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No todas tus páginas merecen esa tarjeta
Sabrás distinguir qué páginas de tu web pueden llevar precio y estrellas junto al enlace, y cuáles no deben tocarlas nunca.
Ya sabes que esa tarjeta con precio y estrellas no sale de tu ficha de Google, sino de datos que pones tú en tu propia web. Ahora viene la pregunta que decide si te funciona o se te vuelve en contra: ¿en cuál de tus páginas los pones?
Tienes la portada, donde resumes todo el negocio en dos frases. Tienes el blog, si escribes. Y tienes las páginas donde describes una cosa concreta: un corte a 18 euros, una clase de yoga los martes a las 19h, una consulta de una hora. Si el mismo precio aparece en tres sitios distintos y no coincide, Google no sabe cuál creer. Y cuando no confía, deja de mostrar la tarjeta del todo, no solo en la página conflictiva.
El criterio: una cosa, no un catálogo
La regla es más fácil de aplicar de lo que suena al principio: una página lleva estos datos cuando describe una sola cosa que alguien puede reservar o comprar tal cual está escrita en esa página. Un precio, una duración, una fecha o un hueco. Si en cambio la página resume o enlaza a varias cosas —una portada, una categoría, un listado de servicios—, no los lleva, porque no hay un precio único que enseñar junto al enlace.
Piensa en cómo la lee una persona, no una máquina. Si entras en la página y tu primera pregunta es "esto en concreto, ¿cuánto cuesta?" y la respuesta está ahí mismo, es candidata. Si tu primera pregunta es "¿qué servicios tenéis?", es un índice, y un índice no tiene precio propio: tiene varios.
- Un precio, o un rango si varía por talla o duración
- Una unidad clara: una sesión, un corte, una plaza
- Respondes "¿cuánto cuesta esto?" señalando esa misma página, sin más clics
- Reúne varias cosas con precios distintos entre sí
- Cambia de contenido o de orden cada pocas semanas
- Su trabajo es llevarte a la página concreta, no vender por sí misma
Cual elijo: Activa los datos en la página de la cosa concreta, nunca en la portada ni en un listado. La portada no necesita precio propio: necesita el enlace a la página que sí lo tiene.
Dónde suele fallar esto
El fallo típico no es olvidarse de poner los datos: es ponerlos en el sitio que no toca por prisa o por ahorrarse páginas. Si solo tienes una página de "servicios" que menciona precios sueltos dentro del texto, la tentación es marcar esa página entera. No lo hagas: crea una página por servicio, aunque sea corta, y deja la de "servicios" como lo que es, un índice que enlaza a las demás.
Lo mismo pasa con el blog. Un artículo que menciona de pasada "la sesión cuesta 40 euros" no es una ficha de producto, es un texto que habla de otra cosa. Si lo marcas como si fuera la ficha, mezclas dos funciones que Google trata de forma distinta, y el resultado es que ninguna de las dos sale bien.
- Distingues qué páginas de tu web describen una cosa concreta con precio o cita, frente a las que solo resumen o enlazan.
- Tienes localizadas las páginas candidatas: una por servicio o producto, nunca la portada ni un listado.
- Sabes que mezclar precios de varias cosas en una sola página es lo que hace que Google deje de mostrar la tarjeta.
- Lo siguiente es decidir qué precio exacto enseñar en esa página, o si te conviene no enseñar ninguno.