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Se pasó de la hora: qué le descuentas del saldo

Fija un bloque de tiempo y una regla de redondeo que no cambie según quién atienda la cita y que, con particulares, nunca suba el tiempo trabajado, para que lo que descuentas del bono se explique solo con mirar lo que apuntas.

Por Yodai · Publicado el 6 de septiembre de 2026 · Actualizado el 12 de octubre de 2026

7 min de lectura

Cuando vendes bonos de horas, tarde o temprano una cita se alarga más de lo previsto. El masaje estaba pensado para durar una hora. Se alargó dos minutos porque la clienta llegó con una contractura que no cedía. Cuando terminas y vas a apuntar el descuento en tu hoja de control del bono, tienes que decidir: ¿se llevan sesenta y dos minutos del saldo, setenta y cinco, o los sesenta que compró?

Si improvisas la respuesta cada vez, el saldo de cada cliente termina calculado con un criterio distinto según el día y quién atendió la cita. Y el día que alguien compare dos citas parecidas con descuentos distintos, va a preguntar por qué.

La unidad la fija una regla escrita, no el criterio del día

Cuando el trabajo dura menos de lo previsto, la tentación es cobrar un mínimo. Con un particular, la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios considera abusivas las condiciones que prevén cobrar servicios que no se han consumido de manera efectiva, y la excepción es facturar aparte el coste que va unido sin remedio al inicio del servicio, cuando no está ya en el precio y se ajusta al servicio prestado. Algunos oficios tienen norma propia: los servicios técnicos que reparan electrodomésticos a domicilio pueden facturar un mínimo de quince, treinta o sesenta minutos, según el aparato, cuando la avería es sencilla y les lleva menos. Esta es la otra punta del mismo problema: qué pasa cuando el trabajo se pasa del tiempo contratado. Y aquí hace falta una regla fija, escrita antes de vender el bono: descontar el minuto exacto o fijar una unidad de descuento, el bloque.

El bloque es la pieza mínima en la que se mueve el saldo: quince minutos, media hora, una hora entera. No es lo que dura el servicio, es la regla que convierte los minutos reales en algo que se resta de un número. Sin esa regla escrita en algún sitio, cada profesional redondea a su criterio: uno sube quince minutos, otro sube media hora por la misma diferencia, y el cliente que compara dos citas parecidas termina viendo dos descuentos distintos sin explicación. Con un particular, además, unas condiciones del bono que dejen el descuento al criterio de quien atiende chocan con esa misma ley, que en su artículo 85 considera abusivas «las cláusulas que vinculen cualquier aspecto del contrato a la voluntad del empresario». La regla hay que explicársela antes de que compre el bono: el artículo 60 de esa ley obliga a darle de forma clara y comprensible la información sobre las condiciones económicas del contrato. Y si alguna vez alguien reclama el saldo, no hay forma de defender un número que se decidió al vuelo.

Redondear siempre hacia arriba, o al más cercano

Decidido el bloque, queda la segunda decisión: cuando el trabajo no encaja justo en un múltiplo del bloque, ¿redondeas siempre hacia arriba, o redondeas al más cercano, subiendo unas veces y bajando otras? No es una pregunta técnica: es la que determina cuánto le cuesta al cliente cada minuto de más y cuánto tarda su bono en agotarse.

Con un cliente particular, la ley ya ha contestado: su artículo 87 considera abusivas «las estipulaciones que prevean el redondeo al alza en el tiempo consumido», y una cláusula abusiva es nula y se tiene por no puesta. Con él, las reglas que no chocan con esa norma son dos: descontar el tiempo real, minuto a minuto, o redondear hacia abajo, descontando solo los bloques completos y sin cobrar los minutos que no llegan a otro. Esa ley protege a quien compra para sí: si tu cliente es una empresa o un profesional que te contrata para su negocio, no es consumidor a efectos de esa ley, y el redondeo es algo que pactáis entre los dos, mejor por escrito.

