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Tu primera página de servicio, terminada
Al terminar tienes una página de servicio lista para publicar, escrita en el orden que decide un cliente, y el criterio para escribir igual todas las demás.
Ya sabes qué páginas te hacen falta, qué nombre poner en el título y cuál usas de verdad cuando hablas con el cliente, cuándo juntas dos servicios en una sola página y cuándo los separas, y qué prueba enseñar a quien busca justo lo tuyo. Pero delante de la pantalla en blanco vuelve la duda de siempre: ¿por dónde empiezo a escribir, y cuánto tengo que poner para que esta página sirva de algo?
No es cuestión de longitud. Una página de servicio funciona cuando cuenta, en el orden en que el cliente la necesita para decidir, las cosas que solo tú sabes de ese trabajo. Y deja de escribir en cuanto esa decisión ya está tomada: lo que sigue después no suma, resta.
Esta lección junta las piezas de las anteriores en una sola página, de principio a fin, para que te sirva de molde con el que escribas el resto sin volver a dudar por dónde empezar.
El orden que sigue quien decide
Quien llega a esta página viene de buscar algo muy concreto, no de pasear por tu web. Lo primero que necesita leer es qué es esto y para quién es. Si es lo que busca, sigue leyendo; si no lo es, se va, y está bien que se vaya rápido, porque una visita que no encaja no te compra ni te llama.
Después necesita saber qué incluye exactamente el servicio. El nombre del título ya está decidido; aquí toca desarrollarlo con lo que entra y lo que no. Luego viene la prueba concreta de que tú sabes hacer justo esto, no un «llevamos años en el sector» que serviría para cualquier negocio del gremio. Y al final, lo que hace falta para dar el paso: qué cuesta o cómo se presupuesta, y un único sitio claro para contactar.
Ese orden no es capricho, es el mismo que sigue la cabeza del cliente. Poner el precio antes de decir qué incluye, o la prueba antes de confirmar que está en el sitio correcto, le obliga a volver atrás para entender algo que ya debería saber a esas alturas.
- 1Título y encabezado
El título, lo que lee Google, lleva el servicio y la zona. El encabezado que ve el cliente puede ser el nombre con el que hablas en el mostrador: no hace falta que coincidan palabra por palabra. - 2Una frase que diga qué es y para quién
La primera línea del texto, sin rodeos: el servicio, para quién es y en qué zona lo prestas. Si el que busca no confirma ahí que ha llegado al sitio correcto, no sigue leyendo. - 3Qué incluye, con nombres reales
Lo que entra en el servicio y lo que no, con los nombres que usa un cliente, no los que usarías para explicárselo a otro del oficio. - 4La prueba de este servicio en concreto
No años de experiencia en general: la marca con la que trabajas, la avería que resuelves sin desmontar nada, el material que usas. Algo que solo sepa quien lo hace de verdad. - 5Precio o cómo se presupuesta
Si el precio es estable, ponlo. Si depende del caso, di de qué depende y cómo se pide presupuesto: no dejes la pregunta en el aire. - 6El paso siguiente
Un único sitio claro para dar el paso: llamar, escribir o reservar. No tres formas distintas compitiendo por la misma decisión.
Un ejemplo completo, servicio y zona
Aquí tienes las seis piezas ya montadas, con nombres y cifras del oficio, no genéricas. Fíjate en que cada frase hace un solo trabajo: la primera confirma la zona, la segunda dice qué entra, la tercera es la prueba de que esto no lo escribe cualquiera, y la última no deja al lector eligiendo entre tres formas de contactar.
El error que sale caro: clonar la página por barrio
Cuánto hace falta escribir
No todo servicio necesita las seis piezas desarrolladas. Algunos se deciden en dos líneas, y meterles cuatro párrafos de más no los hace más de fiar, solo más lentos de leer en el móvil, que es donde te va a encontrar casi todo el mundo.
- Título con el servicio y la zona
- Una frase de qué es, y precio o contacto directo
- Qué incluye, con nombres reales
- La prueba concreta de este servicio
- Precio o cómo se presupuesta
- Un único paso siguiente
Cual elijo: Escribe la completa siempre que el servicio tenga algo que explicar: qué entra, qué no, y qué lo distingue de que lo haga cualquiera. La mínima solo vale cuando el servicio es tan simple y tan urgente que la única pregunta del cliente es si lo haces y a cuánto, como abrir una puerta a las tres de la madrugada. Ahí la frase y el contacto pesan más que el párrafo.
- Una página de servicio escrita entera, en el orden que decide un cliente y no el que te resulta cómodo a ti contar
- El criterio para escribir las demás páginas de servicio sin volver a dudar por dónde empezar
- Revisado que ninguna zona repite el texto de otra cambiando solo el nombre del barrio
- Comprobado que se lee entera desde el móvil, antes de publicarla
Antes de publicar
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Tienes un fontanero con la página «reparación de fugas en Vallecas» ya publicada, y quieres abrir la misma página para Usera cambiando solo el nombre del barrio.
No la publiques igual. Añádele algo propio de Usera, el tipo de edificio, el tiempo real de llegada desde donde trabajas, o no la publiques: dos páginas casi iguales compiten entre sí y Google puede acabar no mostrando ninguna de las dos.
2. Un cliente entra en la página «clases de conducir en tu zona» y lo primero que lee es un párrafo largo sobre los quince años que lleva abierta la autoescuela.
Está mal ordenado. Antes de la trayectoria general necesita confirmar en la primera línea que es la clase que buscaba y en su zona; la trayectoria, si acaso, va después de eso, nunca delante.
3. Vas a publicar la página de un servicio de apertura de puertas de urgencia, muy simple y muy rápido, y dudas si necesita el desarrollo completo con prueba y explicación de qué incluye.
Puedes quedarte con la mínima: título con servicio y zona, una frase de qué es, y precio o contacto. Es de los pocos casos donde la urgencia pesa más que el detalle, porque la única decisión del cliente es si lo haces y a cuánto.