

La franja horaria: es lo único que el cliente sabe con certeza al escribir —si son las tres de la madrugada, lo sabe— y es lo que más mueve el coste real de una urgencia. El tipo de cerradura se queda detrás, como matiz, no como vara.

Tener la vara no te dice todavía cómo anunciarla: si apenas se mueve de un cliente a otro puedes dar una sola cifra, pero si se dispara tienes que elegir entre un desde, un entre-y o el precio por vara.

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