Dos formas de cerrar el minuto que sobra
Redondear siempre hacia arriba
  • El descuento nunca queda por debajo del tiempo real trabajado
  • La regla se explica en una frase y no cambia según el caso
  • Quien se queda un minuto corto de bloque paga el bloque completo igual
Redondear al más cercano
  • Unas veces el cliente sale ganando algún minuto, otras perdiéndolo
  • Cuesta más explicar por qué esta vez sube y la próxima baja

Cuál elijo: Con un cliente particular, ninguna de las dos: las dos suben el tiempo en algún caso, y la ley de consumidores considera abusivo el redondeo al alza del tiempo consumido. Con él, descuenta el tiempo real o redondea hacia abajo. Con clientes que son empresas o profesionales, elige redondear siempre hacia arriba y déjalo pactado por escrito: es una regla que se explica en una frase.

Redondeando hacia arriba, solo con empresas: el bloque de treinta minutos cobra la mitad de más en un trabajo de cuarenta
Bloque 10 min0%
Bloque 15 min13%
Bloque 30 min50%
Bloque 60 min50%

El margen de cortesía: los minutos que no disparan el bloque siguiente

Si trabajas para empresas y habéis pactado redondear siempre hacia arriba, hay un caso que esa regla trata mal si se aplica a rajatabla: el trabajo que se pasa por un minuto, uno solo, y salta al bloque completo siguiente. Con bloques de media hora, pasarte de la hora por sesenta segundos descuenta noventa minutos enteros. Eso no es una regla, es un castigo por un segundero. Con un particular este problema no existe, porque con él no se redondea hacia arriba.

La solución no es abandonar el redondeo hacia arriba, es darle un margen antes de que se dispare. Un margen de cortesía de dos o tres minutos, contados desde el final del bloque, que no cuentan como exceso. Si el bloque es de treinta minutos y el trabajo dura treinta y dos, no salta al siguiente bloque; si dura treinta y cinco, sí. El número exacto del margen lo fijas tú, pero conviene que sea pequeño: lo justo para que unos minutos de más por un retraso o por rematar bien el trabajo no disparen el bloque siguiente. Ese margen, además, es el que le vas a explicar al cliente si alguna vez pregunta por qué una cita de treinta y dos minutos no le costó el bloque siguiente: porque el margen ya estaba puesto antes de que llegara el minuto treinta y dos.

El bloque pequeño para el trabajo corto, el grande solo si el trabajo también lo es

El gráfico anterior es la razón por la que el tamaño del bloque no se elige al azar: tiene que ser pequeño en relación con lo que dura el trabajo habitual. Si redondeas hacia arriba, con un cliente empresa, un bloque grande hace que el redondeo deje de ser un ajuste y pase a ser un recargo que el cliente nota: un bloque de una hora sobre un trabajo de cuarenta minutos no es una unidad de medida, es medio servicio regalado al negocio en cada cita. Si redondeas hacia abajo, con un particular, el bloque grande juega en tu contra: ese mismo trabajo de cuarenta minutos no completa ningún bloque y no descuenta nada.

La regla práctica: si los trabajos duran entre treinta y noventa minutos, el bloque de quince minutos es el que menos se nota. Si duran entre dos y cuatro horas, la media hora funciona igual de bien y además se lee más fácil en tu hoja de control del bono. Sube a bloques de una hora completa solo cuando el trabajo típico ya dura varias horas, como una reforma o una mudanza: ahí quince minutos de diferencia no cambian nada y complican el cálculo sin necesidad. Piensa en los oficios que ya conoces: una manicura de cuarenta minutos, una clase de refuerzo de una hora, una revisión de mantenimiento de dos horas. En cada uno el bloque correcto es distinto porque el trabajo típico también lo es.

