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Un dato, una línea: así se escribe la política de tu web
Al terminar tienes tu política de privacidad escrita con los cuatro datos reales que pide tu web, sin ninguna cláusula prestada de una plantilla.
Ya tienes tu aviso legal publicado con tu nombre real detrás. Ahora falta decir qué datos guardas de quien te compra. Entras en un generador de políticas de privacidad, pegas el nombre de tu negocio y te sale un documento de tres páginas con cláusulas sobre cookies publicitarias de terceros, sobre transferencias internacionales de datos y sobre un responsable de tratamiento que suena a otra empresa. Tú solo tienes un formulario de contacto, un botón de reserva y un número de WhatsApp. ¿Qué de todo eso es tuyo?
La respuesta corta: nada de lo que no haces. Ya dejaste claro quién eres cuando alguien reclama, con tu nombre y tu contacto en el aviso legal. Ahora toca decir qué le pides tú a cambio: qué dato entra por tu web, por dónde entra y qué haces con él. Una política de privacidad no impresiona por su tamaño, impresiona por ser exacta.
Cuatro sitios donde tu web pide un dato
Antes de escribir una sola línea, recorre tu propia web y marca por dónde entra un dato de una persona real. En la mayoría de negocios son cuatro sitios, ni uno más, y si a ti te faltan dos, mejor: menos que escribir.
- 1El formulario de contacto
Pide nombre, correo y el mensaje que escribe la persona, y a veces un teléfono. Ese dato llega a tu bandeja de entrada, la del dominio de tu negocio, no un gmail suelto, y no se usa para nada que no sea responder esa consulta. - 2La reserva de cita
Pide nombre, teléfono y la hora elegida. Se guarda en tu calendario o en el panel de reservas, sea uno solo o dos si separas servicios, para poder avisar de un cambio o mandar un recordatorio. Nada más. - 3El WhatsApp del negocio
El número de quien escribe queda en la conversación y, si usas un panel o un bot para contestar, también en ese sistema. Es el dato que más dura: WhatsApp no borra el historial solo porque la charla haya terminado hace meses. - 4El pago
La tarjeta no la ves tú, la ve la pasarela de pago, Stripe, Redsys o la que uses. A ti te llega el nombre de quien paga, el importe y si la operación ha ido bien o mal. Esa diferencia cambia la cláusula entera: tú no guardas el número de tarjeta, la pasarela sí, y por eso la nombras a ella, no a ti.
Una línea por dato, no un párrafo por miedo
Para cada uno de los cuatro puntos escribe lo mismo, en este orden: qué dato pides, para qué lo usas, cuánto tiempo lo guardas y si lo ve alguien más aparte de ti. Cuatro preguntas, cuatro respuestas cortas, una detrás de otra. No hace falta un párrafo largo por cada una: cuanto más corta la línea, más fácil es comprobar que es verdad.
Si compartes el dato con alguien, la pasarela de pago, el sistema de reservas, quien te lleva el WhatsApp, nómbralo. No escribas terceros proveedores: escribe el nombre de la herramienta que usas de verdad. Es la diferencia entre una cláusula que puedes defender y una que solo rellena espacio, la plantilla genérica que no es la tuya.
Qué no hace falta escribir
Si no pones anuncios, no escribas la cláusula de cookies publicitarias. Si tu web y tu panel están en un servidor dentro de Europa, no escribas la cláusula de transferencia de datos fuera de Europa: no aplica y solo alarga el documento sin decir nada tuyo. Cada línea que sobra no protege más, protege menos, porque hace que la persona que lee no sepa cuál de todas es la que de verdad le afecta.
- Tienes localizados los cuatro puntos donde tu web pide un dato: formulario, reserva, WhatsApp y pago.
- Cada uno tiene su línea escrita: qué dato, para qué, cuánto dura y quién más lo ve.
- No queda ninguna cláusula prestada de un generador para un dato que tu web no recoge.
- La próxima lección resuelve qué cookies avisas de verdad y cuáles no existen en tu web.