El plazo de devolución se escribe antes de que lo pidan
Sales de esta lección con la política de devolución decidida, escrita en una frase y puesta junto al precio, para no improvisar el día que alguien la pida.
Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026
Tarde o temprano llega la pregunta del dinero de vuelta. Alguien te escribe: «¿me devolvéis el dinero?». No ha pasado nada raro: simplemente no puede venir a la cita, o el curso no le convenció. Y ahí te das cuenta de que nunca decidiste qué contestar.
Si improvisas, pasan dos cosas malas. O devuelves todo por quitarte el marrón de encima, y sientas un precedente que luego te pide todo el mundo. O te niegas sin más, y esa persona reclama a su banco: tu pasarela de pago te retira el importe mientras se resuelve la disputa y te cobra una comisión que no recuperas aunque ganes (en Stripe, en España, 20 euros).
La política de devolución no se escribe cuando llega la petición. Se escribe antes, en frío, y se cuelga donde se ve antes de pagar.
Antes de que aprieten, no cuando aprietan
El correo que confirma la compra calma el primer «¿y mi pedido?». La devolución es la misma idea, pero para el momento en que algo no sale como se esperaba.
Escribirlo antes cambia la conversación. Cuando llega la petición, no decides bajo presión: lees tu propia norma y la aplicas igual para todos. Eso es lo que te protege, no la buena voluntad del momento.
- Cierra el asunto del todo, no queda nada pendiente
- Con Stripe, el cliente lo ve en unos 5 a 10 días hábiles, según su banco; no lo controlas tú
- Es lo que espera cualquiera que cancela con tiempo
- El dinero se queda en el negocio, no sale de la cuenta
- Solo tiene sentido si de verdad va a volver a comprarte
- Mal usado, parece una forma de no devolver nada
Cuál elijo: Devuelve en dinero cuando cancelan con margen: es lo justo y no te cuesta un cliente. Ofrece el bono solo como alternativa, nunca como única opción, y resérvalo para cuando la cancelación es tan tardía que a ti también te cuesta un hueco de agenda que ya no vas a poder llenar.
El plazo: la frontera entre sí y no
El número de horas o días no es lo importante: lo importante es que exista y sea el mismo para todos. Para una cita, la frontera suele estar en la antelación: 24 o 48 horas antes, hay devolución completa; después, no, porque ese hueco ya no se puede vender a otra persona.
Para algo físico que vendes por internet a un particular, la frontera la pone la ley de consumidores: tiene 14 días naturales desde que lo recibe para desistir sin dar motivos, y tú le devuelves lo que pagó, con el envío normal incluido, antes de que pasen 14 días desde que te avisa. Los gastos de devolvértelo los paga él si se lo dijiste antes, y si lo ha usado más de lo necesario para probarlo, responde de lo que haya perdido de valor, pero no pierde el derecho.
Ojo también con las citas que cobras por internet: la misma ley da al cliente 14 días naturales desde que contrata para desistir de un servicio, salvo excepciones como los servicios de salud, el ocio con fecha fija o el servicio ya prestado entero con su consentimiento previo. Tu plazo de 24 o 48 horas no puede recortar ese derecho: la ley anula las cláusulas que penalizan desistir.
Donde el plazo lo pones tú, elígelo pensando en tu propio margen, no en lo que suena mejor. Si vives de una agenda con pocos huecos al día, 48 horas te protegen más que 24.
- El plazo de devolución fijado en horas o días, no a ojo
- Decidido si se devuelve en dinero o en bono, y cuándo se ofrece cada uno
- La frase exacta escrita y puesta junto al precio, antes de que la pidan
- Sabido qué hacer el día que llegue la primera petición, sin improvisar
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