Lo que apuntas de la cita en tu hoja de control del bono
Servicio: masaje descontracturante. Cliente: particular. Duración real: 52 minutos. Bloque de la tarifa: 15 minutos. Redondeo: hacia abajo. Se descuentan 45 minutos del bono. Saldo restante: 4h 15min de las 5h contratadas.
El error que sale caro: bloque grande para trabajos cortos
Poner un bloque de una hora en un oficio donde el trabajo normal dura treinta o cuarenta minutos no simplifica nada. Si redondeas hacia arriba, con un cliente empresa, cada trabajo de treinta minutos se descuenta como una hora, el doble del tiempo real, y el cliente acaba notándolo aunque no diga nada y empieza a mirar el saldo con desconfianza. Si redondeas hacia abajo, con un particular, ese trabajo no completa ningún bloque y no descuenta nada. Y el efecto contrario, un bloque demasiado pequeño para un trabajo largo, tampoco ayuda: multiplica las líneas del descuento sin aportar nada, y tu hoja de control del bono se llena de movimientos que nadie necesita leer. Ajusta el bloque al tamaño del trabajo, no a la comodidad de contar redondo.
Lo que te llevas
  • Elegido un bloque fijo de 15, 30 o 60 minutos según lo que dura el trabajo habitual
  • Si redondeas hacia arriba con clientes empresa, fijado un margen de cortesía de un par de minutos antes de que salte el bloque siguiente
  • Decidido el redondeo sin excepciones caso por caso: con particulares, tiempo real o hacia abajo, explicado antes de vender el bono; hacia arriba, solo con empresas o profesionales y por escrito
  • Tu hoja de control del bono deja escrito, cita a cita, cuánto duró el trabajo y cuánto se descontó, para revisar el saldo sin preguntar a nadie

Tres saldos que hay que cerrar

Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.

1. Una peluquería vende bonos de horas para color y peinado, con bloque de 30 minutos. Un servicio dura 34 minutos.

Se descuentan 30 minutos. Quien compra color y peinado para sí es un particular, y con él no se redondea al alza el tiempo consumido: el bloque redondea hacia abajo y los 4 minutos que no completan otro bloque no se descuentan. Si prefieres no regalarlos, descuenta los 34 minutos reales. Se aplica igual sin importar qué profesional atendiera la cita.

2. Un electricista autónomo factura con bono de horas y bloque de 60 minutos, pero la mitad de sus avisos duran entre 20 y 40 minutos.

El bloque está mal elegido: hay que bajarlo a 15 o 30 minutos. Si sus clientes son empresas y ha pactado redondear hacia arriba, con bloque de 60 minutos cada aviso corto se cobra como una hora entera y el cliente termina notando que paga por tiempo que nadie trabajó. Si son particulares, no puede redondear hacia arriba, y redondeando hacia abajo un aviso de 40 minutos no completa ningún bloque de 60 y no descuenta nada.

3. Una profesora particular quiere que las clases que se alargan un poco no penalicen al alumno, y las que terminan antes tampoco beneficien al negocio.

Lo que busca es redondear hacia abajo: los minutos que una clase se alarga sin completar otro bloque no se descuentan, y una clase que termina antes descuenta solo los bloques completos que ha durado, nunca uno que no ha dado. El redondeo al más cercano no le sirve con sus alumnos, que son particulares: en algunas clases sube el tiempo, y la ley de consumidores considera abusivo el redondeo al alza del tiempo consumido.

El bloque y el redondeo ya están fijados; lo que todavía puede vaciarte el saldo sin que sea tu tiempo es el material y el trayecto.

Fuentes

  1. Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias, artículos 2, 3, 60, 83, 85 y 87. Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado, texto consolidado, última actualización publicada el 28 de febrero de 2026.
  2. Real Decreto 58/1988, de 29 de enero, sobre protección de los derechos del consumidor en el servicio de reparación de aparatos de uso doméstico, artículo 5. Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado, texto consolidado, última actualización publicada el 31 de diciembre de 2009.
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