Un precio sin rodeos y un pago en un solo paso
Al terminar tienes un precio calculado desde tu coste y tu hora, escrito sin ambigüedad en la web, y un cobro que pide un solo dato antes de la tarjeta.
Llevas media hora mirando el campo de precio en blanco. Si pones 20 euros parece que regalas el trabajo; si pones 45 temes que nadie escriba. Y aunque aciertes el número, viene la otra duda: ¿pides la tarjeta ya, o esperas a que el cliente aparezca y ya se verá?
Las dos dudas son la misma: cuánta confianza hace falta para que alguien saque la cartera delante de una pantalla. Se resuelve con un número y con un botón, no con más texto explicando por qué mereces la pena.
El precio no se copia de la competencia
Mirar lo que cobra el de al lado dice cuánto cobra el de al lado, no cuánto vale tu trabajo. Sirve para no quedarte fuera de rango, nada más.
El precio sale de sumar lo que cuesta hacerlo (material, tiempo, lo que pagas por local o herramientas) más el margen que quieres ganar. Si una sesión de fotos te lleva dos horas y quieres sacar 20 euros por hora limpios, el número ya está escrito antes de mirar a nadie más.
Este cálculo tiene una ventaja añadida: cuando alguien pregunta por qué cuesta eso, tienes una respuesta de una frase en vez de improvisar una excusa.
Precio cerrado o "desde": cuándo usar cada uno
- El cliente sabe exactamente cuánto paga antes de escribir
- Funciona cuando el servicio se repite igual cada vez: un corte, una revisión, una entrada
- Si el trabajo varía mucho de un cliente a otro, te obliga a cobrar de más a los fáciles o de menos a los difíciles
- Deja sitio para el presupuesto real cuando el trabajo cambia mucho: reformas, webs, encargos a medida
- Necesita un segundo paso: alguien que responda con el precio final rápido, no al día siguiente
- Si el rango es muy amplio, suena a que no sabes lo que cobras
Cual elijo: Precio cerrado siempre que el servicio se repita igual. "Desde" solo cuando el trabajo de verdad varía, y con un mínimo real, no una cifra puesta para atraer.
El precio se escribe sin rodeos
Ya se ha hablado aquí de dejar que el bot conteste el precio antes que tú. Lo que falta es cómo se escribe ese número en la propia página: sin "aproximado", sin "simbólico", sin letra pequeña debajo. Un precio con matices no genera confianza, genera preguntas que nadie te va a escribir, solo cierra la pestaña.
Si el precio depende de algo —tamaño, urgencia, cantidad— se dice cuál es esa variable, no se esconde detrás de un "consultar". Una línea que nombra la variable cierra la duda antes de que se convierta en un mensaje que tienes que contestar tú.
El pago: cuántos pasos hay hasta la tarjeta
- 1El precio, antes del botón
El número tiene que verse antes de pedir ningún dato. Nadie escribe su nombre para descubrir cuánto le va a costar. - 2Un solo dato de contacto
Nombre y teléfono, o correo, bastan para identificar la reserva. Pedir dirección, DNI o crear una cuenta con contraseña para pagar 20 euros es la razón más común por la que alguien cierra la pestaña. - 3El método que ya usa
Tarjeta y Bizum cubren casi todo. Añadir más opciones no suma clientes, solo más botones que decidir antes de pagar. - 4Confirmación inmediata
En cuanto paga, un mensaje —correo o WhatsApp— con la fecha, la hora y lo que ha pagado. Si tarda en llegar, escribe otra vez para preguntar si ha funcionado, y esa duda es justo el tiempo que el cobro automático tenía que ahorrarte.
- Un precio calculado desde tu coste y tu hora, no copiado de la competencia
- Precio cerrado si el servicio se repite igual; "desde" solo si de verdad varía, con un mínimo real
- El número escrito sin rodeos en la propia página, con la variable nombrada si el precio cambia
- Un pago con un solo dato de contacto y confirmación inmediata