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El plazo de devolución se escribe antes de que lo pidan

Sales de esta lección con la política de devolución decidida, escrita en una frase y puesta junto al precio, para no improvisar el día que alguien la pida.

4 min de lectura

Los tres correos ya contestan solos casi todas las preguntas; la que no contestan es la del dinero de vuelta. Alguien te escribe: "¿me devolvéis el dinero?". No ha pasado nada raro: simplemente no puede venir a la cita, o el curso no le convenció. Y ahí te das cuenta de que nunca decidiste qué contestar.

Si improvisas, pasan dos cosas malas. O devuelves todo por quitarte el marrón de encima, y sientas un precedente que luego te pide todo el mundo. O te niegas sin más, y esa persona reclama a su banco, que te retira el dinero igual y encima te cobra una comisión por la disputa.

La política de devolución no se escribe cuando llega la petición. Se escribe antes, en frío, y se cuelga donde se ve antes de pagar.

Antes de que aprieten, no cuando aprietan

Ya tienes el correo que confirma la compra y calma el primer "¿y mi pedido?". La devolución es la misma idea, pero para el momento en que algo no sale como se esperaba.

Escribirlo antes cambia la conversación. Cuando llega la petición, no decides bajo presión: lees tu propia norma y la aplicas igual para todos. Eso es lo que te protege, no la buena voluntad del momento.

Devolver en dinero o devolver en bono
Dinero a la tarjeta
  • Cierra el asunto del todo, no queda nada pendiente
  • Tarda entre 3 y 10 días según la pasarela, no lo controlas tú
  • Es lo que espera cualquiera que cancela con tiempo
Bono para otra compra
  • El dinero se queda en el negocio, no sale de la cuenta
  • Solo tiene sentido si de verdad va a volver a comprarte
  • Mal usado, parece una forma de no devolver nada

Cual elijo: Devuelve en dinero cuando cancelan con margen: es lo justo y no te cuesta un cliente. Ofrece el bono solo como alternativa, nunca como única opción, y resérvalo para cuando la cancelación es tan tardía que a ti también te cuesta un hueco de agenda que ya no vas a poder llenar.

El plazo: la frontera entre sí y no

El número de horas o días no es lo importante: lo importante es que exista y sea el mismo para todos. Para una cita, la frontera suele estar en la antelación: 24 o 48 horas antes, hay devolución completa; después, no, porque ese hueco ya no se puede vender a otra persona.

Para algo físico que envías, la frontera es otra: el plazo empieza cuando llega, no cuando se compra, y solo cubre lo que vuelve sin usar.

Elige el plazo pensando en tu propio margen, no en lo que suena mejor. Si vives de una agenda con pocos huecos al día, 48 horas te protegen más que 24.

La frase que va junto al precio
Puedes cancelar hasta 48 horas antes de tu cita y te devolvemos el importe completo a la misma tarjeta en un máximo de 5 días laborables. Pasadas esas 48 horas no hay devolución, pero puedes cambiar la fecha una vez sin coste si nos avisas por mensaje.
No decidir es decidir mal
Sin una norma escrita, cada devolución se negocia de cero, y la excepción de hoy es la reclamación de mañana. Lo caro no es devolver el dinero: es que alguien a quien le dijiste que no, lo reclame a su banco. El banco te retira el importe igual, sin preguntarte, y te cobra una comisión por la gestión. Contra eso no hay argumento que valga: solo tu propia norma, aplicada siempre igual, evita llegar ahí.
Lo que te llevas
  • El plazo de devolución fijado en horas o días, no a ojo
  • Decidido si se devuelve en dinero o en bono, y cuándo se ofrece cada uno
  • La frase exacta escrita y puesta junto al precio, antes de que la pidan
  • Sabido qué hacer el día que llegue la primera petición, sin improvisar
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