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Un correo con el puesto, no con el nombre
Al terminar, las direcciones de tu negocio llevan el puesto que hace cada una, no el nombre de quien contesta hoy, y eso se puede repartir y recolocar sin depender de una sola persona.
Ya tienes la cuenta madre a nombre del negocio; ahora toca que cada buzón que cuelga de ella lleve el mismo apellido: el puesto, no la persona. Maria contesta el correo de dudas de tu negocio. Lo hace bien: rápido, con buen tono, sin dejar a nadie esperando. Un día te avisa que se va. Le preguntas qué hacer con el correo y ahí caes: ese correo es [email protected]. Es su cuenta, con su contraseña, y dentro hay dos años de conversaciones con clientes que todavía te compran.
No puedes quitarle el acceso sin perder el historial. No puedes dejárselo porque ya no trabaja contigo. Mientras lo decides, esta semana no contesta nadie. El problema no es que Maria se fuera. Es que el correo llevaba su nombre en vez de su trabajo.
El nombre ata la cuenta a la persona
Ya sabes que la cuenta con la que entras en el panel de tu web no es la tuya de siempre: es una cuenta del negocio. Con el correo desde el que hablas con tus clientes pasa igual, y toca aplicarlo también a las direcciones que reparte tu equipo.
Cuando la dirección lleva el nombre de quien la usa —maria@, javier@, tunombre@— solo sirve mientras esa persona está. El día que se va, se va también la dirección: hay que avisar de una nueva, cambiarla en la web, en las tarjetas, en el último presupuesto que mandaste. Si no llegas a tiempo, un cliente escribe a una cuenta que ya no lee nadie.
Cuando la dirección lleva la función —ventas@, soporte@, dirección@— la persona cambia sin que cambie la dirección. Se entra y se sale del buzón, no del negocio.
Qué buzones hacen falta, y no uno más
No hace falta un correo por cada tarea. En un negocio pequeño suelen bastar tres: uno para quien pregunta antes de comprar, que puede ser ventas@ o info@; uno para quien ya compró y necesita ayuda, soporte@ o pedidos@; y uno para lo que solo debe leer quien manda, dirección@ o administracion@.
Si el negocio crece y una tarea concreta —reservas, facturación— empieza a recibir mucho volumen dentro de uno de esos tres, gana su propia dirección cuando el volumen lo pida, no antes. Los tres buzones pueden además reenviarse a la bandeja de quien contesta hoy: lo que importa no es dónde se lee el correo, sino a nombre de quién está la cuenta.
Correo por persona o por función
- Se monta en un minuto, sin pensarlo
- El cliente asocia una cara a la marca
- Se pierde el día que esa persona se va
- Cuesta un momento decidir qué funciones hacen falta
- Cualquiera que ocupe el puesto puede contestar
- El historial y la confianza del cliente quedan en el negocio, no en la persona
Cual elijo: Elige por función en cuanto seáis más de uno contestando, o en cuanto exista la posibilidad de que alguien se vaya. Elige por persona solo si vas a estar tú solo para siempre y el negocio no va a crecer, y aun así deja montado un dudas@ de repuesto.
La firma cambia de dueño, no el remitente
Un correo de función también tiene cara. Quien contesta firma con su nombre dentro del cuerpo del mensaje; lo que no cambia es la dirección desde la que sale, ni lo que el cliente ve como remitente en su bandeja de entrada.
Cómo se monta, en el orden que toca
- 1Decide las funciones, no las personas
Lista qué necesita contestar tu negocio: preguntas antes de comprar, ayuda después de comprar, temas que solo lees tú. Tres funciones suelen bastar al empezar. - 2Crea la dirección con ese nombre
ventas@, soporte@, dirección@ de tu dominio. Si tu proveedor de correo lo permite, un alias —una segunda dirección que llega al mismo buzón— se monta más rápido que una cuenta nueva. - 3Reparte el acceso, no la contraseña de siempre
Da a quien conteste hoy su propio usuario si el correo lo permite, o una contraseña que puedas cambiar tú sin depender de nadie. - 4Retira las direcciones con nombre de la web y de las firmas
Cambia maria@ por soporte@ en la web, en las plantillas de correo y en el pie de los presupuestos. La cuenta antigua se queda solo para reenviar, no para escribir.
Lo que hoy has repartido por función es lo que mañana, si alguien se va, solo tendrás que recolocar: cambia quién tiene la llave, no la dirección entera.
- Las direcciones de tu negocio llevan el puesto —ventas@, soporte@, dirección@— y no el nombre de quien contesta hoy
- Con tres buzones suele bastar para empezar; uno más solo cuando el volumen de esa tarea lo pida
- El nombre firma dentro del correo; la dirección y el remitente que ve el cliente no lo llevan
- Las direcciones con nombre de persona quedan retiradas de la web, las firmas y los presupuestos
Tres casos para decidir
Responde antes de abrir cada una. Si alguna se te resiste, vuelve al apartado que la explica.
1. Llevas el negocio tú solo y no tienes previsto contratar a nadie. ¿Vale con [email protected] para todo?
Puede valer mientras esa previsión se cumpla, pero conviene montar además un dudas@ o info@ que reenvíe a tu bandeja. El día que cambie el plan —entra alguien a ayudarte, delegas la atención al cliente— la dirección neutra ya existe y no hay que reeducar a nadie sobre a quién escribir.
2. Las reservas por correo han crecido tanto que soporte@ se satura de mensajes solo sobre disponibilidad de mesa. ¿Creas reservas@?
Sí: en cuanto una tarea concreta genera volumen propio dentro de un buzón general, se le da su propia dirección. Antes de ese punto, meterla dentro de soporte@ era lo correcto porque no justificaba una cuenta aparte.
3. Has creado soporte@ y reenviado ahí los mensajes, pero la firma automática sigue mostrando el nombre de la persona como remitente en la bandeja del cliente. ¿Está resuelto el problema?
No del todo: falta cambiar el nombre para mostrar del buzón para que el cliente vea 'Soporte' o el nombre del negocio como remitente. Si no, el cliente sigue escribiendo de memoria a la persona y no al puesto.
Ese cambio de nombre para mostrar es el que te va a ahorrar un disgusto el día que Maria, o quien sea, te diga que se va.