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Dos líneas antes de que tú digas nada
Se lleva escrito el mensaje automático que confirma que el aviso ha llegado y dice cuándo vas a contestar de verdad, sin prometer un plazo que luego no cumples.
Ese botón ya puso a la persona escribiéndote a las once de la noche; lo primero que necesita no es tu respuesta completa, sino saber que alguien la ha visto. Son las once de la noche y alguien te escribe por WhatsApp preguntando el precio de algo. Tú duermes. Lo lees a las nueve de la mañana siguiente y contestas en cinco minutos, rápido para lo que es un negocio pequeño. Pero esa persona ya no está esperando: escribió lo mismo a otras dos webs a las once y media, y a la que contestó primero, aunque fuera con un simple «gracias, te contesto mañana a primera hora», le dio algo que tú no le diste. La certeza de que no estaba hablando con un número muerto.
Ya tienes la ficha resuelta y el catálogo con el precio cerrado, así que quien te escribe llega sabiendo qué quiere antes de teclear la primera letra. Lo que falta es la primera respuesta, la que sale sola antes de que tú te sientes delante del móvil. Esa señal la escribes una sola vez, para que aparezca sola cada vez que haga falta.
Dos cosas, no una presentación
El mensaje automático no es donde cuentas quién eres ni lo que vendes: eso ya lo vio en tu ficha o en tu escaparate antes de escribirte. Aquí solo hacen falta dos cosas. Que sepa que el mensaje ha llegado a alguien, no a un buzón vacío. Y que sepa cuándo va a tener respuesta de verdad.
Todo lo demás sobra. Un menú de cinco opciones antes de saber qué quiere, una presentación larga de la empresa, un enlace a cada red social: eso alarga la espera, no la acorta. Cuanto más tenga que leer antes de sentirse escuchado, más se parece tu WhatsApp al contestador de una empresa grande, y eso es justo lo contrario de lo que estás vendiendo con un número de teléfono personal.
Esto se configura una vez, no cada semana. En WhatsApp Business está en Ajustes, dentro de Herramientas para la empresa, en Mensaje de ausencia: puedes programarlo para que salga siempre, solo fuera de tu horario, o en una franja concreta. Si ya pusiste tu horario real en la ficha de la primera lección, usa el mismo aquí: que no diga una cosa el perfil y otra el automático.
- Suena mejor sobre el papel
- Solo se cumple si hay alguien pegado al teléfono todo el día; el primer día que falla, deja de creérselo
- Dice la verdad: hoy a las 9h, mañana a las 9h
- Se cumple siempre, porque la pones tú sabiendo tu propio ritmo
- No calma la urgencia de un pedido para ya
- Pero calma la espera de todo lo demás, que es la mayoría de los mensajes
Cual elijo: Elige la franja horaria siempre que contestes tú a mano. Prometas respuesta inmediata solo si de verdad hay alguien mirando el chat en ese momento; si no, la promesa rota cuesta más confianza que la espera.
Lo que lleva el mensaje, en orden
- 1Confirma que ha llegado
Una frase con tu nombre, no solo el del negocio: la gente contesta antes a una persona que a una marca. - 2Da un plazo que puedas cumplir
Nada de «en breve»: una hora o una franja del día, la misma que luego respetas, aunque sea «mañana entre 9 y 10». - 3Deja una salida si no puede esperar
Un teléfono para llamar, o el enlace a lo que ya tienes resuelto en tu ficha: precio, dirección, horario. Así, mientras espera, puede seguir decidiendo solo.
Con esto puesto, cualquiera que te escriba por primera vez sabe que no está hablando con un número muerto y sabe cuándo vas a estar al otro lado. Eso resuelve la espera. Lo que pasa dentro de esa conversación, hasta que se convierte en un pedido cobrado, es la siguiente lección.
- Un mensaje automático de dos frases: confirmación y plazo real
- El plazo es el que cumples en un día normal, no el ideal
- Una salida —teléfono o enlace a tu ficha— para quien no puede esperar
- Nunca un menú de opciones antes de saber qué quiere
Ponte a prueba
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Atiendes tú solo, sin nadie más al teléfono, y por la mañana sueles tardar en mirar el móvil hasta las diez. ¿Qué hora pones en el mensaje automático, las nueve o las diez?
Las diez. El plazo tiene que ser el que cumples en un día normal, no el que suena mejor; prometer las nueve y fallar la mitad de las veces cuesta más confianza que decir la hora real.
2. Un cliente escribe preguntando por una mesa para esta misma tarde y tu mensaje automático dice que respondes mañana a las nueve. ¿Qué le falta a ese mensaje?
Le falta la salida para lo urgente: un teléfono de contacto. La franja horaria sirve para la mayoría de los mensajes, pero quien tiene prisa real necesita una vía que no dependa de que mires el chat mañana.
3. Te planteas añadir al mensaje automático un menú con cuatro opciones —precio, horario, ubicación, reservas— para que el cliente elija qué necesita. ¿Lo añades?
No. El automático es solo confirmación y plazo; un menú de opciones alarga la espera en vez de acortarla, y esa información ya está resuelta en la ficha y el catálogo de las lecciones anteriores.
El automático confirma que llegaste y cuándo vas a contestar de verdad; a quién de todos esos chats le toca tu respuesta primero ya no lo decide el automático, lo deciden las etiquetas.