Si el vale no se gasta entero, decide quién se queda con lo que sobra
Al terminar tienes escrita la regla de qué pasa con el resto de un vale, el código nuevo con la misma caducidad si aplica, y el texto exacto que se manda al canjear.
El código ya solo se canjea una vez; falta decidir qué haces con lo que sobra cuando ese canje no agota el vale entero. Vendiste un vale de 50 euros para una sesión de manicura y pedicura. La clienta viene, pide solo la manicura, y se gasta 28. Quedan 22 euros del vale sin tocar. ¿Son suyos para otro día, o se acaban ahí, en el mostrador?
Esto no lo decides con la clienta delante. Si lo decides en ese momento, la respuesta depende de si tienes prisa, de si te cae bien esa clienta o de si es la tercera vez que te hacen la misma pregunta esa semana. Y una regla que cambia según el día no es una regla, es una improvisación con suerte.
El importe del vale, fijo o a elegir, ya apunta hacia esta pregunta. Si pusiste un importe por encima de lo que cuesta tu servicio más pedido, vas a tener que responder esto casi cada semana, y no una vez cada mil ventas. Y en un vale a elegir, donde el comprador pone la cifra y suele redondear, el sobrante aparece todavía más seguido.
Dos reglas, y solo una la aplicas siempre
Cada regla tiene un coste distinto. Perder el resto es simple, pero deja a alguien con la sensación de haber tirado dinero. Guardarlo como saldo es más generoso, pero te obliga a llevar cuentas que antes no llevabas. Ninguna es la buena por sí sola; depende de cuánto suele sobrar en tu negocio.
- El vale se canjea una vez y se acaba ahí, sin importar cuánto quedara sin gastar
- No necesitas guardar ningún saldo entre visitas
- Es la regla habitual en restaurantes y en servicios de un solo tipo, como un masaje o un corte
- El cliente que se queda corto puede sentir que ha perdido dinero
- Lo que no se gasta se convierte en un vale nuevo por la diferencia
- El cliente vuelve otra vez, y eso es una segunda visita que no tenías
- Tienes que anotar el saldo en algún sitio y no perder el rastro
- Funciona mejor cuando el vale vale bastante más que un servicio suelto
Cual elijo: Si tu servicio medio cuesta parecido al importe del vale, elige que se pierda el resto: va a sobrar poco y no compensa montar un sistema de saldos por 4 o 5 euros. Si vendes vales de importe alto para servicios de precio variado, como una sesión de fotos o un tratamiento por fases, elige que quede a favor: ahí va a sobrar con frecuencia, y perder ese dinero delante del cliente cuesta más en reputación que lo que ahorras en administración. Una peluquería o un salón de manicura suelen caer en el primer grupo. Un estudio de fotografía, un spa con tratamientos por fases o un catering para eventos suelen caer en el segundo, porque ahí el precio final varía mucho de un cliente a otro.
Hay un caso que no es una tercera regla, aunque lo parezca. El vale que sobra por un euro o dos, por el redondeo del ticket, no necesita ni perderse ni convertirse en un código nuevo. Se anota como descuadre y se olvida. La regla que elijas es para sobrantes que de verdad importan, no para las monedas sueltas de un cobro.
El saldo que no anotas, no existe
El código que se canjea una vez, del que hablamos en la lección anterior, sigue canjeándose una sola vez. Lo que cambia si tu regla es que el resto queda a favor es que, en el mismo momento del canje, generas un código nuevo por la diferencia. No al cierre del día, ni de memoria una semana después.
Ese código nuevo hereda la fecha de caducidad del vale original. No le regalas tres meses más solo porque la clienta gastó poco la primera vez: si el vale original valía hasta el 15 de diciembre, el saldo también vale hasta el 15 de diciembre. Si alargas la fecha cada vez que sobra dinero, terminas con vales que no caducan nunca, y eso es una deuda abierta con cada cliente que ha comprado uno. Si ese código nuevo también se usa a medias, repites el mismo paso: un tercer código, mismo vencimiento. No hay límite de veces, solo límite de fecha.
Anotar el saldo no exige llevar una hoja aparte. Basta con que, en la misma ficha donde marcaste el código como canjeado, quede el importe usado, el importe pendiente y, si generas un código nuevo, cuál es. Todo en el mismo sitio, para que dentro de tres meses no tengas que reconstruir la historia preguntando a quien atendió esa visita.
Sin una nota en el momento del canje, cada uno se queda con la cifra que mejor le encaja
La regla no vive solo en tu cabeza para el momento del canje: vive también en la página donde se compra el vale. Una línea corta basta: "el importe no usado en una sola visita queda disponible para otra, con la misma fecha de caducidad", o, si eliges la otra regla, "el vale cubre hasta su importe; lo que no se use en la visita no se acumula". Quien compra un regalo para otra persona quiere saber esto antes de pagar, no después de que se lo digan en el mostrador.
Con la regla puesta y el mensaje de canje ya escrito, el vale deja de depender de la memoria de quien atiende ese día. Falta la última pieza: qué pasa con el dinero de un vale que nadie llega a canjear.
- Elegiste si el resto de un vale se pierde o queda a favor del cliente
- Si queda a favor, decidiste que el código nuevo hereda la caducidad del original
- Tienes el texto exacto que se manda al canjear con saldo restante, y la línea que lo anuncia en la página de venta
- La regla está escrita en la página del vale, no en la cabeza de quien atiende ese día
Tres casos
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Un vale de 40 euros se canjea por un servicio de 40 exactos. ¿Hace falta decidir la regla de sobra o no sobra en este caso?
No en este canje concreto, pero la regla tiene que estar decidida igual, porque el siguiente vale sí puede sobrar. La regla se fija una vez para todos los vales, no vale a vale.
2. Vendes vales de 30 euros y tu servicio más barato cuesta 25. ¿Qué regla eliges?
Se pierde el resto. La diferencia media va a ser de 5 euros o menos, y montar un sistema de saldos por esa cifra cuesta más tiempo del que ahorra.
3. Un cliente insiste en que le devuelvas en efectivo los 15 euros que le sobran de un vale, en vez de dejarlos como saldo o perderlos.
No se hace. El vale no es dinero en caja, es un servicio con tope, y convertirlo en efectivo abre la puerta a que cualquiera lo pida y rompe la regla que ya escribiste en la página.
Ya sabes qué hacer con el sobrante de un vale que sí se usa. Falta el caso contrario: el vale que nadie usa y que termina caducando sin que se cobre un euro.