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Un molde para no empezar de cero en cada ficha
Sales sabiendo escribir cualquier ficha nueva en cuatro líneas fijas -qué es, para quién, qué incluye y qué la distingue- sin releer la anterior para copiar el tono.
Ya tienes la frase que nadie más puede firmar. Ya sabes qué compra en realidad cada cliente. Ya cortaste el relleno. Y aun así, al abrir la ficha del séptimo servicio del catálogo, la pantalla vuelve a estar en blanco.
La duda no es qué escribir. Es por dónde empezar cada vez, sin releer la ficha anterior para copiar el tono, y sin que las doce fichas del catálogo acaben sonando todas igual -o, al contrario, tan distintas entre sí que el catálogo parece de varios negocios a la vez.
Pasa en un estudio de pilates con seis clases en la web. Pasa en una carpintería con quince productos. Pasa en cualquier catálogo con más de tres fichas. La primera se escribe con calma, un domingo por la tarde. La quinta se escribe con prisa, cinco minutos antes de publicar. Y se nota: cambia el orden en que aparecen los datos, cambia cuánto se cuenta de cada cosa, y el cliente que mira dos fichas seguidas nota que no las escribió la misma cabeza tranquila.
Las cuatro líneas, siempre en el mismo orden
El molde tiene cuatro líneas y van siempre en el mismo orden: qué es, para quién, qué incluye, qué lo distingue. No hace falta que el cliente vea cuatro frases sueltas con sus etiquetas delante: el orden es para ti, cuando escribes, no para quien lee después.
Fijar el orden ahorra la parte que de verdad cuesta, que es decidir por dónde entrar. Con el orden puesto, escribir una ficha nueva se convierte en rellenar cuatro huecos concretos, uno detrás de otro, en vez de mirar la pantalla en blanco preguntándote si esta vez empiezas por el precio, por a quién le sirve o por lo que la hace especial.
De una ficha a otra no cambia el orden: cambia la palabra con la que abres cada línea. Eso es lo que evita que el catálogo entero suene a la misma frase repetida doce veces, y es también la parte que sí exige atención cada vez que te sientas a escribir una ficha nueva.
- 1Qué es
Una frase con el hecho, sin adjetivos: qué se hace, cuánto dura, con qué medios se hace. "Clase de pilates sobre máquina reformer, cuarenta y cinco minutos, grupos de cuatro" dice más que "la mejor clase de pilates de la ciudad", y no necesita que nadie te crea la palabra mejor. - 2Para quién
El caso concreto que compra esto y no otra cosa del catálogo. Si la respuesta que te sale es "para todos", falta decidir: significa que todavía no sabes por qué existe esta ficha en vez de la de al lado, y esa pregunta hay que resolverla antes de publicar, no después. - 3Qué incluye
Lo que se lleva el cliente, contado en piezas: número de sesiones, qué trae puesto o preparado, qué pasa si cambia de fecha. Cuanto más se pueda contar con los dedos, menos preguntas llegan después por WhatsApp preguntando lo que la ficha debería haber dicho. - 4Qué lo distingue
La frase de marca que ya tienes de una lección anterior, aplicada a este servicio en concreto. No la copies igual en la ficha siguiente: cada servicio del catálogo tiene su propio motivo para que alguien lo elija en vez del de al lado, y ese motivo casi nunca es el mismo de una ficha a otra.
Que no se note el molde
El riesgo del molde es que, aplicado siempre con la misma frase de apertura, el catálogo empiece a leerse como un formulario relleno doce veces. El orden puede -debe- repetirse en cada ficha. La frase con la que entras en cada línea, nunca dos veces seguidas.
Mira tres fichas seguidas del mismo estudio de pilates: las tres llevan dentro el mismo orden, pero ninguna empieza igual que la anterior.
Con esto ya no hace falta releer la ficha anterior para saber cómo seguir con la siguiente. El orden queda fijado: qué es, para quién, qué incluye, qué lo distingue. Lo único que se decide en cada ficha nueva es la palabra que abre la primera línea, y con eso basta para que ninguna suene calcada a la de al lado.
Queda un paso más antes de publicar cada ficha, y es el verbo con el que termina: el que decide si el cliente escribe o se va.
- El orden qué es, para quién, qué incluye, qué lo distingue queda fijado para toda ficha nueva.
- Las fichas que ya tienes en la web pueden revisarse contra este orden en un minuto cada una.
- La frase de apertura de cada ficha queda decidida para no repetirla en la siguiente.
- El catálogo puede escribirse entero sin releer la ficha anterior para copiar el tono.
Antes de seguir
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Un catálogo de ocho servicios y las ocho fichas empiezan por "Ideal para...".
Se cambia la apertura de al menos seis, manteniendo el mismo orden interno: lo que huele a plantilla no es el orden, es la frase repetida palabra por palabra.
2. La ficha de un bono de sesiones dice qué incluye y el precio, pero no dice para quién es.
Se añade la línea de para quién aunque parezca obvio, porque ese hueco es el que hace que el cliente pregunte por WhatsApp en vez de comprar directamente.
3. Toca escribir la ficha número doce de un catálogo de doce y no hay por dónde empezar.
Se sigue el mismo orden que las once anteriores, pero se elige una apertura distinta a la de las dos últimas fichas, para no repetir la misma estructura dos veces seguidas.
Cada ficha termina en un botón. Falta decidir qué verbo lleva escrito encima.