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Quién la abrió, quién compró y quién no volvió a escribir
Al día siguiente de cada difusión miras solo tres números y cambias una sola cosa en la próxima, no todas a la vez.
Mandaste la difusión ayer por la tarde. Hoy hay algún pedido nuevo, pero no sabes si viene de ahí o hubiera llegado de todas formas. Y dentro de un mes, cuando toque la próxima, tampoco sabes si repetir el mismo texto o cambiarlo entero.
No hace falta abrir un panel de estadísticas para decidir esto. Hacen falta tres datos, y los tres los tienes delante sin buscar nada raro: quién abrió el mensaje, quién compró o preguntó después de abrirlo, y quién sigue sin escribirte pase lo que pase.
Mirar solo si «ha ido bien» no sirve de nada. Lo que decide la próxima difusión es en cuál de estos tres puntos se ha quedado atascada la gente.
Los tres números, no treinta
- 1Cuántos lo abrieron
WhatsApp marca el mensaje como leído si el cliente no ha quitado la doble marca azul. Cuenta cuántos de la lista lo abrieron en las primeras veinticuatro horas. Si abre menos de la mitad, el problema no está en lo que has escrito dentro: está en el momento en que lo mandaste o en las tres primeras palabras, que no engancharon. - 2Cuántos compraron o preguntaron
De los que lo abrieron, cuántos te escribieron, reservaron o compraron en las cuarenta y ocho horas siguientes. Este es el número que paga el sueldo, y el único que de verdad merece la pena comparar de una difusión a otra. - 3Quién sigue sin volver a escribir
De los que llevaban meses callados antes de la difusión, cuántos siguen callados después. Ese grupo no necesita otro mensaje igual: necesita salir de la lista general o pasar al grupo aparte de los que ya no compran, del que hablamos antes.
Puestos uno detrás de otro, estos tres números casi siempre bajan en forma de embudo: abre más gente de la que compra, y compra más gente de la que luego vuelve a escribirte sin que se lo pidas. La forma de ese embudo, más que cada número suelto, es lo que te dice dónde está el problema.
Un embudo normal en un negocio pequeño se parece a este: de cada diez que reciben el mensaje, seis lo abren, poco más de uno compra o pregunta, y dos siguen sin dar señales de vida aunque lo hayan leído.
Qué cambias según lo que veas
Con estos tres números ya sabes qué tocar la próxima vez, pero solo una cosa. Si cambias el texto, el precio y el grupo al mismo tiempo, y la siguiente difusión funciona mejor, no vas a saber cuál de los tres lo arregló, y seguirás adivinando en vez de decidiendo.
La pista está en cuál de los dos números falla: si la gente abre pero no compra, o si ni siquiera llega a abrir.
- El mensaje se leyó, así que el problema no es el horario de envío
- La oferta no convenció o no quedó clara en las primeras líneas
- Faltaba decir qué hacer a continuación: responder, reservar o pedir
- El problema no está en el texto, porque nadie llegó a leerlo
- El día o la hora no encajan con cuándo esa gente mira el móvil
- El remitente no se reconoce a primera vista entre sus chats
Cual elijo: Si abrieron y no compraron, cambia la oferta o la frase final que dice qué hacer, no el horario. Si no abrieron, cambia el día o la hora antes de tocar una sola palabra del texto.
Con esto se cierra lo que hacía falta para mandar una difusión sin miedo a que te bloqueen y sin mandarla a ciegas: a quién no escribirle, en cuántos grupos repartir la lista, cada cuánto mandarla, qué se lee en tres segundos y, ahora, qué mirar al día siguiente para no repetir el mismo error el mes que viene.
- Tienes claro qué mirar al día siguiente de cada difusión: quién la abrió, quién compró y quién sigue callado
- Sabes que esos tres números casi siempre bajan como un embudo, y que ahí está la pista de qué falla
- En la próxima difusión cambias una sola cosa, no el texto, el precio y el grupo a la vez
- Distingues si el problema está en el asunto y el momento del envío, o en la oferta y el cierre del mensaje